La última vez que vi París. Richard Broocks




Ficha técnica:

Título original: The Last Time I Saw Paris
País: Estados Unidos:
Año: 1954
Duración: 102 minutos.

Dirección: Richard Brooks
Guión: Iulius J Epstein,   Philip G. Epstein y  Richard Brooks, basado en una historia de F. Scott Fitzgerald
Dirección de Fotografía: Joseph Ruttenberg, A.S.C.; conultor del color: Alvord Eiseman
Música. Score: Conrad Salinger; supervisor: Saul Chaplin
Edición: John Dunning, A.C.E.
Dirección artística: Cedric Gibbons y Randall Duell
Decorador del set: Edwin B.Willis, Jack D.Moore
Efectos especiales: A.Arnold Gillespie

Vestuario: Helen  Rose
Peluquería: Sydney Guilaroff
Maquillaje: William Tuttle

Productor: Jack Cummings
Metro Goldwyn Mayer

Intérpretes:

Elizabeth Taylor: Helen Ellswirth,
Van Johnson: Charles Wills,
Walter Pidgeon: James Ellswirth,
Donna Reed: Marion Ellswirth,
Eva Gabor: Lorraine Quarl,
Kurt Kasznar: Maurice
George Dolenz: Claude Matine,
Roger Moore: Paul,
Sandy Descher: Vicky,
Celia Lovsky;Mama,
...

Sinopsis:

El escritor americano Charles Wils regresa a París, donde recuerda su vida en la época de la liberación de la capital francesa. Ha logrado triunfar como novelista, tras muchas dificultades y fracasos, y ahora se propone recuperar a su hija Vicky, confiada a la custodia de su cuñada desde el trágico fallecimiento de su esposa.

Comentario.

The last time I saw Paris es un auténtico melodrama que aborda tres constantes del cine americano, que pueden resultar excepcionales para los europeos, pero que carecen de esta carga emotiva para un pueblo joven: La dificultad, sino imposibilidad según Bergman, de convivir en pareja y la capacidad para rehacer una nueva tras el divorcio o nulidad del matrimonio; la imposibilidad de hacer dinero de manera honesta y el papel destructivo de los críticos, que en muchos casos son 'talentos' fracasados en las diferentes áreas de la actividad creativa.

James Ellswirth (Walter Pidgeon) es un vividor   que se mantiene con  sus estrechas rentas sin conocer ni de lejos qué significa emprender cualquier tarea; tiene dos hijas preciosas, que llevan su misma vida y tiene claro que sólo hay  una forma de hacerse rico: respetando las tres erres: robo, rapto y rufián; él se acerca un poco a la última apostando en carreras amañadas. Charles (Van Johnson) entra en la familia y para poder vivir del escaso sueldo que le da su empleo de periodista y perseguir el sueño de publicar una novela que lo haga célebre, se queda en el hogar familiar mientras todos lo abandonan para participar en una fiesta permanente. Cuando unos pozos petrolíferos, secos, que les ha regalado el padre a causa de  la boda del periodista  con Helen (Elizabeth Taylor), comienzan a vomitar el oro negro y le vuelven a rechazar por cuarta vez una novela, se deja llevar por el ambiente de la familia y surgen los conflictos en el seno de la pareja.

Poco a poco el film va derivando hacia un drama lacrimógeno, en el que tiene  un papel secundario un jovencísimo Roger Moore, un gigolo y un vividor, que intenta sacar provecho de las mujeres casadas fatigadas por la rutina y la cotidianeidad. Helen no es cualquier cosa, es  la musa de Paris, la que se baña en las fuentes públicas y la que exige una actividad incesante y un elogio perpetuo, pero a la que le resulta difícil aceptar que su marido se entretenga con una mujer unas horas. Pero no nos equivoquemos, la historia de Helen y Charles es una auténtica historia de amor romántico, imposible, como todas, pero de las de cuento y termina de mala manera, como todas. La diferencia con el curriculum de  Lorraine Quarl (Eva Gabor) es que ella lo tiene bastante claro, y no le pesan sus cuatro matrimonios anteriores, ni la forma espuria de acumular dinero y de gastarlo con sus amantes.

Un film que entretiene y que garantiza algunas lágrimas a los amantes de las sensaciones fuertes, incluídas las custodias de los niños, compartidas o no.

 

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