La heredera. William Wyler


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Ficha técnica:

Título original: The Heiress
Dirección: William Wyller
Guión: Ruth and Augustus Goetz, basada en la obra "The Heiress, inspirada en la novela de Henry James 'Washington Square'
Director de fotografía: Leo Tover, a.s.c.; efectos especiales: Gordon Jennings, a.s.c.
Música: Aaron Copland
Editor: William Hornbeck
Director artístico: John Meehan
Decorador del set: Emile Kuri

Diseño de producción: Edith Head
Supervisor maquillaje: Wally  Westmore
Responsable del armario: Gile Steela

Productor. William Wyler
Productores asociados: Lester  Koenig, Robert Wyler
Diseño de producción: Haeey Horner
Compañías. Paramount

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Intérpretes:

Olivia Havilland: Catherine Sloper
Montgomery Clift: Morris Townsend
Ralph Richardson: Doctor Austin Sloper
Miriam Hopkins: Lavinia Penniman
Vanessa Brown: María
Mona Freeman: Marian Almond
Ray Collins: Jefferson Almond
Betty Linley: Mrs. Montgomery
Selena Royle: Elizabeth Almond

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Sinopsis:

Adaptación de la famosa novela de Henry James, ambientada en la Nueva York de mediados del siglo XVIII, donde una joven heredera poco agraciada físicamente y a punto de abandonar la juventud es pretendida por un apuesto joven que sólo busca su dinero. Aunque su amor por el joven es ciego, su despótico padre la obligará a abrir los ojos a la cruda realidad.

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Premios:

1950: Oscar a la Mejor Actriz para Olivia de Hallivand
1950: Oscar Mejor Dirección Artística para  John Meehan, Harry Horner, Emile Kuri
1950: Mejor Diseño de Vestuario: Edith Head, Gile Steele
1950: Oscar a la Mejor Banda Sonora para Aaron Copland

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Comentario.

Ahora que se acerca la entrega de los premios de la Academia de Cine Americano, hemos querido volver atrás y  revisar alguna de las películas que merecieron la atención de los magnates de esta prestigiosa institución y se llevaron una o varias de las codiciadas estatuillas de oro, para comprobar cómo han cambiado los gustos a lo largo del tiempo, no sólo en aquellos aspectos que están más relacionados con el avance de la ciencia y la tecnología, sino con el gusto del público por las historias bien contadas, aunque no se puede aplicar un criterio universal ya que hay muchas formas válidas de contar, que difieren radicalmente.

William Wyler adapta un relato de Henry James, una de las grandes figuras literarias norteamericanas, que acabó sus días nacionalizándose británico, cuyas obras se caracterizaban por el análisis psicológico de los personajes desde su interior, y buscaba el contraste entre la inocencia de su país de origen con la experiencia corruptora del viejo continente, al que acudían los americanos, no sólo a completar su formación, sino para alejarse de conflictos personales con la esperanza de encontrar la cura al dolor y la decepción de sus fracasos.

Este es el caso del joven Morris, que gasto una pequeña herencia en realizar un viaje por Europa para adquirir un mayor conocimiento del mundo y una formación cultural exquisita, y, convertido en un dandy regresó a su tierra en busca de una mujer rica que pudiera satisfacer sus pretensiones, y la encuentra en una joven burguesa, hija de un médico de reconocido prestigio y una renta de 30.000 dólares anuales, una inmensa suma en aquella época, pero de carácter inhibido como consecuencia de su escaso atractivo físico que  era tanto más insoportable para la mujer al ser hija de una bella dama con la que constantemente la comparaba el  padre, con el objetivo de destacar sus limitaciones y prevenirla de los caza-dotes. Pero el progenitor no sólo prevendrá a su hija contra el hombre que la corteja por su patrimonio, provocándole un trauma mayor, sino que previamente intentará que olvide este amor en un viaje también por Europa.

El resultado es un melodrama de gran intensidad, de acuerdo con el gusto de la época, en el que el orgullo herido debe ser vengado  y las grandes pasiones necesitan encontrar un cauce adecuado para su plena satisfacción, aunque ciertas decisiones impongan grandes sacrificios. Un buen retrato de la ascendente burguesía, que en menos de un siglo habían acabado imponiéndose definitivamente, vivían en grandes mansiones, eran respetadas y habían sustituido a los antiguos esclavos negros  por criados blancos, al modo europeo. Las demás clases han sido desplazadas del relato, y el único contacto con el exterior es a través de la criada, perteneciente a las clases trabajadoras que lucharon con los burgueses en la revolución que los convirtió en la clase dominante.

     

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