Nada que perder. Steve Oedekerk.






Ficha técnica:

Título original: Nothing to lose.
País: Estados Unidos.
Año: 1997.
Duración: 94 minutos aprox.

Dirección: Steve Oedekerk.
Guión: Steve Oedekerk.
Casting: Gretchen Rennell Court.
Director de Fotogrtafía: Donald E. Thorin, A.S.C.
Música. Score: Robert Folk. Supervisores: Kathy Nelson y Jeff Carson.
Edición: Malcolm Campbell.
Directores artísticos: James J.Murakami y Kevin Constant-
Decorador del set: Cloudia.

Diseño de Vestuario: Elsa Zamparelli.
Maquillaje de los artistas: Larry Wayne Abbott; de M.Lawrence: Kim D.Davis y de Tim Robins: Cristina Bartolucci.
Estilista de peluquería: Elaina P.Schulman; de M. Lawrence: Percy Burries y de Tim Robins: Edward St. George.

Productores: Martin Bregman, Dan Jinks y Michael Bregman.
Productor ejecutivo: Louis A.Stroller.
Producción manager: Sharon Mann.
Diseño de producción: María Caso.
Touchstone Pictures. Bregman Production.

Intérpretes:

Tim Robbins: Nick Beam.
Martin Lawrence: T. Paul.
John C. McGinley: Davis Ianlow, 'Rig'.
Giancarlo Esposito: Charlie Dunt.
Michael McKean:  Phillip Barrow.
Susan Barnes: Dolores,
Rebecca Gayheart: Danielle,
Kelly Preston: Ann.

Sinopsis:

No le pueden ir peor las cosas a Nick Beam (Tim Robbins), todo su mundo se derrumba cuando encuentra a su mujer en la cama con su jefe. En este momento se le cruza en su vida T.Paul (Martin Lawrence), el cual le apunta con una pistola en la cara. Nick ya no tiene nada que perder, por lo que toma una arriesgada decisión, invertir los papeles haciendo del secuestrador su rehén. Este encuentro generará una gran amistad, dando lugar a unas divertidas y alocadas situaciones...

Comentario:

El film comienza con muy  buenas intenciones, y el nada despreciable protagonismo  de Tim Robbins cuya actividad fuera y dentro de la pantalla es de sobra conocida, que generan unas expectativas que pronto  se verán defraudadas cuando la historia deriva hacia un discurso moralizante y pseudo integrador. Un ladrón de manual, de corto recorrido, -actúa a mano armada y cara descubierta-, de raza negra, entra en contacto con  un hombre de la élite de los negocios, despechado por la presunta infidelidad de su mujer; al ladrón de manual le corresponde un policía de la misma clase, que sigue siempre a los mismos fantasmas, apoyándose en retratos-robot que concuerdan con  los delincuentes más perseguidos, con lo que resulta fácil resolver todos los casos, endosándoles todos los delitos a los mismos. Tampoco sale bien parado el guardia de noche del edificio donde reside la empresa en la que trabaja Nick, un narcisista que se monta sus Karaokes en solitario, utilizando porras y linternas como accesorios fálicos  en  sus eróticos bailes, disparando a cacos imaginarios.

En principio Nick (Tim Robins), cuando cree que no tiene nada que perder, alecciona a su compañero ocasional, el ladrón convertido en rehén, sobre las diferentes maneras de robar de los infelices desclasados y las clases altas, que diversifican sus inversiones para no ser víctimas de sus propios desfalcos. Pero la entrada en escena de un par de delincuentes sin escrúpulos le hace abandonar sus proyectos y  comienza a violar la ley con los procedimientos de T.Paul (Martin Lawrence), aunque eso sí, con pasamontañas y un background de 'honestidad' y buenos principios burgueses; entre sus atracos incluye un asalto vengativo a la caja fuerte de la empresa en la que trabaja, cuyo botín puede solucionar la vida del excluido social que lo acompaña en su razzia vengativa.

Cuando descubre que todo ha sido un mal entendido, devuelve el producto del robo y deja en la estacada a su compañero en su proyecto ilegal. Pero el guionista-director se guarda un as muy discutible en la manga: el empleado de élite, que ha tenido acceso de manera subrepticia al curriculum de T.Paul, durante una noche en la que pernocta en su casa, le ofrece un buen empleo, un trabajo especializado en la instalación y mantenimiento de sistemas de seguridad informáticos en su empresa. La privación del acceso a cualquier modo de subsistencia de quien carece de los medios de producción puede, en efecto, incrementar la estadística de pequeños robos, aunque aquí hablamos de atracos a mano armada, pero el delincuente no se encuentra en estos actos violentos con un San Dimas, el ladrón crucificado por los romanos y colocado a la derecha del nazareno, que le resuelva la vida y le de la oportunidad de regeneración.

Éstas son las trampas de un guión, que podía haber sido  igual de divertido si hubiera sido coherente de principio a fin. Contaba con buenos presupuestos de partida, correcta ejeución y dos buenos actores; la necesidad de ser políticamente correcto ha  arruinado este film y  ha decepcionado al público.

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