Idiocracia. Mike Judge





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Ficha técnica:

Título original: Idiocracy
País: Estados Unidos
Año: 2006
Duración: 85 minutos

Director : Mike Judge
Guión: Mike Judge y Etan Cohen,  basado en una historia de Mike Judge
Casting: Mary Vernieu, c.s.a.
Director de fotografía: Tim Suhrstedt, a.s.c.
Música: Theodore Shapiro
Edición: David Rennie

Diseño de Vestuario: Debra McGuire

Productores: Mike Judge y Flysa Koplovitz
Productor ejecutivo: Michael Nelson
Diseño de producción: Darren Gilford
20th Century Fox; ternion Production

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Intérpretes:

Luke Wilson
Maya Rudolph
Dax Shepard
Terry Alan Crews
David Herman

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Sinopsis:

Un bibliotecario, Joe Bowers (Luke Wilson),  y una prostituta participan en un proyecto de crionización, pero son olvidados durante 500 años. Al despertar se encuentran con una sociedad idiotizada. Al despertar descubre que es el hombre más  inteligente de la tierra y se convierte en consejero del Presidente de Estados Unidos.

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Críticas:

"Pocas comedias americanas recientes hurgan con tanta pertinencia en el estado (y el porvenir) de nuestra cultura globalizada." (Jordi Costa. Diario El País)

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Comentario

Mike Judge es un realizador  que ha desarrollado profesionalmente múltiples facetas de la profesión cinematógrafica, y ha realizado trabajos como guionista, director, animador,' cartunista' o dibujante de cómics,y ha puesto su voz a personajes en películas de dibujos ... Idiocracia es una cinta distópica, o cacotópica, según terminología de Bentham,  en la que  la ciudad del futuro, llena de desperdicios y basuras, ha olvidado incluso  el sentido originario de las palabras; realizada en todo de comedia,  la sordidez no adopta las tonalidades frías y grisáceas habituales, sino el colorido del cómic y la historieta gráfica.  Los 'malos' y perversos de la historia son ante todo idiotas, frikis sin inteligencia, ya que en los albores del siglo XXI la sociedad evolucionó hacia un atontamiento general y el trabajo productivo fue sustituido por el juego. La desaparición de los depredadores comenzó a premiar a los que más se reproducían y los más inteligentes comenzaron a ser una especie en extinción.

Quienes nos siguen habitualmente saben que no nos cansamos de señalar cómo algunos cineastas escudriñan tan minuciosamente la sociedad en la que viven y  en la que se dan los suficientes signos que permiten 'predecir' el futuro inmediato, que, aunque sus  producciones son contempladas como bizarras por  un sector de la sociedad que acude todavía al cine, pero marca las distancias con los productos más populares, etiquetados como 'mainstream', y en ocasiones repliegan velas  con tal premura que se precipitan hacia el lado contrario con la misma intrepidez, se convierten en las mejores crónicas de las crisis y los momentos que las preceden. Mike Judge denuncia la descomposición social tras lo que denomina , cargado de cinismo y causticidad, la 'Gran avalancha de basura' de 2005', (futurible que desde 1999 se adelanta en dos años a la primera crisis global),  producida a causa de la  última descarga de un  pequeño camión en una montaña de desperdicios más alta que el Everest, que cambiaría el rumbo de la historia para siempre, borrando cualquier signo de progreso, sustituido por la idiotez. Una sola gota colmó un vaso a punto de rebosar, del mismo modo que la caída de Lehman Brothers derribó, como un castillo de naipes, la quimera de un desarrollo sostenible que se sustentaba en  frágiles pompas de jabón.

Los servicios públicos se deterioran, los hospitales se convierten en salas de juego llenas de mierda que nadie recoge, los restos de los rascacielos no se apuntalan, se atan, y apenas sobresalen entre las montañas de desperdicios, que más tarde emularía Andrew Stanton en Wall-E (2008). Las escuelas desaparecen, las superficies comerciales se convierten en universidades y el idioma se deteriora hasta  tal punto que se convierte en un híbrido de paletismos, horteradas, macarradas y diversos gruñidos; Joe, procedente del pasado,  es capaz de entenderlos a ellos, pero cuando habla usando una expresión normal, incluso mediocre quinientos años atrás, es amenazado por grupos de otros  jóvenes a los que les suena  a pedante y amargado. El film supone una auténtica reflexión de la situación adónde podemos llegar si se desprecia el trabajo, la avaricia esclaviza a los que producen, y las masas se dedican al 'dolce far niente', vegetando en el salón de su casa, (no hogar),  tumbados en el sofá, ante gran cantidad de pantallas, rodeados de  múltiples mandos a distancia, en un contexto repleto de residuos que nadie se molesta en recoger. Una imagen fácil de evocar por cualquier espectador.

Sólo el trabajo, no la especulación, produce riqueza, y de nada sirve disponer de infinidad de  billetes sin valor, si se vive en un vertedero en el que reina la idiotez generalizada y en  el  que cualquier descerebrado puede detener a gente detectada por máquinas tan estúpidas como el que las hace, en cuyo funcionamiento lo normal es el error. Destruido el estado de bienestar, generalizada la inacción, si por cualquier nimiedad un hombre o mujer cae  en manos de la 'policía', altamente destructiva, una vez detenido, el 'ciudadano' se enfrenta a una justicia que ya no sólo es ciega, sino además tonta, lo que da lugar a todo tipo de arbitrariedades. Lo mejor del film es que Judge narra su historia sin el tinte apocalíptico que acompaña a las distopías, sino exagerando hasta el esperpento la realidad de una sociedad cada vez más desestructurada y buscando la complicidad distendida del público, al que entretiene a la par que pone sobre aviso. La única profesión que se mantiene a lo largo de la Historia (con mayúsculas) es la prostitución, ejercida con mayor desahogo merced a la tontería de los clientes, lo que resulta de gran utilidad para la compañera-prostituta del bibliotecario criogenizado quinientos años antes.


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