High-Rise. Ben Wheatley. Ficha técnica y crítica



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"Aquí abunda menos el modelo de noble salvaje que el de plebeyo perverso post-freudiano. Puede que estén resentidos por no haber tenido la oportunidad de ser perversos, o indignados porque les consintieron tanto de pequeños." (un reportero ficticio)


Ficha técnica:


Título original: High-Rise
País: Irlanda
Año: 2015
Duración: 118 minutos
Género: Ciencia-ficción

Dirección: Ben Wheatley
Guión: Amy Jump, basado en la novela de J.G.Ballard 'Rascacielos'
Casting: Nina Gold, Theo Park
Dirección de Fotografía: Laurie Rose
Música: Clint Mansell
Edición: Amy Jump
Dirección artística: Heather Greenlees, Nigel Pollock, Frank Walsh

Diseño de Vestuario: Odile Dicks-Mireaux
Diseño de maquillaje y peluquería: Sian Wilson

Productor: Jeremy Thomas
Productores ejecutivos: Lizzie Francke, Anna Higgs, Sam Lavander, Genevieve Lemal, Gabriella Martinelli, Thorsten Schumacker, Christopher Simon, Peter Watson
Diseño de producción: Mark Tidesley
Compañías productoras: Recorded Picture Company (RPC) / British Film Institute (BFI) / Film4 / HanWay Films; distribución: Betta Pictures




Ben Wheatley




J.G.Ballard

Intérpretes:


Tom Hiddleston: Laing,
Jeremy Irons: Royal,
Sienna Miller: Charlotte,
Luke Evans: Wilder,
Elisabeth Moss: Helen,
James Purefoy : Pangbourne,
Keeley Hawes : Ann,
Peter Ferdinando : Cosgrove,
...


Sinopsis: 


1975. Dos millas al oeste de Londres. El doctor Robert Laing se muda a su nuevo apartamento buscando un desangelado anonimato; solo puede descubrir que los residentes del edificio no tienen intención de dejarlo en paz. Mientras trata de establecer su posición dentro de las complejas dinámicas sociales que lo rodean, los buenos modales y la salud mental se desintegran con el edificio.






Lo que se dice.


El film que dirige Ben Wheatley, de imagen, más que vanguardista, difícil de leer, ha concitado reacciones muy diversas. Entre los que se han sentido absolutamente complacidos se encuentran los norteamericanos Fionnuala Halligan (Screendaily), para quien la película es una fluida y compleja adaptación de Ballard, que respeta su bestia enloquecida; Nev Pierce (Empire) la describe como una película deslumbrante, perturbadora, fea e incómoda. El británico Tim Robey (Telegraph) no sólo alaba la meticulosa y brillante  adaptación de Ballard por Ben Wheatley, sino que sirve la orgía del caos en bandeja de plata. En España, Jordi Costa (diario 'El País') describe el film como un conjunto lleno de brillantes soluciones visuales, manteniendo su fidelidad al original; Luís Martínez, (Diario 'El Mundo', en un artículo complejo, pone el acento en cómo entre lo absurdo y el ruido se produce la ruina de todo lo sólido; Beatriz Martínez  (Diario 'El Periódico') define a Wheatley como un director superdotado que integra el horror, la psicodelia, el surrealismo y la locura en una mezcla psicótica...

Pero también hay malas críticas, como la de Carlos Bollero (Diario 'El País') que denuncia el film como una tontería excesiva, que utiliza como excusa una novela del retorcido Ballard; para Daniel Krauze (Diario 'El Financiero') es un bicho raro, obvio en sus intenciones y opaco en su desarrollo; Stephen Dalton, (The Hollywood Reporter)  la ve como un desastre a muchos niveles, un ambicioso y rillante fracaso.



Crítica:


La crítica ha analizado el film que dirige Ben Wheatley, en cuyo background  algún creador de opinión ha querido ver la violencia social que estalla en un grupo de jóvenes, vecinos de los suburbios, que se revelan contra una sociedad que les niega todas las oportunidades, aunque los mantiene en su rincón subsidiados. Entre ellos Pedro Vallin que presenta el film del británico  con un tagline inequívoco: 'La naranja mecánica del siglo XXI', una asociación un tanto discutible, porque, si bien en ambos casos la violencia surge de abajo y asciende hacia arriba, Stanley Kubrick se metía en otros jardines un tanto discutibles.





No se puede negar que Wheatley se arriesga en lo formal, ( no me atrevería a hablar de vanguardias ), e inspirado en el 'El rascacielos' del escritor inglés de ciencia-ficción J.G.Ballard, construye una amenazante metáfora de la sociedad en que vivimos, un edificio convertido en una caldera a punto de estallar, por lo que el escritor nos advierte de que quizá lo único que importe es lo que va a suceder en los cinco minutos siguientes de nuestra triste existencia. Robert Laing es un profesional liberal, un médico, que cree que ha llegado el momento de vivir de acuerdo con su estatus y  traslada su residencia a un rascacielos, un falo vertical que se amplía, al igual que los otros edificios gemelos, que forman un poderosos conjunto, en la parte  que corona la construcción, un lugar en el que vive el arquitecto, interpretado por Jeremy Irons, rodeado de jardines, piscina y todo el confort de que se disfruta en una casa en el campo. A medida que descendemos desciende también la condición social de sus inquilinos, y con ella la calidad de los servicios que el rascacielos ofrece, y se advierte en el ambiente cotidiano, en el que los más ricos viven como si fueran inmortales  y, como consecuencia, invulnerables, que las élites son incapaces de apreciar la atmósfera densa y contaminada que los rodea, una idea que el director traduce con talento a las imágenes.




Laing no se desprende jamás de su traje (excepto en la intimidad de su apartamento), su marca de estatus, que lo sitúa en la clase media y lo diferencia de otros vecinos, algunos de los cuales viven de la imagen (fotógrafos), incluso vemos, cuando uno de ellos es herido por la violencia que se desata de abajo a arriba y de arriba a abajo, una cámara en el suelo que sigue realizando su función. No es tan estrambótica ni tan extraña la historia que escritor y realizador nos plantean de forma poética con tintes distópicos, sino que sorprende la escasa sensibilidad que muchos muestran ante la locura que la última crisis ha generado y extendido en el mundo, y sigue generando, que ha radicalizado a las masas que arremeten contra los migrantes, obnubiladas por el egoísmo, pero también contra quienes han reunido grandes riquezas, sirviéndose de prácticas corruptas que han arrebatado a los de abajo el excedente de su trabajo, un hecho que se ha agravado con la revolución tecnológica, que amenaza con destruir muchos puestos de trabajo y una democracia imperfecta, con un estado del bienestar también imperfecto, pero más sólido en los países que no padecieron las tiranías europeas del siglo XX. Ahora todos los avances que se han logrado con tanto dolor corren el riesgo de ser destruidos como lo es el rascacielos que funciona como metáfora de la sociedad estratificada en que estamos entrando, con desigualdades cada vez más amplias, que hemos construido en los últimos tiempos. Un film interesante en el fondo y en la forma.


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