Lola Montes. Max Ophüls



Ficha técnica:

Título original: Lola Montes.
País:
Año: 1955
Duración: 105 minutos.
Dirección: Max Ophüls.
Guión: basado en un romance de Cécil Saint Laurent. Puesta en escena de Max Ophüls y adaptación de Annette Wademant y Max Ophüls. Diálogos de Jaques Natanson.
Director de Fotografía: Christian Matras. Color en Eastmancolor.
Música: Georges Auric.
Montaje: Madeleine Gug.
Ingenieros de sonido: A.Petitjean, J.Neny, H. Endrulat.
Decorados de Jean D'Eauborne.
Director de Producción: Ralph Baum.
Productor delegado: Albert Caraco.
Diseño de Vestuario para Martine Carol : Marcel Escoffier. Para otros personajes: Georges Annenkov. Ejecutados por  Gromtseff y Karinsha.
Maquillaje: Magny Vernadet.
Peluquería: Jean Lalaurette.
Gamma Film (París). Co-Producción: Gamma/Florida/Union Films, realizada en Cinemascope.




Intérpretes:

Martine Carol  : Lola Montes
Peter Ustinov: Maestro de ceremonias del circo.
Henri Guisol:  Caballero Mauricio,
Lise Delamare: Señora Craigie, madre de Lola,
Paulette Dubost: Josephine,
Oskar Werner: Estudiante,
Ivan Desny : Oficial Thomas James.
Anton Walbrook  : Lwis I, rey de Baviera.
Jean Galland, Will Quadflieg, Helena Manson, Germaine Delbat, Willy Eichberger, Jacques Fayet, Friedrich Domin, Werner Finch.


Sinopsis:

Lola Montes (Martine Carol) fue una gran mujer, amante de varios hombres importantes, pero ahora se ha convertido en la atracción de un circo de Nueva Orleans, donde un maestro de ceremonias, (Peter Ustinov), narra su vida al público mientras ella realiza un pequeño número acrobático.

Comentario:

Max Ophüls, fue un cineasta alemán que escapó de su país tras producirse el incendio del Reichstag en 1933 y buscó refugio en Estados Unidos,  país en el que  recibió el apoyo de Preston Sturges para poder trabajar en Hollywood. Su obra  se caracterizó por el  interés por la psicología  femenina, dejando obras de gran elegancia, pero a la vez no exentas de acritud y aspereza,  como este retrato de 'María Montes', una mujer de  nombre español, que baila boleros y fandangos, pero de procedencia no explícita. La capacidad de observación de la realidad circundante permite al cineasta crear un clima circense en torno a la vida sentimental de esta mujer, que es como una premonición del espectáculo al que asiste impávida la sociedad actual. El Maestro de Ceremonias del circo, (Peter Ustinov), la presenta  como : "el número más sensacional del siglo, protagonizado por la fiera más asesina de todas las jaulas, un monstruo sanguinario con ojos de ángel. Corazones destrozados, fortunas despilfarradas, grandes amores trágicos...Pasión y gloria, triunfo y fracaso: Lola Montes, Condesa María Dolores de Landsfeld en carne y hueso." Esta presentación del espectáculo de fieras nos trae a la memoria todos los programas de televisión en los que se humilla, se degrada, se desangra y se exprime a mujeres que han saltado a la fama por ser las compañeras de hombres famosos, que les permiten vivir de la curiosidad ajena, respondiendo a todas las preguntas de fisgones desaprensivos.

Cuando la mujer, todavía en una buena situación económica recibe al representante de feria, éste describe con palabras exactas sus intenciones y las bases de su negocio: "Yo soy un hombre de circo. Yo descubrí la mujer de tres cabezas y el elefante que sabía tocar "Sur le pont d'Avignon" al piano. En Nueva York tuve contratados durante cuatro semanas a los anarquistas que mataron al sultán de Egipto.Usted no sabe bailar, pero sabe organizar escándalos, revolucionar al público. Es una virtud que no tiene precio. En el mundo entero el escándalo es oro, y en América no existen límites. La venderé muy cara, la llevaré por todo el mundo. Mostraremos a las mujeres todo lo que ellas han querido hacer en la vida, pero no se han atrevido a realizar." Se puede decir más alto pero no más claro, y a la vez  describe con precisión el trato que se ha dado y se da a la mujer en círculos demasiado amplios de la sociedad.

La mujer, tratada como un fenómeno de feria, en el centro de una carpa, rodeada de todo el boato del circo, aplaudida y censurada por masas reprimidas de escasa formación, manipuladas por un maestro de ceremonias que dosifica la información para mantener el interés  y llega a cobrar al público por acercarse a una jaula en la que la mujer acepta que la toquen y constatar que existe. Ophüls crea un clima fantasmagórico con filtros azules, sobreimpresiones que introduce flashbacks, lámparas que alumbran el local con la luz de múltiples velas, que ascienden o desciende en función del climax que exige cada momento, y que permiten al espectador viajar mentalmente desde  los buques hacinados de pasajeros, pasando por  burgueses y estudiantes revolucionarios hasta llegara compartir el lecho de los reyes. Los ambientes elegantes ceden su lugar a las posadas de los caminos que ofrecen su solaz a los que viajan por caminos pedregosos o intransitables por la nieve, y que suponen la liberación del clima opresivo del circo, en el que los hombres arriesgan su vida a cambio de unas cuantas monedas que les obligan incluso a jugarse la vida para satisfacer a una clientela insaciable. En este caso la arena tiene como víctima a la mujer.

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