Mayerling. Terence Young





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Ficha técnica:

Título original: Mayerling.
País: Reino  Unido.
Año: 1968.
Duración: 140 minutos.

Dirección: Terence Young
Guión: Basado en la novela de Claude Anet; documentación histórica, basada en la novela 'El Archiduque' de Michel Arnold, adaptado por Terence Young.
Director de Fotografía: Henri Alekan.
Cámara: Henri Tiquet y Raymond Picon-Borel
Música:Francis Lai.; tema de Khatchaturian.
Jefe de montaje:Monique Bonnot.
Puesta en escena: Terence Young.
Decorados: Georges Wakhevitch.

Diseño de Vestuario: Marcel Scoffier


Productores: Robert Dorfmann
Productor asociado: Maurice Jacquin.
Productor delegado: Eug+ene Tucherer.
Director de producción:Georges Valon.
Compañías. Eurofilms, Les Films Corona (París), Winchester Film Production Ltd. (Londres); Distribución: Valoria Films.

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Intérpretes:

Omar Sharif: Archiduque Rodolfo,
Catherine Deneuve: María Vetsera,
James Mason: Emperador Francisco José,
Ava Gardner: Emperatriz Elizabeth,
Geneviève Page: Condesa Larish
Andréa Parisy: Princesa Stephanie,
James Robertson Justice: Eduardo, Príncipe de Gales,
Mony Dalmés: Baronesa Vetsera,
Moustache: Bratfisch,
Charles Millot: Conde Taafe,
Fabienne Dali: Mizzi Kaspar.

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Sinopsis:

Drama basado en hechos reales: la trágica historia de amor del príncipe Rodolfo, archiduque de Austria, que se enamora de la hermosa Vetsera. Rodolfo está convencido de que el imperio necesita una reforma social y toma partido por los estudiantes contestatarios. Ambas cosas le llevarán a un enfrentamiento con su padre, el emperador Francisco José.

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Comentario:

Como no puede ser de otra manera es inevitable que se compare la película de Terence Young con la célebre saga de Ernst Marischka, y, más aún a las dos actrices que interpretan a Siss, Romy Schneider y la americana Ava Gardner, y del contraste sale perdiendo la cinta del inglés, ya que el magnífico elenco de actores seleccionados para interpretar la tragedia de Rodolfo, el hijo de la emperatriz, aparecen impostados como elementos extraños en la sociedad austriaca, desde James Mason hasta Catherine Deneuve, pasando por Omar Shariff; hay una serie, dirigida por Robert Dornhelm para la televisión italiana, que conmueve mucho más al espectador en los aspectos emocionales y sensoriales que el título que tenemos delante, y, aunque Young contextualiza la historia, ahondando un poco más que los anteriores en las convulsiones  políticas y sociales que padeció Europa, tanto a causa del desarrollo de los nacionalismos en el siglo XIX, que marcaron las composiciones de  Franz Listz,(las rapsodias húngaras), y de Frédéric Chopin, (sus célebres polonesas), o el avance imparable del movimiento obrero que se materializó en la revuelta armada de 1848, en la que participaron Marx y Engels, tampoco logra plasmar el significado exacto ni la expresión de la ola de romanticismo que invadió la política, el pensamiento y el arte del siglo XIX y que favoreció la aparición de personajes como Luis II de Baviera, al que el vulgo llamaba 'loco', que patrocinó la obra ingente de Wagner.

Se equivocan también quienes piensan que todo el boato que acompañaba a las antiguas monarquías, -bailes, miriñiaques, paradas militares, valses y marchas  compuestas para los desfiles de los soldados, salones con grandes arañas, etc. -,  se convertía en uno de los protagonistas principales de estas películas ya que la nobleza, descartado el hecho científico de que no discurre por sus venas sangre azul, tiene como función adornar el régimen y dar glamour al sistema y, si es posible, como en las películas de Marischka mezclarse con su pueblo, perder la mayor parte de su estiramiento y beber cervezas en tabernas modestas. En lugar de eso nos muestra un príncipe altivo, orgulloso y testarudo, con una larga lista de amantes en su haber y enfadado con su padre por cuestiones que apenas parecen tener el carácter político que se pretende demostrar.

Un apuesta en escena realizada por el propio Young, que se aleja de los paisajes austriacos y se aproxima más a los londinenses o parisinos, con exteriores que en más de una ocasión se construyen con pantallas transparentes. La pesadez de los decorados, la rutina y falta de agilidad de los largos diálogos, que alternan con representaciones de ballets clásicos, hacen que el espectador sienta la lentitud de una historia que no avanza, y que exige varias sesiones para hacerla medianamente soportable. Ha perdido la inmediatez y cercanía de la Sissi de Marishka a cambio de nada, cuando podía haber aprovechado el tirón de la historia de una emperatriz culta, liberal e inteligente, por la que los austriacos sentían respeto, que murió a manos de un anarquista italiano, pero debió soportar antes de abandonar este mundo, ver asesinado a su propio hijo y a su amante Maria Vetsera, ya que ambos presentaban signos de apaleamiento, antes de recibir el tiro que los mató.No obstante las versiones literarias y cinematográficas presentan los hechos como un suicidio de los amantes ante la imposibilidad de vivir separados. La realidad era que las monarquías absolutas tenían los días contados, aunque salieran momentáneamente reforzadas tras el fracaso de los movimientos revolucionarios de mediados del siglo XIX, y los espíritus reformadores como los de Sissi y su hijo Rodolfo,fracasaron rotundamente.


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