The Zero Theorem. Terriy Gilliam. Comentario.





Ficha técnica.







Terry Gilliam recurre a su estética habitual, colorista y kitsch, ahora devaluada por la crisis, que ha extendido por todo el mundo occidental la producción de los talleres clandestinos chinos, que ya  no son sólo asiáticos, los graffittis, los escombros, las basuras, que generan un paisaje de vivos colores que chirrían más que la oscuridad de las frecuentes distopías. En este mundo degradado del futuro los hombres circulan por las calles con sus ipods e ipads, mirando constantemente sus mensajes y sin atender al prójimo, mientras la gente lucha por trabajar en sus propias casas, chocando con la imposibilidad casi total de contactar con un jefe, que desconocen si es real o virtual, encarnado por Matt Damon, curiosamente vestido, y con el que es imposible acordar nada. Qohen Leth (Chritof Waltz) vive en una Iglesia, medio en ruinas, en la que acumula objetos preciosos, como una bonita  chaise longue  que provoca la admiración de los visitantes y un gran montaje informático, que maneja a la perfección el hijo del jefe, un joven adolescente.

Qohen cree que está muriendo, y entra en contacto  con una joven que lo arrastra vistualmente a una isla paradisiaca, esa con la que han soñado tantos y tantos hombres y mujeres, en la que uno sólo se baña y juega a la pelota todo el día; él, que ha recuperado su pelo, incluso juega con el propio sol. Imágenes surrealistas que no se entienden bien y que se incrustan como el relleno de una empanada en un discurso de una sociedad multirracial, que habla de obsolescencia programada divina. Si uno muere es porque la vida es un organismo que conduce a la muerte, por lo que es absurdo buscarle otro sentido a la vida. 

Los préstamos de películas muy notables de ciencia-ficción son constantes, desde el bar de Java de 'La Guerra de las Galaxias', pasando por Matrix, el propio cine de Gilliams, THX, el cubo de Rubick...Este escenario es en el que se desenvuelve un hombre que trabaja en el teorema cero para buscar el sentido de la vida, y al que un inspector advierte que vaya con cuidado con lo que desea, un aviso muy habitual en el mensaje de un cine nihilista y cínico, cada vez más habitual.

Quien busque un entretenimiento fácil en la película de  Terry Gilliams no lo va  a encontrar, y quien busque mayor trascendencia tampoco lo tendrá fácil y sin llegar tan lejos como Carlos Boyero, sí podemos afirmar que es una buena empanada mental, que nos puede enloquecer si intentamos entenderla.




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