Han matado a un hombre blanco. Clarence Brown.





Ficha técnica:


Título original: Intruder in the Dust.
País: Estados Unidos.
Año: 1949.
Duración: 87 minutos.

Dirección: Clarence Brown. 
Guión: Ben Maddow, adaptación de la novela "Intruder in the Dust" de William Faulkner, Premio Nobel de Literatura.
Dirección de Fotografía:  Robert Surtees.
Música: Adolph Deutsch,
Edición: Robert Kern.
Dirección artística: Randall Duell.,
Decoración del set: Ralph S.Hurst.

Departamento de maquillaje: Jack Dawn.

Productor: Clarence Brown.
Compañía productora: Metro Goldwyn Mayer. (MGM); distribución: MGM.




Intérpretes:


David Brian: John Gavin Stevens,
Claude Jarman, Jr.: Chick Mallison,
Juano Hernández: Lucas Beauchamp,
Porter Hall: Crawford Gowrie,
Elizabeth Patterson: Miss Eunice Habersman,
Charles Kemper: Nub Gowrie,
Will Geer: Sheriff  Hampton,
David Clarke: Vinson Gowrie,
Elzie Emanuel: Aleck,
Lela Bliss: Mrs. Mallison,
Harry Hayden: Mr. Mallison
Harry Antrim: Mr. Tubbs.






Premios:


1950: Premios BAFTA: Nominada a mejor película
1949: Globos de Oro: Nominada mejor actor de rep. (Brian) y promesa (Hernandez)
1949: Círculo de críticos de Nueva York: 2 Nominaciones
1949: NBR - Asociación de Críticos Norteamericanos: Top 10 películas
1949: Sindicato de Guionistas (WGA): Nominada a Mejor guión drama.






Sinopsis:


Un hombre blanco ha sido asesinados en un pueblo y todo el mundo culpa de ello a un hombre negro, basándose únicamente en vagas hipótesis. Pero de la monstruosa masa que quiere linchar al sospechoso emergen un abogado, una anciana y un muchacho, que estarán dispuestos a arriesgar sus propias vidas y a aliarse para evitar el linchamiento.


Crítica:


Interesantísimo clásico sobre el proceso de integración de los antiguos esclavos negros tras la Guerra de Secesión norteamericana, un periodo histórico en el que el esclavismo fue sustituido por la discriminación que acabaría en una segregación racial, que reservaba asientos para los negros en los autobuses. Un negro, (entonces no se les llamaba afroamericanos, ni a los blancos caucásicos, denominaciones que han saltado las barreras norteamericanas), perteneciente a una familia de varias generaciones libres, es acusado de matar a un blanco, y el solo hecho de pasear los días de fiesta cargado con su pistola lo hace aparecer ante sus vecinos como dotado de una soberbia que no puede comprender el hombre blanco, por muy proclive que sea a respetar su derecho a la presunción de inocencia. El asesinato de otro hombre de la colectividad blanca lo hace un firme candidato al linchamiento, que Clarence Brown, basándose en el texto de Faulkner, convertirá en un primitivo thriller en el que la intuición las emociones y la sed de venganza son sustituidas por la reflexión, las pesquisas, las huellas y los indicios racionales, introduciendo la historia por los senderos de la modernidad y librándola de las garras de la venganza pendenciera y el espectáculo.

Sólidos personajes, bien desarrollados, -una anciana, un niño, su amigo negro, hijo de su sirvienta, y su tío abogado, con perfiles muy claros -, lograrán mantener en tensión a unos espectadores atemporales, inmersos en un relato más civilizado y actual que los que tratan el mismo tema desde perspectivas más arcaicas, poniendo el acento en el intento de linchamiento, que, aquí, frena una viejecita cosiendo en la puerta de la cárcel. Al final nadie es mejor ni peor que antes, pero los actores principales sienten la satisfacción del deber cumplido, quedando intactos sus prejuicios y sentimientos de clase. El film no es nada maniqueo. La justicia es la justicia y cada uno debe ocupar el  lugar que la sociedad le ha asignado, algo que hoy no entenderíamos del todo. El hombre negro paga su deuda al abogado y este le extiende el recibo  correspondiente. Una adaptación para amantes de Faulkner.







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