Río II. Crítica de Mar Antonino de la Cámara para Cinelodeon.





RÍO. La nueva entrega de Rio no decepciona. El ritmo que nos ofrece la primera sigue siendo la nota característica de su secuela. En esta ocasión no faltan los bailes y, ¡aún más!, las vistosas coregrafías dignas del Carnaval de Rio. Precisamente  al dinamismo de la película contribuye el  elenco de personajes que aumenta, sin perder fuerza. Cada uno de ellos en su rol bien demarcado, tierno y cómico a su manera cumplen la misión de crear un halo de despreocupación, diversión e ingenuidad. 

Esta ingenuidad no va en detrimento del disfrute del adulto. Así, aunque dirigida especialmente a un público infantil, reserva  algunos de sus gags al humor más irónico y adulto, que se concreta especialmente en la figura de Nigel y su “antinatural” relación con la venenosa Gabi. 

Sin embargo, no todo es agradable. Los temas que aborda, aunque variados, son  típicos: el amor, las raíces, el respeto a la naturaleza, la integración, el valor, los celos, etc. El problema no son las temáticas elegidas (es necesario continuar repensándolas) sino el tratamiento manido de las mismas. Rio II no consigue desprenderse de un tono de moralina facilón y casi tosco. Por supuesto, la película no sorprende, ocurre en cada escena lo que predijimos en la anterior, pero ni siquiera esto es tan irritante como el pecado mayor:  el recalcitrante machismo que no se esfuerza en disimular y, peor aún, que no ha sido identificado, en el sentido en que no se es consciente de él. Blue tiene que demostrar continuamente su “hombría” y masculinidad a su mujer, Perla, cuyo papel consiste en decidir en el espacio de lo privado, la familia, y en constituirse como eje de las relaciones de poder entre los tres hombres que pelean por ella: su padre, su marido, su pretendiente. 

En conclusión, es una película inteligente y divertida que cumple con la exigencia que se espera de ella: salir renovado y más alegre del cine, pero igual de plano que antes. 
            
Mar Antonino de la Cámara.

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