Amor sin condiciones. P.J.Hogan.





Ficha técnica:

Título original: Unconditional love.
País: Estados Unidos.
Año: 2002.
Duración: 121 minutos.
Dirección: P.J.Hogan.
Guión: Jocelyn Moorhouse y P.J.Hogan.
Dirección de Fotografía: Remi Adefarasin.
Música: James Newron Howard.
New Lane Cinema.

Intérpretes:

Kathy Bates ... Grace Beasley
Rupert Everett ... Dirk Simpson
Meredith Eaton ... Maudey Beasley
Peter Sarsgaard ... Window Washer,
Lynn Redgrave ... Nola Fox,
Stephanie Beacham ... Harriet Fox-Smith
Richard Briers ... Barry Moore
Marcia Warren ... Lynette Fox-Moore
Jack Noseworthy ... Andrew Beasley
Dan Wyllie ... Pete
Dan Aykroyd ... Max Beasley
Jonathan Pryce ... Victor Fox
... Resto en Imdb.


Sinopsis:

La vida de Grace Beasley da un vuelco cuando de pronto su marido la abandona. Tratando de olvidar su situación, decido acudir a un concierto de Victor Fox, un cantante melódico con el que está obsesionada . Sin embargo, cuando, por fin consigue una invitación Fox es asesinado por el 'Asesino de la Ballesta'. Completamente abatida toma una decisión insólita: viaja a Inglaterra para asistir al funeral del cantante, lo que le permite conocer al amante de Fox, el amargado Dirk Simpson.

Comentario:

Es mucho más difícil hacer una comedia digna de lo que parece. Desde los  primeros momentos del cine con mitos como Chapiln, Stan Laurel y Oliver Hardy, Buster  Keaton,  y los tiempos de la comedy  screwball,  errática, irracional, poco convencional, cultivada por Frank Capra, Gregory Lacava, Howard Howks, Leo McCarey, entre otros, en la que actrices con carisma se desenvolvían con soltura por los escenarios, sugiriendo más que enseñando, y retando a las comisiones censoras con sus veleidades independentistas y sus enfrentamientos con los varones en el marco de la pareja, otros directores siguieron cultivando el género con fortuna, como el intelectual Woody Allen, que conecta con los monstruos y temores de muchos hombres y mujeres urbanitas y cultos  de todo el mundo. Pero la Comedia moderna no ha tenido igual encaje entre el público de élite y cierta crítica que la considera un genero menor, en el que se desperdician los talentos de los mejores actores, como los que intervienen en Amor sin condiciones/Unconditional love.

Yo creo que se equivocan. Los tiempos han cambiado y las preocupaciones de los hombres también. Si  bien es cierto que  hemos visto moverse por el escenario a mujeres como Claudette Colbert , Carole Lombard, Barnara Stanwyck o Jean Harlow,  con ropas ligeras, aire libre y desenfadado y actitud desafiante  frente a los hombres, lo cierto es que eran modelos que respondían más a la utopía que a la realidad. La mayor parte de las féminas respondían mayoritariamente al paradigma de Constance de  Bruce Morrison, (1984): mujeres reducidas al ámbito privado del hogar, alienadas y castrantes con sus hijas, por miedo a las consecuencias de alejarse de las normas morales establecidas; Dirk recordando a su amigo asesinado, reproduce sus últimas palabras: "Una vida con miedo no es vida". P.J.Hogan, (La boda de mi mejor amigo, La boda de Muriel, o  Peter Pan, producida por Mohamed Al Fayed en memoria de su hijo Dody, que murió en el accidente con Diana de Gales,...),  nos proporciona una mirada inteligente al mundo de la diferencia, y desarrolla un personaje con el que ponía punto final a su película La boda de mi mejor amigo (1997), que concluye con un canto a la  amistad, cuando un  amigo gay de la protagonista,  al fracasar  sus planes de boicotear la boda de su ex-novio,   la ve sola y abatida, le llama por teléfono, la saca a bailar y tiernamente le dice al oído: 'Quizás no habrá matrimonio, quizás no habrá sexo, pero, ¡por Dios! seguro que habrá baile'. Ahora vemos de nuevo a Rupert Everett interpretando el papel de gay, amigo de las mujeres y necesitado del cariño maternal de éstas.

Un mujer madura abandonada, otra enana, un gay, un sociópata traumatizado por la ausencia de su madre, un cantante frustrado por la suya, que no acepta la condición homosexual de su hijo y le intenta curar su 'enfermedad' internándolo en un centro educativo, y  algún que otro tipo 'raro' son los protagonistas de esta historia en la que estos personajes, que se sienten bien en su  propio cuerpo, condición o edad, factores que la sociedad utiliza como elementos discriminatorios, consiguen el respeto de los demás. Tras matar al  'Asesino de la Ballesta', un infeliz tocado sin remedio, acuden a un programa de televisión en el que de nuevo Hogan nos recuerda que puede que no haya éxito social, ni sexo, a veces ni amor, pero habrá baile y habrá música para aquellos que no aceptan su arrinconamiento. Curiosamente la presentadora del programa es una mujer mayor, nada habitual en este tipo de espectáculos.

P.J.Hogan hace comedias distendidas, agradables de ver y comprometidas con su tiempo, en cuestiones transversales como el constructo de género, centrándose en la discriminación basada en la orientación sexual, en la edad, especialmente de las mujeres, o  la discapacidad. Son cuestiones que interesan en la actualidad, y no está nada mal que alguien se ocupe de dotar a estos personajes de  dignidad, en el marco relajado de una comedia.


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