My Queen Karo. Dorothée Van Den Berghe




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Ficha técnica:

Título original: My Queen Caro
País: Bélgica
Año: 2009
Duración: 37 minutos

Dirección: Dorothée Van Den Berghe
Guión: Dorothée Van Den Berghe
Casting director holandés: Oi Mundo Casting,  Rebecca Van Unem
Dirección de Fotografía: Jan Vancaillie
Música: Peter Vermeersch
Escenografía: Dorothée Van Der Berphe
Montaje: Marie Hélène Dozo
Decorados: Gert Stas
Sonido: Christian Monheim
Diseño de sonido: Gert Janssen

Diseño de Vestuario: Bernadette  Corstens
Maquillaje y peluquería: Daphne Zwaneuberg

Productor: Frank Van Passel, Bert Hamelinck, Kato Maes
Productor delegado: Arielle Sleutel
Co-productores: Frans Van Gestel, Jeroen Beker, Joseph Rouschop, Valérie Boornonville, Ariete Zylberberg
Distribución: Karma Films; producción: Caviar IDTV Film & Tarantula Stellen, en co-producción con NPS, één & RTBF(Televisión Belga); Vlaams Audiovisueel Fonds, Nederlands Fonds

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Intérpretes:

Anna Franziska Jäger: Karo
Déborah François: Dalia
Matthias Schoenaerts: Raven
Maria Kraakman: Alice
Samuel Du Chatimier: Daniel
Cezanne Q. Cuypers; Tara
Ward Weemhoff: Joop
Nico Sturm: Barré
Dragan Bakema: Frans
Rifka Lodeizen: Jacky

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Sinopsis oficial:

Karo, una niña de diez años, vive con sus padres en una comuna de Amsterdam durante la década de los setenta. Su existencia, marcada por el hecho de ser hija única y por vivir en aquella utopía creada por los adultos que la rodean, transcurre sin preocupaciones. Aunque conforme a los principios de aquel modo de vida todo lo que hay en la casa se comparte, pronto se hace patente que no todo el mundo está preparado para cumplir este precepto. Karo se encuentra dividida entre el amor que siente por su madre y la lealtad que les debe a su padre y a los ideales de éste. (Filmaffinity)

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Comentario:

Hay que matizar la diferencia que existe entre el miembro de una comuna y un okupa, ya que, aunque reunan ciertas características similares, como su actitud anarquista ante los condicionantes sociales, el segundo es el ocupante de lo que se denomina centro social autogestionado y libertario, una propiedad privada de la que se han eliminado los tabiques, y se ha suspendido deliberadamente el pago de los suministros, agua o luz, en unos espacios en los que los adultos cohabitan con los niños.  Un panorama bien diferente del que describía Marie Kreutzer en Die Vaterlosen. Dorothée Van Den Berghe incide además en los aspectos ideológicos de la ocupación de un bien privado, un pecado capital en la sociedad capitalista, que se transmite a los hijos de los activistas, que se dividen entre la aceptación del hecho de la supresión de la propiedad privada de los bienes materiales, la liberación de los cuerpos de sus padres y la  socialización abierta y pública de todo para todos.

Karo no lleva bien el hecho de que su padre incorpore una nueva compañera que comparta su afecto con su madre; de momento lo acepta por la llegada de dos niños con la mujer, pero tan pronto como su padre se los lleva a su casa, un lugar que considera más adecuado para su formación, la niña se rebela, y se divide entre sus progenitores, no sólo en cuestiones afectivas, sino también ideológicas. El tema está tratado con un pretendido realismo no exento de idealización  en la selección de unos actores con unos cuerpos standar para ser exhibidos, lo que en la vida real no siempre es así, un color saturado y muy tratado, y un final un tanto moñas, que no se corresponde con el tono general del film; en el enfrentamiento entre Raven y su esposa, más liberal y comprometido con la lucha de los okupas él,  más conservadora, trabajadora y partidaria de pagar sus deudas ella, la realizadora toma partido claramente por la mujer, más preparada para educar a una adolescente. Toda la lucha de estos jóvenes es muy explícita, claridad a la que contribuyen no sólo las imágenes, sino los discursos del padre y las protestas de la niña.

Filmada entre Bélgica, país del que proceden los okupas,  y Holanda, concretamente la ciudad de los canales, Amsterdam, en la que se desarrolla la acción, evidencia la costumbre de estos pueblos de enfrentarse a este tipo de luchas de forma diferente al resto de los europeos. Se debate en torno a la oportunidad de que un niño crezca en este ambiente, pero se hace con serenidad, sin extremismos, y, como ocurría con Marie Kreutzer, equilibrando los pros y los contra de cada opción educativa. Una secuencia muy ilustrativa es aquella en la que la niña está comiendo patatas fritar en un bar y ve en la televisión cómo la policía entra en su casa y su padre se enfrenta a ella. Un cliente arremete contra el movimiento okupa desde una perspectiva populista y poco informada, y la niña sabe repeler la agresión, entendiendo bien la diferencia entre la postura radical que defiende su progenitor y la aceptación de todo tipo de injusticias y la frustración derivada de esta actitud del hombre, de apariencia modesta, que habla.

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