J.C. Chandor. Margin Call




Ficha técnica:


Título original: Margin Call.
País:EE.UU.
Año: 2011.
Duración: 91 minutos.

Guión y dirección: J.C. Chandor.
Director de Fotografía: Frank G. Demarco.
Música: Nathan Larson.
Montaje: Pete Beaudreau.

Diseñadora de vestuario: Caroline Duncan.

Producción: Michael Benaroya, Neal Dodson, Zacharay Quinto, Robert Ogden Barnum, Corey Moosa y Joe Jenckes.
Productores ejecutivos: Cassian Elwes, Laura Rister, Joshua Blum, Kirk D'Amico, Randy Manis, Anthony Gudas, Michael Corso y Rose Ganguzza
Coproductor: Anna Gerb.
Diseñador de producción: John Paino.
Compañías productoras: Myriad Pictures, Benaroya Pictures, Before the door Production, Cameo.


Intérpretes:


Kevin Spacey: Sam Rogers.
Paul Bettany: Will Emerson.
Jeremy Irons: John Tuld,
Zachary Quinto: Peter Sullivan,
Pen Badgley: Seth Bregman,
Simon Baker: Jared Cohen,
Mary McDonnell: Mary Rogers,
Demi Moore: Sarah Robertson,
Stanley Tucci: Eric Dale,
Aasif Mandvi: Rameesh Shah,
Ashley Williams: Heather Burke,
Susan Blackwell: Lauren Bratberg.


Sinopsis:


Margin Call, ambientada en el arriesgado mundo de las altas finanzas, es un thriller que compromete a las figuras clave de un banco de inversión durante las turbulentas horas previas  al inicio de la crisis financiera de 2008. Peter Sullivan, un analista junior, revela una  información que podría probar la caída de la empresa y origina una toma de decisiones en cadena, tanto morales como financieras, que terminarán gestando la inminente tragedia. Un análisis fascinante sobre los factores humanos en un mundo  del que solemos tener una visión frívola y parcial, un retrato auténtico y descarnado de los financieros que deben afrontar las decisiones que determinarán el futuro de nuestro mundo.


Crítica:


Margin call, es el grito de guerra del jefe indio de las finanzas mundiales: ¿Ajusten los márgenes de ganancias! Y todos tan felices, sin darnos cuenta que los márgenes se han estrechado tanto que ha axfisiado a los que están en los márgenes de  la inclusión social, a punto de ser disparados del sistema; ahora lo empiezan a entender. Margin Call no es una obra maestra, pero sí  una obra oportuna, precedida de otras (In side Job, Up inthe air, Wall Street ...) que comentamos en su día y que ahora, cuando nos estamos ahogando conviene desenpolvar. J.C. Chandor  realiza una cinta que clarifica de forma dramatizada, no documental, lo que todo el mundo observaba con preocupación o con frivolidad, posturas representadas por  dos jóvenes analistas : Peter Sullivan (Zacharay Quinto) y Seth Bregman (Pen Badgley) , sin extremismos, con mucha sutilidad. La carga contestataria del film descansa en la utilización de una cámara objetiva que capta los hechos de tal manera, que llegan a los espectadores sin los ruidos ni las interferencias que interceptan el lenguaje periodístico en todas sus manifestaciones, y que nos permiten captar de forma muy efectiva las tristes circunstancias que estamos viviendo.¿Por qué necesitamos que el cine acuda a contarnos esto? La prensa salmón ha felicitado a Chandor.

Conviene aclarar que la causa de la crisis que nos abruma no está en las decisiones de  los políticos que incrementan el gasto social, por mucho que se haya pretendido que creamos ésto, el protagonista  es la expansión de una crisis que ha terminado por  convertirse en sistémica, porque se ha nutrido de  actitudes generalizadas, que se han movido en la frontera de lo ético, cruzando incluso la línea  de la legalidad, como están demostrando los últimos acontecimientos.  Este drama lo vamos a vivir con unos pocos personajes, los ejecutivos de una empresa financiera cuyo recorrido evoca a Lehman Brothers, en un  periodo de tiempo breve: 27  o 28 horas. La información que provoca la caída procede de un empleado de la sección de control de riesgos , Eric  Dale (Stanley  Tucci) y va ascendiendo  en la escala jerárquica desde los ejecutivos más cercanos  a los trabajadores, Will Emerson (Paul Bettanny) Sam  Rogers (Kevin Spacey),  hasta los que  ocupan la cúspide de la pirámide, como Jared, (Simon Baker)  Sarah Robertson (Demy Moore), para llegar finalmente  al director ejecutivo de la empresa, John Tuld (Jeremy Irons). Es fascinante ver cómo contemplan detrás de una puerta las arengas de los mandos intermedios a su tropa de agentes de inversión.

Representa visualmente, con pocos diálogos y sin storyboard, ese mundo gris de los agentes de bolsa, de traje y corbata, que siguen trabajando ya entrada la noche en pos de unos pingues beneficios; los vemos incluso afeitándose en la oficina y bebiendo esos horribles cafés que venden  los drugstores. El dilema humano es sencillo: o te salvas tú y hundes a los demás, o lo contrario. Es una ecuación sencilla de resolver.  Las diferencias entre Peter y Seth, residen en que al primero le interesa el dinero pero lo disimula, aunque profesionalmente igual le da hacer naves especiales que  analizar resultados de bolsa, optando por lo mejor pagado: traficar con humo. Al segundo le guía exclusivamente la avaricia,  la admiración por  los ricos y el dinero que ganan. Lo más patético del film es verle  llorar en el water al ser despedido. El  momento en que las jerarquías deciden la liquidación total de la empresa, se compra a los brokers por más de un millón de dólares (cantidad que jamás ganarán la mayor parte de los mortales), para colocar a sus colegas, otros agentes de bolsa, unos paquetes de acciones que, al final del día  no valdrán nada, porque habrá desaparecido la empresa que los respalda. ¿Es posible que ésto sea legal? Lo cierto es que todavía no se conoce hasta dónde llegó la marea y hasta qué punto están contaminadas de estos bonos o acciones basura las entidades financieras de todo el mundo. Y lo peor de todo es que nadie nos cuenta esta historia; en su lugar parece que frenar las pandemias, educar a los jóvenes y adaptarlos a un futuro tecnológico y acabar con el hambre en el mundo, es lo que ha arruinado a la población mundial, y no el que una acción tuviera un valor de 98 dólares por la mañana y 98 céntimos al anochecer, y que los agentes de bolsa  engañaban a cambio de una buena recompensa a sus 'compañeros' de profesión distribuidos por todo el mundo y por ende a modestos inversores que habían invertido en planes de pensiones, aconsejados por las cabezas más 'lúcidas' a nivel mundial.

Hay dos cosas de las que se lamenta el ciudadano medio americano, a través de sus cineastas: el determinismo histórico, que impide que cambie la  relación porcentual  entre ricos y pobres, y el tiempo perdido en traficar con humo, en lugar de hacer, aunque sea sólo zanjas, que dejen  testimonio del trabajo del hombre (Tommy Lee Jones, The company men de John Wells ), postura que mantiene el personaje  que interpreta  Stanley Tucci, un ingeniero que construyó un puente en su ciudad, y que inició la investigación que desembocaría en el descubrimiento de la quiebra de la empresa. Los altos ejecutivos cobran cantidades portentosa por vender una música que no saben escuchar.

En cuanto al sufrimiento de las masas como consecuencia de la crisis que van a desatar con  la liquidación total de la compañía , el cinismo más absoluto está representado por un personaje , Willy Emerson, que tiene sus luces y sus sombras;   es un desaprensivo pero a la vez un leal compañero. y  cree que la 'gente corriente', que quiere llevar una vida por encima de sus posibilidades y tener cochazos y casas que no pueden pagar, necesita hombres como ellos, y la única razón que hace posible que lleven esa buena vida es porque estos personajes inclinan la balanza a su favor; si levantaran la mano el mundo se volvería  más justo. Willy, que gana dos millones y medio de  dólares  al año y gasta 75.000 (los mismos que gana  el Presidente de España) en prostitutas, alcohol y drogas, desprecia  a este ciudadano medio hipócrita, que los crucificará si todo se hunde, pero se reirá de ellos si dan muestra de cobardía o debilidad. En definitiva, llegada la hora de la avaricia, en la que el capital recoge beneficios,  todos los endeudados, sea cual sea  la razón, no tienen posibilidad de elegir. El capital se va a cobrar su deuda, sí o sí.

El nombre del film apenas tiene algo que ver con la historia, y es una expresión que abarca al mundo de las finanzas. Margin call significa 'demanda para margen adicional', una especie de préstamo  que recibe  una persona o entidad  para intercambiar o comprar acciones; si estas pierden valor el prestamista puede obligar al prestatario a  vender  sus  acciones, llegando a lo que se conoce como agujero negro. Si el fenómeno se extiende y la gente quiere dinero y no acciones, éstas reducen  paulatinamentte su precio y aumentan el apalancamiento. En algunas empresas, como  la ficticia del film, el valor de los chiccharros superó, durante varios días consecutivos al de la propia  compañía financiera. Así se generó todo, y en ello estamos, sin encontrar la fórmula para salir.

No somos economistas, y por esta razón nos sirven de ayuda estas películas que nos cuentas como se gestó la  primera crisis global, en la que nos hundimos cada vez  más. Los bancos atacaron a sus propios cimientos, los préstamos hipotecarios, refinanciando hipotecas como denuncia Oliver Stone en Wall Street,  que expandieron la locura de un consumo de lujo desorbitado, que afectó a todas las clases sociales. Cuanto más dinero se tenía más posibilidad de endeudarse. Pero como advierten los propios analistas del film, los 'monstruos' se han rehecho (Lehman Brothers), mientras que los que no pudieron recibir prástamos por carecer de los avales, por otro lado caprichosos en muchas ocasiones, son los que ahora deben pagar los excesos con reformas laborales y resquebrajamiento del  estado  de bienestar, del que tan  orgulloso estaba el mundo occidental. Incluso los jóvenes que se incorporan al mercado laboral deben darse de alta como autónomos, quedando totalmente al margen de la reforma laboral más leonina.

El propio director confiesa en una entrevista que cayó en las redes seductoras del capital, confiando en un desarrollo sostenible, una quimera que lo arrastró y lo hundió en la esclavitud de las deudas, de la que sólo podía salvarle un milagro. ¿Ha sido Margin Call el prodigio que le ha devuelto la libertad? Por lo menos ha tenido el coraje de  coger una cámara, captar lo que muchos  veíamos y pocos se atrevían a censurar y rodearse de un grupo de actores comprometidos con  la empresa. Todavía escuchamos a Jeremy Airons gritar desde una ventana contra el hambre.

Film imprescindible para entender, ya que información siempre es poder. El  que se necesita para sustituir la tristeza y el dolor por las ganas de vivir. Hoy la inmensa mayoría ya sabe que significan palabras como fusión o eficiencia: despidos masivos, paro y hambre, que ya alcanza a los niños.

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