De tal padre, tal hijo . Hirokazu Kore-Eda





Ficha técnica:


Título original: Like Father, like son
País: Japón
Año: 2013
Duración: 116 minutos

Dirección: Kore-Eda  Hirokazu
Guión: Kore-Eda Hirozaku
Casting: Tabata Toshie
Director de Fotografía: Takimoto Mikiya
Música: Matsumoto Junichi, Mori Takashi, Matsubara Takeshi
Iluminación: Fujii Norikiyo
Sonido: Tsurumaki Yukata (.j.s.a.)
Decorador del set: Matsuba Akiko

Estilistas: Kurosawa Kazuko y Furukawa Narumi
Maquillaje y peluquería: Momose Hiromi y Furukawa Narumi


Productores: Matsuzaki Kaoru, Taguchi Hijiri
Productor asociado: Osawa Megumi
Jefe de Productores ejecutivos: Kameyama Chihiro, Hatanaka Tatsuro y Tom Yoda
Productores ejecutivos: Ogawa Yasushi, Harada Chiaki, Odake Satomi
Productor en línea: Niino Yasuyuki
Diseño de producción: Mitsumatsu Keiko
Compañías. Productoras: Gaga, Jury PrizeDistribución de video: Cameo



Intérpretes:


Fukuyama Masharu
Ono Machiko
Maki Yoko
Lily Franky
Ninomiya Keita
Hwang Shogen
Nakamura Yuri
Takahashi Kazuya
Yoshida Yoh
Pierre Taki
Ciudadanos de Maebashi y estudiantes del Himawari Theatre Group Ic./A-Light Theatre Academy/Vesta Inc.




Premios:


2013: Premio del Jurado del Festival de Cannes



Sinopsis:


Todo lo que  Ryota tiene se lo ha ganado trabajando duro y está seguro de que nada puede estropear su perfecta vida. Pero un día, su mujer Midori y él, reciben una llamada inesperada del hospital. Keita, su hijo de seis años, no es 'su' hijo, el hospital cometió un terrible error y les entregó el niño equivocado. Ryota se ve obligado a tomar la decisión más importante de su vida: deberá escoger entre lo innato y lo adquirido.


Crítica:


El  quid de la cuestión está implícito en la propia sinopsis: la imposición por parte del destino de tener que elegir entre lo innato y lo adquirido. Un error, que luego se demuestra que no es tal, coloca en cunas equivocadas a dos bebés que nacen el mismo día. Transcurridos seis años el hombre se ha de plantear si puede dejar de querer, de pronto, a quien ha sido su hijo todo ese tiempo, lo ha educado, se ha adaptado a las condiciones de su hogar, ni mejores ni peores que otras, sencillamente las suyas, y sobrellevar la injusticia que comporta para todos hacer lo que la sociedad considera que es lo justo.

Viendo el film de Kore-Eda surge otra cuestión:  quién y qué ha influido más en los intercambios culturales entre Oriente y Occidente. Todos los personajes del film hacen las mismas cosas que nosotros, quizás con un talante más plácido, respetuoso y amable, pero a la vez más contenidos en la expresión de sus sentimientos; sólo una vez uno de los padres le pega una pequeña palmada al otro en la mejilla cuando se siente insultado. El hogar donde se ha criado Keita, hijo de Ryota, un arquitecto moderno y laico, sin altares en ningún rincón de su casa, es equivalente al de una pareja joven del mismo estatus en occidente, con espacios abiertos, nítidos y decoración minimalista. La otra familia, de extracción social más humilde, vive apiñada en una planta baja, donde el padre de familia tiene su negocio; conserva tradiciones ancestrales como rezar cada mañana ante el altar de sus antepasados o dormir y bañarse todos juntos, los padres y los niños, en bañeras pequeñas como las de los hogares actuales.

Los protagonistas de esta historia son en realidad Ryota y su hijo Keita, al que no puede dejar de querer, ni sustituir por ningún otro. Curiosamente, este relato que plantea situaciones tan enrevesadas e incluso contrapuestas, ha logrado un elogio entusiasmado del enfant terrible de nuestra crítica, Carlos Boyero: "Te asombra la capacidad del director para hablar con aparente sencillez expresiva pero enorme profundidad de un tema con tantos matices, para describir este drama con penetración y sentimiento, para que no haya ninguna sombra de tópicos, convencionalismos ni edulcoramiento en su retrato. Tampoco ofrece conclusiones fijas ante el enrevesado problema. El final es abierto, en el mejor sentido de ese término del que tanto se abusa cuando no sabes cómo cerrar tu historia. También logra implicar e identificar en algún momento a cualquier tipo de espectador en lo que está contando, independientemente de que algunos no seamos padres ni madres. Pero todos hemos sido niños y es imposible no reconocerse en sus reacciones y en sus comportamientos. Es una película que te hace sentir y pensar, una preciosa película." (Un admirable retrato de la infancia y del desgarro familiar. Diario 'El País' 18 de mayo de 2013)

Hirozaku Koreeda ha logrado vencer las resistencias de los críticos ante un tema tan proclive a la sensiblería y el melodrama, aunque ha sido superado por otro film, en esta ocasión a cargo de la francesa Lorraine Lévy, 'El hijo del otro', en el que un joven israelí descubre cuando se prepara para entrar en el ejercito que no es hijo biológico de sus padres, sino que al nacer, en medio de la guerra, fue intercambiado accidentalmente por otro bebé de una familia palestina que vive en los territorios ocupados de Cisjordania. El mundo se derrumba alrededor de estas dos familias, en las que el problema de las japonesas se agrava por el rechazo, la duda, la pérdida de identidad, los prejuicios de raza y religión, que  se erigen como espinosa barrera en sus vidas, y todos deberán intentar superarla a través de la comprensión, la amistad y la reconciliación en una atmósfera dominada por el miedo y el odio. Un grado más en el melodrama que plantea Kore-Eda que aumenta la gravedad de la situación, pues los intercambiados son jóvenes educados de una determinada manera, mucho más difícil de cambiar que la de unos niños de seis años, que el japonés plantea casi como imposible. La sensibilidad y la comunicación abierta de los sentimientos que practica la familia modesta tiene como contrapunto la filosofía de Ryota, para quien la bondad es un defecto en la sociedad actual.


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