House III. James Isaac.





Ficha técnica:

Título original: The horror show (House III)
País: Estados Unidos.
Año: 1989.
Duración: 89 minutos.
Dirección: James Isaac y  David Blyth
Guión:  Alan Smithee y  Leslie Bohem.
Casting: Melissa Skoff, C.S.A.
Música: Harry Manfredini.
Dirección de Fotografía:  Mac Ahlberg.
Edición: Edward Anton.
Música: Harry Manfredini.
Producción: SSean S.Cunningham.
Compañía productora: Sean S. Cunningham Films para United Artists

Intérpretes:

Lance Henrinsen: Lucas McCarthy,
Brion James:  Max Jenke,
Rita Taggart: Donna McCarthy,
Dedee Pfeiffer: Bonnie McCarthy,
Aron Eisenberg:  Scott McCarthy,
Thom  Bray: Peter Campbell,
Matt Clark: Dr.Tower,
David Oliver: Vinnie,
Terry Alexander:  Casey,
Lewis Arquette: Miller.




Sinopsis: 


Max Jenke es un peligroso asesino que va a ser ejecutado en la silla eléctrica. Cuando los verdugos accionan el interruptor,  sorprende a todos los presentes con su escalofriante risa. Es necesario aumentar la potencia para acabar con él. Antes de morir, se dirige al detective Lucas McCarthy y le jura que le hará la vida imposible. Y se la hace.


Comentario:

El  director James Isaac abandona el  relato más romántico, bizarro y cargado de ironía y humor de las dos primeras entregas de la saga, y, con el mismo equipo hace  una película mucho más oscura, en la que el protagonista es un psicópata  peligroso, empeñado en sobrevivir a la silla eléctrica  o a cualquier otro ataque y destrozar la vida del policía que le dio caza. Mientras desfilan los títulos de crédito iniciales  una cinta casera nos muestra a la familia en momentos felices, se habla en pasado de la esposa del policía Donna McCarthy, y funciona como premonitorio de  algo que  flota en el ambiente hasta el último segundo de metraje que nos hace temer que la tragedia vuelva a comenzar.

La imaginación delirante de algunos realizadores, capaces de crear situaciones truculentas cada vez más agresivas y novedosas no deja de sorprender, y  no cabe mucha duda de que algunos se lo pasan estupendamente compitiendo consigo mismo en la concepción de imágenes cada vez más violentas y escatológicas, con independencia de que resulten verosímiles e interesen al espectador.

Cmrl.

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