En la línea de fuego. Ficha técnica y crítica


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PURO ESCAPARATE... 

Ficha técnica:


Título original: In the Line of Fire
País: Estados Unidos
Año: 1993
Duración: 135 minutos

Dirección: Wolfgang Petersen
Guión: Jeff Maguire
Casting: Janet Hirshenson, C.S.A., Jane Jenkins, C.S.A.
Dirección de Fotografía: John Bailey A.S.C.
Música: Ennio Morricone
Edición: Anne V. Coates A.C.E.
Director artístico: John Warnke
Decorador del set: Kara Lindstrom
Coordinador de especialistas: Buddy Van Horn

Diseño de Vestuario: Erica Edell Phillips
Maquillaje: Jim McCoy, Werner Keppler
Estilistas de peluquería: Carol O'Connell, Bridgett Cook

Productor: Jeff Apple
Co-productor: Bob Rosenthal
Productores ejecutivos: Wolfgang Petersen, Gail Katz, David Valdes
Diseño de producción: Lilly Kilvert
Compañías productoras: Columbia Pictures & Castle R0ock Entertainment presentan a Apple/ Rose Production


Intérpretes:


Clint Eastwood: Frank Horrigan,
John Malkovich: Mitch Leary,
Rene Ruso: Lilly Raines,
Dylan McDermott: Al D'Andrea,
Gary Cole: Bill Watts,
Fried Dalton Thompson: Sargento Harry,
John Mahoney: Sam Campagna



Sinopsis:


Frank Horrigan (Clint Eastwood ) es un abnegado agente del Servicio Secreto. En la madurez de su carrera, todavía recuerda el fracaso de su primer encargo presidencial: proteger a John F. Kennedy durante su visita a Dallas en noviembre de 1963. Treinta años después, el nuevo  presidente prepara su campaña para la reelección. Las advertencias contra la vida del presidente son habituales, pero Frank sabe que de entre todas ellas, una encierra una auténtica amenaza.


Premios (Filmaffinity):


  • 1993: 3 nominaciones al Oscar: Mejor actor de reparto (John Malkovich), montaje, guión 
  • 1993: Nominada al Globo de Oro: Mejor actor de reparto (John Malkovich) 
  • 1993: 3 Nom. BAFTA: Mejor actor de secundario (Malkovich), montaje y guión original 
  • 1993: Círculo de Críticos de Nueva York: Nominada a Mejor actor sec. (Malkovich) 
  • 1993: Sindicato de Guionistas (WGA): Nominada a Mejor guión original

Crítica:

El pasado fin de semana un rotativo lanzó junto al periódico este film de Wolfgang Petersen, 'En la línea de fuego', que merece la atención de los medios y del público; fue considerada la mejor película de 1993 (José Luís Guarner, Fotogramas), y recibió múltiples distinciones. 'En la línea de fuego'  es un título importante de acción, un género en el que los norteamericanos no tienen competencia porque ésta es precisamente la mayor aportación de su cultura al pensamiento occidental, algo que intentaremos explicar desde nuestro punto de vista. Su mayor interés reside en la representación en la pantalla de cómo la democracia más joven y la primera república del mundo construyeron un ritual para hacer respetables sus instituciones ante los ciudadanos, una aportación valiosísima de un realizador alemán que contribuyo al desarrollo del nuevo cine alemán, un movimiento de renovación paralelo al Free Cinema británico, el Neorrealismo italiano o la Nouvelle Vague francesa.





El adiestramiento para la acción tiene un carácter declaradamente masculinista, una capacidad en la que se ha entrenado a los niños desde la infancia, ya sea a través de la literatura, el cine, los cómics, o los juegos infantiles, con diferentes armas de juguete creados con esta finalidad, mientras las niñas pintaban y peinaban muñecas fabricadas de acuerdo a un modelo de cuerpos imposibles que ellas debían imitar. El resultado ha sido la profundización de la brecha que separa a hombres y a mujeres, que hoy las adaptaciones de superhéroes y la ciencia-ficción intentan superar. Ya hay futbolistas femeninas, pero pocas guitarristas o bateristas, para lo que hace falta más ganas que oportunidades, pero la influencia de la educación es decisiva para amplias capas de la población.





Hoy se ha abierto otra brecha en los géneros cinematográficos: el indie de moda, que defiende un lema que goza de gran rendimiento: 'hazlo tu mismo', y el cine que todavía no se ha decidido a entrar de lleno en la posmodernidad, en la que el individualismo se suple por el pluralismo, y los grandes temas épicos por eso 'que interesa a la gente'. Un buen entretenimiento que aprovechan los poderosos para seguir mareando la perdiz y que el film que protagoniza Clint Eastwood se encarga de poner en evidencia. En cierta ocasión, y, tras una tragedia, un accidente de metro con muchos muertos, se celebró un Tedeum en la catedral de una ciudad, y una amiga-filósofa me hizo reflexionar sobre el escaso poder de la sociedad laica de mi país para competir ritualmente con instituciones milenarias como la Iglesia.





Norteamérica es un Estado Federal joven, que no carga con instituciones del antiguo régimen, sino que es la primera república nacida como tal en la historia del mundo, y sus ciudadanos han sabido dotarla del ornamento necesario para solemnizar cada acto con significación política y convertir a su presidente en un icono visible de la máxima magistratura del estado. Uno de estos ritos consiste en que seis agentes que cuidan de la seguridad de  su presidente acompañen al coche del mandatario, apoyando su mano en el vehículo mientras corren, visiblemente cansados, al ritmo que marca la limusina que protegen, algo que pesa a un hombre como Clint Eastwood de 63 años, para quien este gesto es puro escaparate para hacer parecer al presidente más presidencial. Pero Clint Eastwood da otras muestras de lo que es capaz de hacer además de correr al ritmo lento de un coche, como subir escaleras de incendios persiguiendo a un delincuente o hacer parkour, saltando de terraza en terraza.





Wolfgang opta para llevar a cabo este proyecto por una buddy movie, un reto entre dos hombres, que no acaban simpatizando, Mitch Leary (John Malkovich ) y Frank Horrigan ( Clint Eastwood ) situados uno  al margen y otro dentro de la ley, ambos traumatizados por hechos del pasado. La mujer de la que se enamora el viejo espía,  Lilly Raines (Rene Ruso), compañera de Frank, se sitúa en segundo plano. La acción da pie a múltiples anécdotas que evocan el intento de asesinato de Ronald Reagan, en la que las fotografías mostraban a los agentes protegiendo al Presidente con sus propios cuerpos, sin que nadie se mostrara inactivo o paralizado por la sorpresa. Frank carga con un sentimiento de culpa por su actuación en el asesinato de John F.Kennedy, y busca redimirse y superar este sentimiento que lo atormenta, pero también vengarse por la muerte de un compañero a manos del terrorista.






Este film no idealiza ninguna situación e incluso humaniza al protagonista, al presentarlo como un hombre acomplejado, herido, que se siente culpable por fracasos del pasado a causa de la bebida y que incorpora al sentido del deber un sentimiento negativo, el de la venganza, aunque logra controlarse en el último momento. La película esta plagada de guiños cinematográficos y referencias a  otras películas. El más curioso es el cameo que Clint Eastwood hace de sí mismo, de esos primeros planos con los que Sergio Leone captó la intensa mirada del actor en esos icónicos primerísimos primeros planos; ahora presume de no llevar gafas cuando trabaja porque una mirada fija puede ser tan efectiva como un arma. Otras imágenes hacen referencia a Vértigo de Alfred Hitchcock, y, a pesar de ser un hombre de edad ya avanzada conserva todo su atractivo y representa con convicción y de manera verosímil el papel recurrente en los géneros de acción y en el thriller del valiente héroe individual, incomprendido por los de su equipo, hasta que él solo logra devolver el equilibrio y la paz social y acabar con el villano.  Terminada la representación verbaliza lo que había sido evidente hasta ese momento, especialmente por los comentarios despectivos de Frank: "Soy ya demasiado viejo para correr al lado de una limusina.'

Un film muy aconsejable.



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