Cielo de Octubre. Joe Johnston




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Ficha técnica:

Título original: October Sky
País: Estados Unidos
Año: 1999
Duración: 108 minutos

Dirección: Joe Johnston (Jumanji, 1995; Parque Jurásico III o Capitán América: el primer vengador, 2011)
Guión: Lewis Colick, basado en la novela homónima de Homer  H. Hickman, Jr.
Director de Fotografía:  Fred Murphy
Música: Mark Isham
Montaje: Robert  Dalva

Productores: Larry J.Franco, Charles Gordon, Marc Sternberg
Compañías. Universal Studios.


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Intérpretes:

Jake Gillenhaal: Homer Hickman
Chris Cooper: John Hickman
Natalie Canerday: Elsie, la madre de Homer
Scot Miles II: Jim Hickman
Laura Dern: Frieda Riley, profesora de Homer
Chris Owen: Quentin
William Lee Scott: Roy Lee
Chad Lindberg: O'Dell

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Sinopsis:

Se basa en la historia real de Homer Hickman, hijo de un minero de Coalwood, Virginia Occidental, que, inspirado por el lanzamiento del Sputnick y tras contemplar su trayectoria en el cielo, se entregó con entusiasmo a la construcción de cohetes, pasión que lo condujo, finalmente, a convertirse en una auténtico científico de la NASA. En ocasiones estos esfuerzos se ven recompensados, como le ocurrió a Hickman, que contó su experiencia en un libro homónimo.

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Comentario:

De acuerdo con la crítica más convencional se podría decir que 'Cielo de Octubre' es una joya de final del siglo XX, que descansa en un buen guión, buenas interpretaciones y una inmejorable banda sonora que incluye éxitos de los años 60, todo ello orquestado por el creador de grandes fantasías, Joe Johnston, y un montaje eficaz de Robert Dalva, en la línea estética que iniciara años atrás Steven Spielberg y continuaran directores como J.J.Abrams, con una labor de postproducción que se inclina por los filtrados azules, muy en boga en la actualidad, que dan solidez al color de la película. En definitiva, una cinta que emula a las grandes producciones de ciencia ficción de la segunda mitad del siglo pasado para narrar hechos reales y dotarlos del magnetismo y el aura que rodea los inicios de cualquier avance científico-tecnológico y que provoca la incredulidad de amplios sectores de la población.

Pero Cielo de Octubre es algo más: una mirada nostálgica a los tiempos de la carrera espacial, en los que Estados Unidos inicia una competición con la URSS por el dominio del espacio, tras el lanzamiento del Sputnick por  los rusos, que acabó con el proyecto de la primera nave tripulada por un ser humano, el Apolo 11, que llevó a los primeros hombres a la Luna, los astronautas Neil A. Armstrong, de 38 años; Edwin E. Aldrin Jr., de 39 años y piloto del LEM, apodado Buzz; y Michael Collins, de 38 años y piloto del módulo de mando.Todos estos acontecimientos inspiraron no sólo a los jóvenes de aquella época, que colocaban en sus mesillas de noche objetos que emitían el sonido del Sputnik, disfrutaban con las imágenes de la Soyuz, estación espacial ruso-americana o con el alunizaje del Apolo, sino a los cineastas durante varias décadas, y que, al margen de las películas que tenían la carrera espacial como núcleo temático fundamental, se introdujo de soslayo en títulos tan emblemáticos como 'El resplandor' de Stanley Kubrick (1980, a través del bordado del jersey de Danny Torrance (Danny Lloyd), hijo de Jack (Jack Nicholson), o en la entrañable 'Good bye Lennin' de Wolfgang Becker (2003), una cinta sobre la caída del comunismo en la República Democrática Alemana, en la que su protagonista, Alex, interpretado por Daniel Brühl, lanza las cenizas de su madre muerta al espacio. Magníficas y emocionantes imágenes de una población contemplando admirada la trayectoria del cohete de Homer y mirando al cielo con esperanza en un mundo mejor dan paso al lanzamiento de la primera astronave tripulada por seres humanos con destino al satélite de la Tierra. Todos 'los chicos del cohete' se graduaron en la Universidad, cuando los avances de la ciencia que tenía por objeto el espacio era vista como una ficción que superaba la del film  al que rinde homenaje Joe Johnston: El increible hombre menguante (The incredible Shrinking man, 1957).

Más aún, la película de Johnston no sólo intenta rememorar aquellos tiempos en los que el sueño americano, tantas veces traído y llevado, gozaba de buena salud y los norteamericanos no habían recibido un golpe mortal en su elevada autoestima, producto de su intervención en la Segunda Guerra Mundial  en Europa, que los convertía en adalides de la democracia y la libertad, al ser derrotados, física y moralmente, en Vietnam, sino que los principios en los que se asientan estos valores eran sólidos en el mundo occidental y defendidos a ultranza por la profesora Frieda Riley, cuando se opone a que sus alumnos sean esposados en el interior de una institución educativa en una ocasión y en otra defiende su libertad de cátedra ante el director del centro, que, invadiendo el principio de su autoridad en el aula intenta expulsar a Homer de ésta, con el argumento de que ya no es alumno del Instituto. Unas prerrogativas  de las Iglesias y las Escuelas y Universidades que recientemente han sido violentadas, (entrada de la policía en la Sorbona, ocupada por 400 estudiantes, en marzo del 2006, con un resultado elevado de detenidos y heridos,  bajo el gobierno de Sarkozy),  ante la pasividad de una población que ve cómo se merman sus derechos sin capacidad de reacción. Joe Johnston estaba orgulloso de pertenecer a un país en el que las crisis sociales y económicas no se habían llevado por delante aquellos baluartes que habían convertido al mundo occidental en el representante del menos malo de los sistemas políticos.

Un film que hará llorar a más de uno de sana emoción, fomentada por las fanfarrias de Mark Isham que glorifican los momentos más significativos del film. Una pequeña joya que pone el cierre al siglo XX y que en algunos países ha sido utilizada en programas de formación de los jóvenes. Una oportunidad par poder disfrutar de los primeros pasos de Jake Gyllenhal (hermano de Maggie Gyllenhaal) en el cine, en su cuarta película que traspasó la frontera de los Estados Unidos.

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