Paraíso : amor. Ulrich Seidl





Ficha técnica:


Título original: Paradies Liebe
País: Austria
Año: 2012
Duración: 121 minutos

Director: Ulrich Seidl
Guión: Ulrich Seidl y Veronika Franz
Casting: Eva Roth
Dirección de Fotografía; Wolfgang Thaler, Ed Lachman
Montaje: Christof Schertenleib
Decorados: Renate Martin, Andreas Donhauser

Diseño de Vestuario y maquillaje: Tanja Hausner

Productores: Ulrich Seidl Filmproduktion GmbH
Coproductores: Tat Film Parisienne de Production
Diseño de Producción: Max Linder
Compañías: Österreichisches Filminstitut, Filmfonds Wien, ORF ( Film/Fernsehabkommen), Eurimages, ARTE France Cinéma, WDR ARTE, ART Degeto, Land Niederösterreich, CentreNational du Cinéma et de l'image animée, Media Programm der europäischen Union; distribución: Cameo, Golem



Ficha artística:


Margarethe Tiesel: Teresa
Peter Kuzungu: Munga
Ingue Maux: amiga de Teresa
Dunja Sowinetz: Sugar mama 1
Helen Brugat: Sugar mama 2
Gabriel Nguma Mwarua: Gabriel
Carlos Mkutano (Wolf): Salama

Premios:


Selección oficial Festival de Cannes


Sinopsis:


Teresa, una austriaca de cincuenta años y madre de una hija adolescente, decide irse de vacaciones a ese paraíso del exotismo que son las playas de Kenia. Busca amor, pero pasa de un 'beach boy' a otro, de desilusión en desilusión, y acaba por rendirse ante la evidencia de las playas de Kenia,el amor es un producto comercial.



Críticas:


Ulrich Seidlcineasta austriaco, ( Import Export ),  más conocido como documentalista (Tierisc Hundstage, que le reportó el Gran Premio del Jurado en Venecia), regresa con Paraíso amor, (Paradis:liebe), su " retorcida obra posee notable eco en los festivales empeñados en ser modernos, vuelve a recrearse en esa sordidez que le es tan grata describiendo el turismo sexual que practican en Kenia varias señoras austriacas de la tercera edad.  Paraíso: amor es  la
primera parte de una trilogía dedicada a retratar cómo conciben sus vacaciones varios tipos de mujer.

Boyero culmina su crítica con esa mordacidad que le caracteriza:  "Imagino que este director está dotado de algún extraño e hipnótico talento ya que he soportado todo el metraje en una película de la que deseo escapar a los 10 minutos. No es agradable observar el comercio carnal que establecen mujeres sesentonas y adiposas con chavales negros que conocen aunque disimulen su precio ante las desinhibidas y hambrientas ancianas europeas que vienen a explotar su cuerpo. Todo pretende ser realista y crudo como en la vida misma, nada está adornado ni huele a ficción. Y Ulrich Seidl consigue lo que se propone. O sea, un sentimiento de asco físico y mental en el espectador al ser testigo de ese mezquino trapicheo que establecen las que tienen dinero con los que lo único que poseen es su cuerpo y su juventud. Que la sordidez no esté falseada, que la vida pueda ser tan poco estética y ética, no garantiza que eso sea arte. Salgo con sensación de hastío y de náusea de esta película. Lo que no logro entender es qué me ha retenido en ella. A lo peor, soy un mirón pervertido y masoquista."

Compartimos  la crítica de Carlos Boyero y le damos la bienvenida al club de quienes hemos estado soportando y soportamos esta situación desde los inicios del cine, sin que nadie haya osado mostrar dialécticamente los sentimientos que provoca de forma tan clara como hace este ácido crítico de cine cuando son mujeres las que buscan el sexo con hombres mucho más jóvenes que ellas. En el hombre se siente como pura poesía; se pueden leer las críticas a la última adaptación de una obra de Gabriel García Marquez, 'Memorias de mis putas tristes', del octogenario Henning Carlsen, en la que un periodista quiere darse una celebración en su noventa cumpleaños, acostándose con una adolescente virgen. Las mujeres de Ulrich Seidl son cincuentonas con sobrepeso y no se acuestan con adolescentes sino con jóvenes que, como ellas, tienen muy claros sus propósitos, ejerciendo un oficio tan antiguo como la humanidad, en el que siempre se vende la parte más débil.

Comentario:



Las imágenes de Ulrich Seidl son poderosas e impactantes, especialmente por su carácter inusual por lo poco acostumbrados que estamos a que las mujeres de edad salgan a la calle en busca de sexo sin compromiso y, además, pagado; la falta de idealización al escoger a un grupo de mujeres real, entre las que hay más o menos agraciadas, pone el relato al servicio de una función: la de demostrar la fragilidad del ser humano; Teresa el paradigma de la mujer que viaja para convertirse en una mama sugar, es una trabajadora en su país, Austria, que ha ahorrado un dinero para pasar unas vacaciones en unas playas exóticas en las que abundan hombres jóvenes dispuestos a vender su cuerpo a cambio de unos dólares a estas mujeres que son mucho más modestas de lo que ellos creen; primero les declaran su amor y luego comienzan a chantajearlas con cuantiosas  cantidades para sus familiares 'enfermos'. Ellas se creen de una raza superior, y ellos, aunque se someten en principio,  les hacen sentir el peso de su decadencia más tarde, exigiendo más y más, cuando ya las tienen enganchadas. Estas son las reglas del juego de un negocio que Teresa aprenderá;  sus compañeras de viaje, por el contrario, más avezadas,  no pretenden que las quieran, sino pactar las condiciones de un intercambio beneficioso para todos.

Las mujeres de la película tienen exceso de peso, como sus hijas, que protagonizan la tercera entrega de la trilogía (Paraís: esperanza),y pasan el verano en un campus especializado para niños y niñas también con sobrepeso. El médico de la institución, tiene cuarenta años más que Melanie, la hija de Teresa, por lo que es mayor que la madre de la niña, lo que no es óbice para que se enamore de la niña y protagonice algunas secuencias muy duras, y probablemente escandalosas en algún que otro país desarrollado, que rozan la pederastia, a pesar de los esfuerzos del galeno por reprimirse. Los críticos no ven estas imágenes tan sórdidas como las de Kenia, sino que barajan cuestiones morales y se lamentan de la existencias de cortapisas jurídicas que se interponen entre 'Dante y su Beatrice', pero no parecen sentirse asfixiados por el mismo pudor que suscita el encuentro sexual de su madre, igual de gordita que ella, y de la misma edad que el doctor, con hombres jóvenes, junto a los cuales quiere sentirse de nuevo una mujer.

La historia de Teresa demuestra que, si las reglas del juego están claras, si nadie engaña a nadie ni intenta manipular sus sentimientos, los interesados cierran el trato que conviene y beneficia a ambas partes: la mujer paga el precio convenido y el hombre tiene garantizado un buen verano con los emolumentos que recibe de la señora extranjera. Lo que produce vergüenza ajena es que un pueblo como el keniata prostituya a sus jóvenes, que esperan a las turistas-sexuales europeas, que les dan la posibilidad de incrementar sus ingresos si tienen suerte de monopolizar a una de ellas, que será su protectora, su mama sugar, durante el verano. Visualmente son muy agresivas las imágenes de tanto  viejo, hombre o mujer, en esas tumbonas en la orilla de la playa, y frente a ellos esa muralla de jóvenes esperando que alguien se fije en ellos; o el acoso que padecen las mujeres cada vez que salen del hotel por cualquier circunstancia y las rodean jóvenes en moto, que en muchas ocasiones les han comprado ellas, matando dos pájaros de un tiro: complacer a su amante y disponen de transporte. La pobreza de los arrabales en que viven estos jóvenes hace enrojecer, del mismo modo que sus protestas de amor.


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