Invitación de boda. Annemarie Jacir.Crítica



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INTERESANTE FILM SOBRE LAS RAÍCES, LA LIBERTAD, LA RENUNCIA Y LOS SENTIMIENTOS QUE NACEN CON EL PASO DEL TIEMPO Y LAS RESPONSABILIDADES ASUMIDAS QUE ENFRENTAN A LAS GENERACIONES.


Ficha técnica, sinopsis, distinciones, cartel y trailer (Pinchad aquí)

Annemarie Jacir. es una cineasta de Cisjordania, nacida en el seno de una de las familias cristianas de Belén más antiguas; la residencia de sus antepasados el palacio Jacir forma parte en la actualidad del Hotel Continental, del que sus ascendientes debieron desprenderse tras la crisis de 1929, pasando a vivir modestamente. aunque no demasiado, ya que pudieron mandar a su hija a estudiar la secundaria a un colegio privado de Dallas, y a realizar estudios universitarios en California y cine en la Universidad de Columbia, lo que le da la suficiente perspectiva para hacer una película como ésta.





De vuelta a Palestina se dedicó a hacer cine independiente. La calidad de su trabajo en películas como 'Algunas migajas para los pájaros', 'Hasta cuándo', 'A post Oslo History', le llevaron a situarse en la lista de la revista Filmmaker Magazine entre los 25 mejores cineastas del género; sus cortos lo llevaron a Cannes con un título, 'Todo son impedimentos' (2003), acumulando a lo largo del tiempo los premios más importantes sobre esta modalidad (Festival de Primavera de Cortometrajes de Palm, Festival Internacional de Cine de Chicago, Instituto du Monde Arabe Biennale...).





Su trayectoria explica la solvencia con la que se enfrenta, si bien con respeto, cuidado y una gran habilidad, a un personaje como Shadi, la arrogancia y altivez del joven cuando vuelve a Palestina para ayudar a su padre a organizar la boda de su hermana Marwan, y su forma distante y orgullosa de cuestionar el mundo, las costumbres, el tabaco y los amigos de quien lo ha cuidado, ha financiado sus estudios en el exterior y ha educado con mimo a su hermana hasta su matrimonio. Abu Shadi y su hijo pertenecen a la clase media palestina, aunque el padre tiene amigos y familiares en todas partes. El hijo admira a una madre moderna, occidental, que dejó a su padre y se marchó a vivir a Estados Unidos, dejando a los suyos atrás, sin percatarse de las consecuencias de su desprecio.





Para contar esta historia Annemarie opta por una road movie limitada a la ciudad de Nazaret, en la que padre e hijo recorren en un coche la ciudad, añadiendo información en cada parada que realizan para entregar las invitaciones de boda, a través de  los diferentes contactos que establecen con familiares y amigos, desde que la madre los abandonó, el hijo marchó al extranjero a estudiar arquitectura en Europa y acabó recalando en Roma, donde convive con una novia, hija de un intelectual del movimiento palestino de liberación; el padre añora al hijo y formula constantemente el deseo de que encuentre una novia que resida en Palestina, para no verse tan solo. Poco a poco, y especialmente desde que el padre lo maldice, Shadi comenzará a entender lo injusto que ha sido con quien se ha sacrificado por ellos. Padre e hijo acaban fumando un cigarro juntos.




Un film interesante que incide en la alianza de las civilizaciones sin prejuicios, el intercambio cultural, el enriquecimiento de la diferencia, que como demuestra Ashgar Farhadi tiene muchos más puntos en común  de los que la gente de cada ámbito cultural cree, y lo que les separa es más folklórico que profundo. El actor Saleh Bakri es un joven que adopta un look mestizo, provocador  (pantalón naranja, camisa de colores, pelo largo recogido en un moño), que, con toda probabilidad resulta contestatario en Roma y en Nazaret. Todos tenemos constancia de este hecho; Bertín Osborne asociaba, cuando era joven, en su canción 'Animal nocturno', el cabello largo y las camisas vaqueras con la cohabitación con piojos y chinches del melenudo. Y no estamos en Palestina. El conocimiento de Annemarie Jacir de ambos mundos le hace mantener una distancia prudente que le permite ser objetiva, y atribuir las distancias entre un padre y un hijo al desconocimiento de Shadi de los esfuerzos que quien le dio la vida había tenido que realizar para que el alcanzara sus sueño, instalado en Roma como arquitecto, mientras su progenitor debía seguir atado a la tierra que lo vio nacer, en la que su hija tenia la intención de continuar en su nueva vida de casada.





La cineasta no olvida la infiltración de miembros del ejército israelí en territorios palestino (en ocasiones tan solo porque les gusta el falafel), sus labores de espionaje para las que se sirven de palestinos afectos, o el enrolamiento de jóvenes palestinos en el DAES, aunque en estas realidades sociales se inscribe la vida de la familia de Abu Shadi, y las tensiones que se producen en el seno de su grupo, que constituye una familia extensa en la que están presentes también los tíos, los primos, y los que mantiene una relación intensa con ellos.









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