El padre es abuelo. Vincente Minnelli





Ficha técnica:

Título original: Father's little Dividend
País: Estados Unidos
Año: 1951
Duración: 81 minutos

Dirección: Vincente Minnelli
Guión:  Albert Hackett y Frances Goodrich, basado en los personajes creados por Edward Streeter
Derecho de Fotografía: John Alton, A.S.C.
Música: Albert  Sendrey; dirigida por Georgie Stoll
Edición: Ferris Webster
Director artístico:Cedric Gibbons
Decorador del set: Edwin B.Willis

Diseño de Vestuario: Helen Rose
Diseño de peluquería: Sydney Guilaroff
Maquillaje:  William Tuttle

Productor: Pandro S.Berman
Metro Goldwyn Mayer

Intérpretes:

Spencer Tracy: Stanley Banks,
Joan Bennett: Ellie Banks,
Elizabeth Taylor: Kay Dunstan,
Don Taylor: Buckley Dunstan,
Billie Burke: Doris Dunstan,
Maroni Olsen: Herbert Dunstan,
Richard Rober: Sargento de policía.

Sinopsis:

Después del matrimonio de su hija Kay, Stanley T.Banks todav´´ia está recuperándose de los gastos de la boda. Y, ahora, de manera inesperada, recibe la noticia de que  la pareja está esperando un bebé, algo que en principio no le hace ninguna ilusión y que le llevará a discutir con su esposa Elle y sus consuegros, Doris y Herbert.

Comentario:

El padre es abuelo es una secuela de El padre de la novia, realizadas ambas por Vincente Minnelli, que ironiza sobre el nacimiento del primer hijo, el primer nieto y el primer sobrino. Cuando el 'padre de la novia' cree que ha alcanzado el nirvana, que ha llegado al Eliseo, pagada ya su casa, educados e independizados sus hijos, descubre que la vida en la tercera edad no es tan placentera como él creía: en su casa ha caído una bomba, que la ha desbaratado más con mayor contundencia que el nacimiento del hijo propio.

Las secuencias en las que se ridiculiza a los miembros de la familia en torno al neonato a través del cristal de la incubadora, son de una enorme causticidad, acritud y mordacidad. Estas películas tienen su doble filo: por una lado están los que se ríen a rabiar de la disminución de la masa gris de que son víctimas  los ascendientes, pero por otro están los que disfrutan, también a rabiar, viéndose retratados y recordando estos momentos tan felices para ellos, sin importarles para nada el ridículo.

Con un modo de representación institucional, muy convencional, Vincente Minnelli recrea el sutil sexismo de la época, no sólo en el alegato inicial de Spencer Tracy sobre los roles femeninos y masculinos, sino por el decorado de las viviendas y los doseles llenos de volantes y perifollos que adornan las camas de las mujeres y que resultan de una gran  incomodidad para la sobriedad y austeridad masculinas, que en el caso de Stanley T.Banks incluye la moderación, la austeridad y la virtus clásica, así como cierto distanciamiento de los demás, a los que se cree superior hasta que el destino le castiga como se merece, y le da un azote en su dignidad.

Spencer Tracy, dirigiéndose a la cámara para apelar a los espectadores desde su cómodo sillón de orejas, el destinado al patriarca, pronuncia un discurso de marcado carácter sexista, tan paternalista que nos puede hacer olvidar sus verdaderas intenciones. Poniéndose una flor en el ojal, un complemento necesario de la época del traje de etiqueta, nos lanza un pequeño discurso." Quisiera decirles unas cuantas cosas sobre lo que me ha pasado este último año. Puede que las mujeres no nos compadezcan. Se creen que los hombres lo tienen todo muy fácil. El hombre posee un mecanismo bastante sensible y delicado: si se le trata bien, se le da un poco de coba, irá como una seda durante  años. Pero si alguien balancea el barco, muere. Los  hombres trabajamos duro para construir un hogar, crear una familia y de repente llega el día esperado en el que  uno empieza  a estar un poco desahogado, las cosas están más claras en el trabajo, los niños ya están casados, criados, terminados los estudios o ambas cosas y te comes el mundo..."  No creo que sea necesario comentar este discuro, pero sí nos podemos preguntar por qué excluye Minelli a las mujeres del infierno y del paraíso.

Contada en forma de Screwball, de comedia loca, con un gran flashback,   convierte a los personajes que participan en el 'revoltijo general', parafraseando al protagonista, en electrones sueltos manejados por el director pero no puede resultar aburrida una película protagonizada por Spencer Tracy, uno de los mejores actores de su época, aunque para los jóvenes de hoy sea un perfecto desconocido.  Hasta los más pequeños  han visto entontecer a los alumnos en similares circunstancias, lo que evita que el film envejezca.




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