Titanic. James Cameron




Ficha técnica:


Título original: Titanic
País: Estados Unidos
Año: 1997// 2012 : versión 3D
Duración: 195 minutos

Direión: James Cameron
Guión: James Cameron
asting: Mali Finn, .c.s.a.
Director de Fotografía: Russell Carpenter, a.s.c.
Música: James Horner ; supervisor: Randy Gerston; My heart will go on de James Horner, letr de Will Jennings, interpretada por Celine Dion
Edición: Conrad Buff, a.c.e., James Cameron y Richard A.Harris
Director artístico: Martin Laing
Decorador del set: Mihael Ford
Efectos espeiales: Thomas L. Fisher
Supervisor efetos visuales: Robert Legato
Coordinador de especialistas: Simon  Crane

Diseo de Vestuario: Deborah L.Scott
Responsable de maquillaje: Tina Earnshaw
Responsable de peluquería: Simon Thompson, Kay Georgiou

Productores: James Cameron y Jon Landau
Productor ejecutivo: Rae Sanchini
Productor asociado: Pamela Easley Harris
Co-productores: Al Giddings, Grant Hill, Sharon Mann
Diseño de produción: Peter Lamont
Paramoun Pictures, 20th Century Fox, Lightstorm Entertainment Prodution


Intérpretes:


Leonardo DiCaprio: Jack Dawson
Kate Winslet: Rose Dewitt Bukater
Billy Zane: Cal Hockley
Kathy Bates: Molly Brown
Frances Fisher: Ruth Dewitt Bukater
Gloria Stuart: Old Rose
Bernard Hill: Capitán Smith
Jonathan Hyde:  Bruce Ismay
Victor Garber: Thomas Andrewus
David Warner: Spicer Lovejoy
Danny Nucci : Fabrizio
Suzy Amis: Lizzy Calvert
Bernard Fox: Coronel Archibald Gracie
Bill Paxton: Brock Lovett



Premios (Filmaffinity):


1997: 11 Oscars, incluyendo mejor película, director, fotografía, sonido. 14 nom.
1997: 4 Globos de Oro: Mejor película drama, director, BSO, canción. 8 nom.
1997: 10 nominaciones a los BAFTA, incluyendo mejor película y director
1997: Premios Cesar: Nominada a mejor película extranjera
1997: National Board of Review: Mejor director
1997: Critics' Choice Awards: Mejor director (Cameron). Top 10 - Mejores películas del año


Sinopsis:


Dos jóvenes, Jack y Rose, cruzan sus destinos en el viaje  inaugural del 'insumergible' R.M.S. Titanic. Pero cuando un fatídico día el curcero de lujo choca contra un iceberg en el gélido océano Atlántico Norte, un apasionado encuentro amoroso se convierte en una desesperada carrera por sobrevivir.




Crítica:


La película de los noventa (al menos en cuanto a sus cifras y récords de nº de Oscars, presupuesto y recaudación en taquilla) rebasó todas las expectativas. Fuimos a ver efectos especiales y nos encontramos con una magnífica (y muy bien contada) historia de amor que nos conmovía y convencía.... cuando en esto llegó el iceberg. Entonces sufrimos con la tragedia de la romántica pareja (aunque evidentemente sobraba el Zane pegando tiros) mientras un espectáculo épico nos dejaba boquiabiertos y nos humedecía las pupilas. El resto es historia: el público hizo de Leonardo Di Caprio una estrella y de "Titanic" una máquina de recaudar dinero, además de una obra maestra del cine popular.(Pablo Kurt. Filmaffinity)



Comentario:


Ha llegado el momento de dedicarle un espacio en el blog al film más taquillero de la historia del cine, junto con Avatar, amba películass de James Cameron, por dos razones que afectan a la industria cinematográfica y que han obligado a replantearse un película que hizo correr ríos de tinta. La primera es la aplicación del 3D, la técnica más vanguardista desde que el realizador norteamericano escandalizara al mundo con la aplicación de la tecnología digital al tratamiento de la imagen, que ha supuesto un esfuerzo adicional de 16 millones de dólares; la otra cuestión que nos ha llevado de nuevo ante esta odisea en el mar ha sido poder disfrutar de un Leonardo veinteañero y analizar la evolución del actor en los últimos diecisiete años, en los que ha dado páginas gloriosas a la industria cinematográfica, trabajando para los mejores directores de la segunda mitad del siglo XX y los albores del XXI (Lasse Hallstrom, Sam Raimi, Baz Luhrman, Steven Spielberg, Edward Zwick, Ridley Scott, Christopher Nolan, Clint Eastwood, Quentin Tarantino y especialmente Martin Scorsese, entre otros). Por esta razón estudiar la historia del actor equivale a estudiar la historia del cine de estos últimos años, que le cedió el protagonismo de muchas de sus obras más importantes.

El film de Cameron, que fascinó de tal modo al público de la época, tiene un gran protagonista, el Titanic, un gigante del que todos hablan, al que todos admiran, mientras describen la belleza de su diseño, su envergadura, sus características técnicas que lo hacen insumergible, mientras se va mostrando por partes al espectador. Su caparazón, perforado por cientos de ventanas que emiten la luz de sus aposentos, deslizándose y abriendo las aguas con la proa; la sala de máquinas, la de control, los salones de la primera clase, los espacios reservados a la tercera, las anclas...Todo gira en torno a él y en torno a él se teje la historia de amor más intensa en la que Eros se va a encontrar con Tanatos; Cameron juega con un sentimiento de los espectadores que conocen el destino del buque de lujo desde antes de comenzar la historia, no así los protagonistas,  manteniendo la expectativa en torno a la puesta en escena de esta tragedia, que es lo que les va a dar el cineasta más atrevido del momento, que no va a dudar en acudir a los especialistas para hacerlo más verosímil con todas las técnicas a su alcance.

De forma paralela, la forma en la que luchan los pasajeros demuestra que mientras hay vida hay esperanza y la única incógnita que los atormenta es saber cómo se producirá su muerte, si finalmente acaece. El que ha sido hasta el momento receptáculo del amor se convierte en la tumba de más de mil quinientos  hombres, mujeres y niños, cuyo salvamento no estaba previsto por la compañía naviera. El Titánic, al margen de su realidad física, que como los seres vivos nace y finalmente muere, es una célula social que contiene en su interior una réplica del sistema social de comienzos del siglo XX (1912), con clases sociales separadas en compartimentos estancos muy difíciles de transitar, algo que consigue ocasionalmente Jack cuando salva a Rose de un suicidio inminente. Cuando está a punto de cruzar el umbral que le introduce en el espacio reservado a la clase alta, una burguesa que ha ascendido en la escala social por su dinero, pero que sigue gozando del desprecio de los altaneros representantes de la jet, le advierte de que está a punto de entrar en la cueva de la serpiente, aunque lo haga disfrazado de cocodrilo,- lo que es una concesión a su amada -, con el frac que le presta Molly. La desagradecida familia de la joven se encarga de recordarle quién es y de impedirle que transite libremente por el barco, para no molestar al despreciable novio de la hija.

Transcurrida más de década y media desde su primer estreno, la aplicación de la tecnología en 3D dio la oportunidad a muchos de replantearse su primera valoración, y si en principio la anatematizaron y condenaron a sus protagonistas a un pretendido ostracismo del que salieron pronto y con éxito, tanto Leonardo como Kate Winslet, hoy se han excedido, han lanzado el péndulo con fuerza en dirección contraria y han saludado la cinta como condenadamente deslumbrante y un  espectáculo visual sin precedentes. Como hemos visto como Pablo Kurt (Filmaffinity) habla de cine popular, olvidando que precisamente el cine nació y sigue viviendo como entretenimiento de los pobres, mientras que el teatro es un lujo de las clases medias y altas, que siguen prefiriendo ignorar la fascinación del cine, desde el nacimiento de la linterna mágica hasta casi nuestros días,  y de los cambios en el trabajo de los actores que supuso la incorporación de la  cuarta pared.

Dos iconos han conseguido ingresar en el imaginario popular: el brillante azul que colgaba del pecho de Luis XVI antes de que le separaran la cabeza del cuerpo, y que el  prometido de Rose le había regalado; esta joya ficticia, Le coeur de la mer/El corazón de la mar, perseguida por buscadores de tesoros, que adornaba la garganta de la protagonista cuando la pintó Jack sólo podía ir a parar al fondo del mar junto a su amante. La otra imagen cargada de romanticismo es la del amor a la música de los artistas que la liberan con su destreza, y que, conscientes de que van a morir, prefieren  hacerlo disfrutando de su pasión; nadie les hace caso, pero cuando entretienen a los burgueses llenos de vida, tampoco.

Ahí está la obra de uno de los wonder boys que se enfrentó a la batalla épica del buque más moderno de comienzos del siglo XX, fabricado en los astilleros de Liverpool, un emblema de la sociedad capitalista e industrial, que hizo aguas cuando se puso en su camino un iceberg. Para representar esta tragedia política, económica y social se sirvió de los mejores recursos de su tiempo, y le ocurrió lo que les ocurre a todos los que innovan: recibieron el desprecio de quienes se encontraban muy a gusto con la formas de hacer dominantes en ese momento y que sentían aversión por los cambios. Si bien es verdad que la forma es la función, el cine no podía vivir de espaldas a la realidad, sobre todo si tenemos en cuenta que como advierte Scorsese en la carta que ha escrito recientemente a su hija que debuta en la profesión, están muy cercanos los tiempos en que jóvenes muy bien dotados, de grandes ideas y bien formados,  podrán realizar los mejores productos en su propia casa y con una escasa financiación, especialmente si han sido expulsados del mercado laboral y son capaces de compartir con creadores procedentes de distintas áreas, -música, fotografía, diseño digital, vestuario...-, y articularse para producir magníficas obras. Ya está pasando.

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