Ojos que te acechan. Stephen Elliot.




Ficha técnica:

Título original: Eye of the beholder.
País: Canadá. Co-Producción Canadá/Reino Unido/Australia.
Año: 1999.
Duración: 101 minutos.


Dirección: Stephen Elliot.
Guión: Stephan Elliot, basado en la obra de Marc Behm.
Casting: Michel Schweber. Mali Finn, Nadia Rona, Rosina Vucci, Vera Miller.
Dirección de Fotografía: Guy Dufaux.
Música: Marius De Vries.
Edición: Sue  Blainey.
Dirección artística: Réal Proulx.


Diseño de Vestuario: Lizzy Gardiner.
Maquillaje: Ashlee Petersen, Candance Neal, Claudette B.Casavan...

Productor: Nicolas Clermont y Tony Smith.
Co-Productor: Al Clark.
Productores ejecutivos: Hilary Shor y Mark Damon.
Diseño de Producción: Jean-Baptiste Tard.
Ambridge Film Parternship, Behaviour Worldwide, Destination  Films. Eye of the beholder ltd., , Filmine International, It & Ruth Productions, Village Roadshow Productions.

Intérpretes:

Ewan McGregor: Stephen Wilson/Ojo,
Ashley Judd: Joanne Eris,
Jason Priestley: Gary,
K.D.Langhttp://es.wikipedia.org/wiki/K.d._lang: Hilary,
Geneviève Bujold Doctor Jeanne Brault.


Sinopis:

"El Ojo" es un agente del servicio británico encargado de seguir a una mujer sospechosa de chantajear al hijo de un senador norteamericano. Pronto observará que la chantajista es una experta en travestismo que no duda en cometer los más crueles asesinatos. Remake del film de 1983, Mortelle randonnée, dirigida por Claude Miller y protagonizada por Isabelle Adjani.

Comentario: 

A pesar del fracaso de público y crítica fue numero  en Vox Office, la web de la industria del cine  que recoge las recaudaciones de taquilla de los filmes estadounidenses. De hecho la película  reune todos los ingredientes para constituirse en una buena cinta, al estilo de los de  Alfred Hitchcock  o Brian de Palma: voyeur que acaba rendido ante la mujer constantemente observada, hermosa y maligna femme fatale; asistencia involuntaria a una serie de crímenes, en los que el  observador, igual que  el protagonista de La Ventana indiscreta  se encuentra inmovilizado en su puesto de vigilancia, no por un accidente que le incapacita, sino por la obligación de cumplir con su deber como agente del servicio británico. Las imágenes surreales de su hija desaparecida, ¿muerta?, proporcionan los únicos momentos de inquietud e intriga a este thriller fallido, a pesar de reunir las condiciones citadas para su óptima ejecución, a las que se suman otras externas  como una  buena financiación, un  notable cineasta,  ( Stephen Elliot , realizador de Las  aventuras de Priscilla, reina del desierto, 1993) , una inmejorable plantilla de actores e incluso una  famosa cantante de pop canadiende d.k..Lang, ganadora de cuatro premios Grammy,  en un papel secundario.

El fallo reside en la reiteración hasta el hartazgo de los asesinatos de la mujer, vistos generalmente a través de la pantalla del agente, con tal similitud en su realización que no cabe dudar del resultado de los encuentros amorosos de la protagonista. Paralelamente vemos a Ewan McGregor montando y desmontando  micrófonos y cámaras en las diferentes  estancias en los que se hospeda la asesina y a las que arrastra a sus víctimas. No parece interesar cómo consigue crear  esta infraestructura, y es increíble  la forma en que recupera todo este  aparataje y recoge a la vez  pruebas de los delitos , sin perder el rastro de la asesina , cada vez que  inicia una escapada forzada por las circunstancias. De este modo asesinatos, recogida de pruebas y material preparado para el espionaje  y  aparición de la hija en los escenarios del crimen, llegando a ser captada por la propia cámara de fotografiar del padre junto a la asesina, se suceden de forma tan reiterada y redundante que acaban asfixiando el interés del espectador por el detective y su hija, e incluso por  los asesinatos de una bella mujer, carente por otro lado de senso, arruinado, como sus amantes,  por la interposición constante entre ella y el espectador de la incómoda pantalla del detective. No se da espacio para la tensión y se desprecian recursos del género que  potenian el interés. Es difícil saber a dónde quería llevarnos Stephen Elliot  con este thriller psicológico de tintes freudianos, difícil de digerir.



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