Henry. retrato de un asesino.John McNaughton






Ficha técnica:

Título original: Portrait of a Serial Killer.
Paìs: Estados Unidos.
Año: 1986.
Duración: 90 minutos.
Dirección: John McNaughton.
Guión: Richard Fire y John MNaughton.
Dirección de Fotografía: Charlie Lieberman.
Música: Robert McNaughton, con Ken Hale y Steven A.Jones.
Edición: Elena Maganini.
Director artístico: Rick Paul.
Productores: John McNaughton, Lisa Dedmond y Steven A.Jones.
Productores ejecutivos: Waleed B.Ali y Malik B.Ali.
Vestuario: Patricia Hart.
Manga Films, Maljack Productions Inc.

Intérpretes:

Michael Rooker: Henry,
Tracy Arnold: Becky,
Tom Towles: Otis.

Sinopsis:


Henry es un hombre aparentemente normal que, no obstante, es el autor de una encarnizada espiral de asesinatos de mujeres. Él y su compañero Otis reciben la visita de Becky, la hermana del último, que se hospeda en la casa durante un tiempo para huir de su fallido matrimonio y su oscuro pasado. Pronto, la desesperada Becky se encariña del protagonista, pero éste es incapaz de corresponder su amor. Paralelamente, Otis se une a las masacres de Henry llegando a filmar los asesinatos en vídeo para su propia excitación. El destino del trío de personajes, como es natural, estará abocado a la fatalidad.

Comentario:

Es curioso como un realizador cuya trayectoria es poco brillante y que, al parecer no ha vuelto a producir una obra significativa desde 'La chica del gángster', con Robert Robert De Niro y Uma Thurman en 1993, puede ocupar un lugar destacado en la historia del cine con una película de culto, Henry, retrato de un asesino . El gran mérito de John McNaughton está precisamente en lo que podría ser un gran handicap: la carencia de recursos, que le permite poner su cámara al servicio de las andanzas de Henry sin aditamentos ni ornamentos intensificadores de la emoción,  que, como un animal salvaje, sale a la calle con el único objetivo de cazar, un victimario dispuesto a ejecutar a la primera persona que se le cruce, ya sea joven, vieja, mujer u  hombre. Tiene muy claro que debe variar sus procedimientos de ejecución y las armas para evitar que la policía lo identifique por su modus operandi, y dirigir sus pesquisas en varias direcciones. Las altas tasas de criminalidad en Estados Unidos son objeto de denuncia  de forma absolutamente cinematográfica: Otis juguetea con su cámara doméstica y al dirigirla hacia un punto del horizonte casual, observa como dos individuos apalean a un tercero sin compasión, lo que es determinante para un sujeto simple como el compañero de Henry.

John McNaughton justifica el comportamiento de este frío asesino en un contexto de pobreza e ignorancia, influenciado por el espíritu roussoniano, su teoría del 'buen salvaje' al que corrompe la sociedad, y que dio pie a Ortega y Gasset a proclamar que el hombre es él y sus circunstancias. Esta ideología que subyace en el subtexto se hace patente en las confesiones que intercambian Henry y Becky sobre los abusos de sus respectivos  padres: prostituta la madre de él, proxeneta y pederasta, incluidos abusos sexuales a su propia hija, el padre de Beckiy. El autor no se recrea en la producción de imágenes truculentas, tan en boga en la década de los 80, en la que el slasher, que había hecho eclosión a finales de la de los 70 con John Carpenter y su premonitoria Halloween, había ido evolucionando hacia el splater o el gore más repugnante  (Viernes 13 de Cunningham, 1978,  Mal gusto de Peter Jackson, 1987, o Re-Animator de Stuart Gordon, 1985). La diferencia estriba en que  estos directores no se toman en serio a sí mismos y buscan el divertimento de su público con mucha salsa de tomate, a la que se acerca peligrosamente la última producción de Quentin Tarantino en su celebrado 'Django desencadenado ', que nos ofrece imágenes de cabezas de caballos explotando, hombres reventados a tiros, revolcándose en el suelo gritando, y rematados mil veces, y paredes de grandes residencias chorreando sangre. Aunque los fans de ' Henry' ensalzan la cotidianeidad del personaje, les gusta mostrar entre las imágenes que ilustran sus escritos aquella que nos muestra al asesino con la cabeza de Otis, al que está descuartizando en la bañera, en sus manos, sustrayendo gran parte de la acción a la atención del espectador. Afortunadamente.

La visión más negativa del film de John McNaughton nos la da el cineasta italiano Nanni Moretti en su cálida película 'Caro diario'. En la dormida y aletargada Roma de Ferragosto hasta las carteleras muestran su apatía, y entre películas pornográficas y el cine italiano, no falla la exhibición de 'Henry, retrato de un asesino', a cuya proyección está casi obligado a asistir si quiere ir al cine. Después de ver el film le entra el abatimiento y el rencor contra unos críticos que se la han recomendado. La secuencia delirante y onírica en la que copia en su diario una crítica de la película  y la posterior, en la que  tortura a uno de estos críticos es antológica y digna de ser recordada. Pero, en justicia, no es esta película la que más se excede en un contexto ochentero en el que trinfaba  el exceso y la escatología.


Comentarios

  1. Muchas gracias por este excelente texto, que me ha servido para escribir mi propio trabajo sobre el filme y su director. Desde ya, los invitado a ver mi blog http://elcubildelciclope.blogspot.com/ Saludos desde Chile.

    ResponderEliminar
  2. Gracias a tí por haber perdido tu tiempo leyendo lo que escribo. Me alegro de haberte servido para algo. Saludos desde España.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

¡Deja tu comentario aquí!