Barbara. Ficha técnica



La historia se da primero como drama y luego como farsa ¿estamos en la farsa?


Ficha técnica:


Título original: Barbara
País Francia
Año: 2018
Duración: 98 minutos

Dirección: Mathieu Amalric
Guión: Mathieu Amalric,  Philippe Di Folco
Director de Fotografía: Christophe Beaucarne
Montaje: François Gédigier
Decorados: Laurent Baude
Sonido: Olivier Mauvezin, Nicolas Moreau, Stéphane Thiébautt
Diseño de Vestuario: Pascaline Chavanne

Productor: Patrick Godeau
Productora ejecutiva: Camille Deleau
Director de  producción: François-Xavier Decreane
Compañías productoras: Waiting for Cinema, Gaumont, France 2 Cinéma, Alicéleo, Canal +, France Télévisions, con el apoyo de La Région Ile-De-France, la participación de Centre National du Cinéma et de l'Image Animée, asociada con Cofinova, 13: distribución: a contracorriente/lm


Intérpretes:


Jeanne Balibar: Brigitte/Barbara
Mathiew Amalric: Yves Zand
Vincent Peirani: Vincent Romanelli,
Fanny Imber: Marie, la asistenta,
Aurore Clément: la madre,
Grégoire Colin: Charley Tournier


Sinopsis:



Brigitte, una actriz reconocida internacionalmente, llega a París para interpretar en una película a la icónica cantante francesa Bárbara. A medida que pasan los días, la realidad y la ficción se irán confundiendo para el equipo del rodaje y también para la propia actriz.


Crítica:


El film fue mucho mejor entendido en Europa que en Inglaterra y Estados Unidos. En Francia, Le Monde calificó el film de espléndido. Javier Ocaña * tras una serie de disgresiones sobre el autor y el ejercicio profundo de introspección que parece convertirlo en la esencia del film, concluye afirmando que Mathieu Amalric hace "una película vital, atmosférica, onírica y sujeta a continuos cambios. Cortante como el montaje que la mueve. Y móvil y turbadora, como la propia vida."  Alberto Bermejo advierte de que "es posible que a los que no conozcan a Barbara les cueste conectar con el relato. Pero, sin duda, es una oportunidad para descubrirla." Ciertamente para quienes desconozcan el mundo de la cantante superviviente siendo niña de un encuentro fatal con los nazis, coetánea de Brel, Brassens, Vartan, o Gainsbourg, y con los proyectos de Jacques Demi y tantos otros que en vísperas de Mayo del 68 calentaban motores, puede resultar un poco más complejo empatizar con ella, pero tanto para los que crecieron escuchándola como para los que acceden a ella por primera vez Mattheu Amalric esparce a lo largo del metraje sutiles pero intensas pinceladas de lo que los europeos estaban sintiendo y lo que se les avecinaba sin ser de todo conscientes. En una secuencia encantadora, Barbara, sentada junto a su joven amante en el asiento del acompañante de su modesto vehículo oye unos acordes que le llaman la atención, y pregunta ¿quién es?  él contesta con naturalidad .Jimmy Hendrix.  Algo se estaba escapando a las élites de la vieja Europa, cuyas consecuencias eran muchos más profundas de lo que quienes vivieron el momento fueron capaces de imaginar, como reconoce el propio Jean-Luc Godard, si bien muchos de sus compañeros y amigos de la Nouvelle Vague (Truffaut, Demi, Chabrol...) se subieron al carro a tiempo.


Tras la Revolución Francesa y la expansión napoleónica, el imperio francés se extendió por medio mundo y su lengua se convirtió en la dominante en las escuelas, desde el Norte de África hasta los confines de Siberia. Las clases medias llevaron a sus hijos (y lo siguen haciendo) a colegios franceses para que aprendieran la lengua de las élites, pero el epicentro de la ciencia y la tecnología se estaba desplazando hacia el mundo anglosajón, y como ocurre siempre, la cultura del que posee los medios de producción y domina los avances científicos se acaba imponiendo, y en muy pocos años el inglés barrió al francés como segundo idioma de los Institutos de Secundaria del mundo occidental, y  estos jóvenes que se iban a erigir en los nuevos ejecutivos de las grandes compañías se muestran hoy en los foros internacionales con una gran incapacidad para relacionarse con sus iguales de países que supieron ver la evolución de la cultura, la ciencia y la tecnología. Con la misma fineza que nos habla de Hendrix, Amalric nos muestra los avances del mundo asiático y la capacidad de reproducir no sólo la música de Bárbara, Brel, o Vartan, sino de hacer versiones con intérpretes de su propio país. Barbara era cantante, no poeta, y no amaba la épica, los trampantojos o la magia, sino la música. Quien no vio venir una revolución que se estaba produciendo en Inglaterra, país de bárbaros britanos, desde el siglo XVIII habla ahora de cierta imposición tiránica de una lengua de salvajes, e intenta recuperar el espíritu exquisito de la Francia del siglo XVIII, la de la Ilustración, y materializarlo en ese mundo tranquilo, contenido, elegante que intenta revivir un nuevo género: el indie. Recordamos a la niña-protagonista de Moonrise Kingdon de Wes Anderson que se escapa de casa con su gato, comida para el felino y un vinilo de François Hardy, haciendo gala de 'la insoportable levedad del ser.

Amalric evita el biopic convencional porque no sólo quiere hablar de Barbara sino de él mismo como sujeto activo y también pasivo de unos cambios que se iban a llevar por delante todo el mundo que amaba, en el que había crecido y se había formado, y opta por el metarrelato, el cine, dentro del cine, en el que adopta como actor el papel del director al que vemos más de una vez llorando, pero también buscando la confusión,el abigarramiento el dibujo de una diva que llenaba teatros, cuando en Woodstock Hendrix congregaba multitudes de jóvenes rebeldes que se amaban entre sí y amaban la música y que, sobre todo no eran una élite, sino los agentes de los nuevos cambios, que siempre se producen de abajo hacia arriba. En este contexto Barbara aparece como un ser patético, caprichoso, (imagen ridícula del mito, sentada en el proscenio en una mecedora,despreciando el piano que unos trabajadores están colocando) cuyos jóvenes amantes se satisfacen con amantes jóvenes y miran sus excesos, como Billy Wilder vio la caída de los dioses en Sunset Boulevard en 1950, otra época de cambios recién terminada la contienda que desangró Europa y se cobro la vida de muchos jóvenes norteamericanos.Amalric no buscará la luz, la puesta en escena clásica deslumbrante de la diva, sino los escorzos, los claroscuros que la muestran en un continuo movimiento hacia ninguna parte.

Quim Casas recurre a datos extradiegéticos para atraer al espectador a lo que para él es simplemente una historia de amor entre un hombre y una mujer que estuvieron casados: "Barbara no es solo una sentida evocación de aquella personal artista. Es también el retrato de una actriz actual, Jeanne Balibar, a la que el director del filme, Mathieu Amalric, amó y quizá siga amando. Balibar y Amalric estuvieron casados, y la película puede, debe, verse como un acto de amor de uno hacia otra mezclándolo con la devoción que el cineasta imaginario de la ficción (encarnado por el mismo Amalric por si habían dudas sobre el efecto espejo) siente por la cantante real." *

Lo cierto es que es un film poco apto para quien se declara contracultural, transversal incluso en lo cultural y despectivo con un mundo que ya pasó pero que nos ayuda a saber dónde estamos al conocer de dónde venimos, obligándonos a parar un poco e intentar entender lo que, con mayor o menor fortuna, nos quiere transmitir Amalric.. Y no hace tantos años que se asistió a la sustitución de un constructo cultural, que no sólo contempla la lengua, por otro, con una rapidez que muy pocos esperaban y que algunos no acaban de comprender.



* Barbara: un juego de espejos. Diario 'El Periodico', 28 de marzo de 2018

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