El sueño de Ellis. James Gray





Ficha técnica:


Título original:  The immigrant
País: Estados Unidos
Año: 2013
Duración: 120 minutos

Direcció: James Gray
Guión: James Gray y Richard Menello
Dirección de Fotografía: Darius Khondji
Música: Chris Spelman Montaje: John Axelrad y Kayla Emter

Diseño de Vestuario: Patricia Norris

Diseño de producción: Happy Massee
Productores: James Gray, Greg Shapiro, Anthony Katagas y Christopher Woodrow


Intérpretes:


Marion Cotillard (Ewa Cybulska),
Joaquin Phoenix (Bruno Weiss),
Jeremy Renner (Orlando el Mago),
Dagmara Dominczyk (Belva),
Angela Sarafyan (Magda),
Jicky Schnee (Clara)



Sinopsis:


1921. Ewa y su hermana Magda dejan su Polonia natal por la tierra prometida, Nueva York. Cuando llegan a Ellis Island, Magda, enferma de tuberculosis, es colocada en cuarentena. Ewa, sola y desamparada, cae en manos de Bruno, un rufián sin escrúpulos. Para salvar a su hermana, Ewa está dispuesta a aceptar todos los sacrificios y se entrega resignada a la prostitución. La llegada de Orlando, ilusionista y primo de Bruno, le da confianza y esperanza de días mejores. Pero eso era sin contar con los celos de Bruno...


Crítica:



James Gray no es un autor prolífico, su carrera se limita a cinco películas en 20 años, pero sí el creador de un cine reconocible en su poderoso estilo, su envolvente atmósfera y la familia como eterna obsesión de su temática (...) The immigrant no es desdeñable, pero no cubre las grandes expectativas que despertaba el inteligente y original director James Gray." (Emigrantes desvaídos, lesbianas inolvidables y una falsa 'road movie'. Diario 'El País' 25 de mayo de 2013).


Comentario:


La película comienza mostrando una grave contradicción en la politica de emigración norteamericana de principios del siglo XX: amparados por la gigantesca 'Estatua de la Libertad' los emigrantes europeos que huyen de la guerra desembarcan en el muelle de Ellis Island, el mismo en el que lo hizo el personaje ficticio creado por Coppola en la segunda parte de El Padrino Vito Andolini, lugar en el que son clasificados en tres grupos: aquellos cuya entrada en el país de los sueños es aceptada, los rechazados, que son deportados al país de origen,  y los que son recluidos en naves infestas en la propia isla, por padecer una enfermedad contagiosa, de la que se deben curar antes de ingresar en los Estados Unidos del Norte.

Desde el primer minuto James Gray crea esa atmósfera envolvente que caracteriza sus películas: proliferación de ambientes de luz empobrecida, secuencias nocturnas en locales de ocio abigarrados y mal iluminados por unos cuantos focos que forman parte del decorado o que enfocan el rostro de los protagonistas provocando  un matizado claroscuro con una gama cromática en la que dominan toda la gama de marrones, evitando en todo el metraje la iluminación brillante  y la imagen nítida  y colorista, que caracteriza al género; Gray es un realizador con pretensiones de 'auteur'. Con estos mimbres teje un drama, en el que, tras plantear en la primera secuencia la situación que desencadena la tragedia personal de las dos hermanas polacas, Ewa y Magda  caen en las cloacas de la sociedad norteamericana, en hospitales malsanos a los que se llevan entretenimientos propagandísticos como el cantante Caruso, ilusionistas y otros artistas y otros artistas para hacer menos larga la espera, o en prostíbulos baratos en los que las mujeres se pasean mostrando sus cuerpos semidesnudos.

Tras la intromisión de dos personajes masculinos (de nuevo two lowers)  que intentan ayudar a Ewa por amor, se produce una ralentización de la acción tan grande que no dejas de moverte en tu sillón esperando que pase cualquier cosa que te distraiga, al menos como a los enfermos de Ellis: que la mujer sea una mentirosa, que esconda un terrible secreto que desvelará al final, que triunfe en la escena, que fracase en la vida...Nada, todo es lo que parece desde el principio, y, lo peor es que en lo que se supone que es el climax del film la situación se torna incluso hilarante; o quizás te dé la risa tonta de no aguantar más la cara de bondadosa rondando la tontuna de Marion Cotillard y las gesticulaciones extravagantes de Joaquin Phoenix. Cuando Bruno, el 'director' del número de las mujeres, mata a su adversario, la  petición lloriqueante, flébil y lastimosa de Cotillard de que no lo deje junto a la basura, tiene el mismo efecto explosivo que el que provoca el gobernador romano de 'La vida de Brian'  de los Monty Phyton susurrando junto al oído de sus guardias de corps el nombre de su amigo: 'Pijus Magníficus'. Imposible ya mantener la calma, acaba de deslizarse hasta romperse la crisma.

Es interesante, aunque más que probable que pase desapercibido, el efecto que tuvo sobre ciertos espectáculos la aparición del cine. El hecho de ver pasear mujeres mostrando sus desnudeces, a las que los hombres insultaban y lanzaban todo tipo de objetos y restos de alimentos, no puede competir con las imágenes de bellas actrices en la pantalla, fragmentadas, convertidas en iconos sexuales, deformadas en las dimensiones de cualquier parte de su cuerpo, agrandándola o empequeñeciéndola...; era preciso dotar al espectáculo de números inteligentes en los que las mujeres mostraran habilidades: primero bailar, después incluso cantar... Cuesta creer hoy que lo que las cámaras de James Gray muestran fuera cierto: el espectáculo residía en la imaginación de Bruno al describir y disfrazar a sus mujeres como procedentes de países exóticos, para  que desfilaran delante de los hombres, mostrando las partes más femeninas de su cuerpo.

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