Cuentos de Tokio.Yasujiro Ozu



Ficha técnica:

Título original: Tôkiô monogatari
País: Japón
Año: 1953
Duración: 136 minutos

Dirección: Yasujiro Ozu
Guión: Kôgo Noda, Yasujiro Ozu
Dirección de Fotografía: Yuuharu Atsuta
Música: Kojun Saitô
Edición: Yoshiyasu  Hamamura
Dirección artística:

Diseño de Vestuario: Taizo Saito

Productor: Takeshi  Yamamoto
Compañías. Productora: Shochiku  Kinema Kenyû-Jo; distribuidora De APlaneta Entertainment, Acontracorriente Films

Intérpretes:

Chishû Ryû :Shukishi Hirayama,
Chieko Higashiyama :  Tomi Hirayama,
Setsuko Hara :Noriko Hirayama,
Haruko Sugimura : Shige Kaneko,
Sô Yamamura : Koichi Hirayama,
Kuniko Miyake : Fumiko Hirayama - su esposa,
Kyôko Kagawa:  Kyôko Hirayama,
Eijirô Tôno, Sanpei Numata,
Más créditos en Imdb

Sinopsis:

Una pareja mayor decide viajar a Tokio para visitar a sus hijos, uno de ellos convertido en el médico de su barrio, después de que las guerras civiles de Japón los hubieran separado. Pero las cosas habrán cambiado bastante y sentirán el abismo que reina tanto entre las generaciones como entre los habitantes del campo y entre los de la ciudad. (estamosrodando)

Comentario:

Yasujiro Ozu cuenta muchas historias dentro de una misma historia y con su cámara fija capta una gran riqueza de matices  en la evolución que experimentó Japón después de la Segunda Guerra Mundial y el proceso de occidentalización de sus habitantes, que había comenzado  durante la era Meijí (mediados del siglo XIX), aunque la adopción de ciertos estilos de vida, como el vestuario, la decoración de sus casas o la alimentación de las grandes potencias atlánticas fue más lenta que la incorporación a la tecnología.

El gran maestro de cineastas de todo el mundo abordó este tema tan trascendente como un proceso de ruptura inevitable entre el padre y el hijo, trascendido a la cultura las costumbres y la idiosincrasia de los pueblos. Shukishi Hirayama y su mujer Tomi, deciden ir a Tokio, ciudad en la que han echado raíces, para ver a sus hijos, dada su avanzada edad, y lo que encuentran a su llegada  es mucha cortesía, mucha reverencia y mucho saludo, pero también mucha frialdad; La propia hija, Shige, que regenta una peluquería, se avergüenza de los dos campesinos y reniega de sus padres. El Japón industrial reniega del país ancestral que todavía se hace visible por las costuras de un progreso aún  hilvanado. Los nietos reciben a sus abuelos con fastidio y estos se llegan a ver una noche casi en la calle, como personas 'sin techo' que ironizan sobre su propia situación.

La hija pequeña, Kyoko, todavía estudiando y bajo la tutela de sus padres, conserva la pureza y la inocencia y no entiende el egoismo de su hermana Sighe que, ante la madre todavía caliente, reclama un chal y un kimono. Doris Dörrie en Cerezos en flor adapta este film a la mentalidad y las costumbres alemanas, con lo que lo que el termómetro desciende varios grados, no tanto en el recibimiento de los hijos, que es muy similar, sino en la vuelta del viudo a un pueblo en el que nadie se acerca a él para acompañarle en su pena; la mujer no goza del calor de los vecinos en un entierro en el que ni tan siquiera la familia está al completo. La realizadora germana rinde un bello homenaje a Japón a través de su protagonista Trudi, cuyo hijo predilecto huyó de la protección materna para refugiarse en el lugar que idolatraba la madre y al que nunca pudo ir, al decidir sacrificar su vida al cuidado de su familia. Noriko, la viuda del hijo que los Hirayama perdieron en la guerra, y que se mantenía fiel a su joven esposo malogrado, se encarga de informar a la joven Kyoko de que la vida es cruel, que es normal que los hijos desprecien los sacrificios que los padres han realizado por ellos y se aparten lo más lejos posible par lograr su independencia, aunque el  más joven de los hermanos lamenta el tiempo perdido junto a una madre que ya nunca verá.

Todo esto lo narra mostrando un mundo que se acaba y otro que comienza: las casas frágiles con puertas que se deslizan y permiten separar espacios en determinadas circunstancias y ampliarlos cuando interesa; cocinas claustrofóbicas, ausencia de sillas lo que obliga, incluso a los ancianos, a descansar en una incómoda posición, sendados de rodillas, descalzos y enfundados en sus incómodos kimonos. Junto a estas casas tradicionales elevadas chimeneas, filmadas en planos contrapicados, anuncian la industrialización acelerada del país, cuya prosperidad todavía no había alcanzado a los nacidos durante la gran guerra, a pesar de haber obtenido licenciaturas en las Universidades, gracias al esfuerzo de sus padres, pobladores de pequeños pueblos ancestrales. El día que muere Tomi nace esplendoroso,  anuncia calor, y nos recuerda que ya han pasado los tiempos que denunciaba 'La balada del Narayama'  de Shohei Imamura.

Comentarios

  1. Maravillosa película, aunque siempre me sorprende que se le de tantísima importancia sin ser muy diferente de muchas otras del gran Ozu ("Primavera tardía", por ejemplo). Maravillosa crítica; me ha gustado especialmente el párrafo final. Ozu es pura poesía. Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me satisface extraordinariamente recibir tan buenas vibraciones de un buen escritor como tú. Un saludo.

      Eliminar

Publicar un comentario

¡Deja tu comentario aquí!