Dublinsses. John Huston








Ficha técnica:

Título original: The Dead (Los muertos dublineses)
País: Gran Bretaña/Irlanda/USA.
Año: 1987.
Dutración: 81 minutos.
Dirección: John Huston.
Guión: Tony Huston. Basado en un relato de James Joyce, titulado 'Los muertos'.
Dirección de Fotografía: Fred Murphy.
Música: Alex North.
Edición: Roberto Silvi.
Productores: Wieland Schulz-Keil y Chris Sievernich.
Productor ejecutivo: William J. Quigley.
Productor Manager: Tom Shaw.
Diseño de producción: Stephen Grimes en colaboración de Dennis Washuington.
Compañías: Vestron Pictures, Zenith,  Wieland Schulz-Keil, Chris  Sievernich Production.

Intérpretes:

Helena Carroll: Tía Kate,
Cathleel Delany: Tía Julia,
Rachel Dowling: Lily,
Katherine O'Toole: Miss Furlong,
Baibre Dowling: Miss Higgins,
Cormac O'Herlihy: Mr. Kerrigan
Colm Meaney: Mr. Berlin,
Dan O'Herlihy: Mr. Brown,
Anjelica Huston: Gretta,
Donald McCann: Gabriel.
Frank Patterson: Bartell Darcy,
Marie Kean: Mrs. Malins,
Donald Donnelly: Fraddy Malins.
Sean Mc Clory: Mr. Grace.

Sinopsis:

Es el día de la Epifanía de 1904 y  las señoritas Morkan están a punto de recibir a los invitados habituales en  su tradicional cena de  las fiestas navideñas, celebrada en  su residencia de Dublin. Entre los invitados se encuentra, como es habitual,  Gabriel Conroy, sobrino de las anfitrionas y marido de Gretta, dispuestos a pasar  una  magnífica velada, disfrutando de los manjares de la mesa y las habilidades en el canto, la música o el recitado de sus ilustres comensales. Terminada la fiesta el lugar de la alegría lo ocupa la nostalgia y  de vuelta a casa, Gretta le  hace una tristísima confesión a su marido, evocada por  una  canción  tradicional irlandesa, 'La doncella de Auclin', que ha despertado en ella el recuerdo de un amor de juventud, que se vio truncado por la muerte del amado. La sombra de la muerte invade los pensamientos del esposo que hace un inventario del papel que ha desempeñado en el corazón de su esposa, en su paso por la vida.

Comentario:

En esta época del año en la que todo el mundo siente la obligación de ser feliz, en la que se destierran de la mesa los temas conflictivos que pueden enfrentar a los comensales y arruinar el esfuerza de las anfitrionas para satisfacer a todos, aunque las contradicciones pujan por emerger a través de unas costuras tan debilmente hiladas, no falta quien sienta la sombra de los ausentes, especialmente en esa edad en la que ya  se ha visto morir  a  tantos seres próximos, familiares, amigos o antiguos amantes. A pesar de los esfuerzos de todos, temas muy presentes en la sociedad irlandesa, emergen tímidamente: el enfrentamiento entre gente de la resistencia, activa o pasiva,  y los anglófilos, o de los católicos y protestantes.

El film de Huston y su monólogo final, que suena a recapitulación vital, se entiende mejor si se conocen determinadas circunstancias extradiegéticas que estaban influyendo en la construcción de esta sencilla historia: el realizador  estaba muriendo de un enfisema pulmonar, rodó la película en silla de ruedas y con mascarilla, y estaba dirigiendo a su propia hija como protagonista, de la que se estaba despidiendo, con la ilusión de dejar la huella que había hollado  su corazón, la muerte del  ficticio joven Michael Fiuri. Cobra un significado profundo el que un norteamericano, nacido en Nevada, pero naturalizado irlandés, dedicara  un último homenaje a la patria de sus padres, que sintió como la suya propia hasta tal punto de naturalizarse como hijo de Irlanda; en el balance de sus logros como ser humano y del peso que había tenido en la vida de los seres más cercanos, como su propia mujer, le dedica uno de los mayores homenajes que un hombre  puede hacer a la tierra de sus antepasados, al espíritu de hospitalidad de sus gentes, a la nostalgia de los seres queridos, a sus cuentos y a sus reyes, y anuncia esa nieve que caerá cubriendo los campos y protegiendo  en la misma  densa capa a los vivos y a los muertos.

 Cierra con un triste monólogo, muy celebrado,  que comienza con una frase estremecedora: "¡Qué pequeño papel he representado en tu vida!..Mientras el personaje recita  sus gélidas estrofas, inspirado por un estúpido discurso, el vino o la música, imágenes de un intenso y gótico romanticismo, ruinas de antiguas grandezas, cruces que emergen de la tierra y que recuerdan que en otro tiempo vivieron aquellos cuyos nombres aparecen inscritos, nos recuerdan  que tempus fugit y que al final del trayecto, más o menos largo, nos espera la muerte. Nada mejor que yacer en la tierra que te vio nacer y cuidar de los que aún están vivos.

John Huston optó por despedirse con un modo de representación  institucional, convencional, un cine de encuadre, tranquilo, lento, sin sobresaltos, confiando a la palabra  parte de la construcción de la diégesis de un mundo ya desaparecido en 1987 para el común de los mortales, pero de gran significado para el autor. La fotografía recuerda esas imágenes sepia que penden en los salones de personas mayores, o ilustran las cruces de los cementerios, confluyendo con el resto de los elementos cinematográficos a trasladar al espectador esa idea de la presencia de la muerte en las celebraciones en las que se reunen familiares y amigos, y que se extiende de manera general en casi todo el orbe, cuando se celebra el fin de un año, que clausura una etapa y comienza otra, marcada, de acuerdo con la convención,  por las cifras de un calendario. Así quiso Huston que fuera su despedida, y quizás por ello conectó con tantos miles de espectadores a los que les embargan los mismos sentimientos en determinadas celebraciones.

El monólogo final sólo se entiende después de ver  la película, y estremece las palabras con las que lo cierra, si se conoce las cirunstancias en las que Huston hizo esta película. Pero lo importante no es cómo la hizo, sino que la hizo, que acabó su vida como él deseaba hacerlo, y nos dejó un magnífico testimonio: " Unos tras otros todos seremos sombras. Mejor pasar atrevidamente hacia el otro mundo  en la gloria total de alguna pasión, que desvanecerse y marchitarse deprimentemente con la edad..."

Su pasión era el cine. La nuestra también.

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