Jymm's Hall. Ken Loach. Crítica







Ficha técnica, sinopsis, críticas y comentario, cartel, fotografías y trailer (Pinchad aquí)

Crítica


La implicación y el activismo político de Ken Loach, que nadie desconoce, ha despertado todas las filias y las fobias. Quien sale de su casa y se dirige a una sala de proyecciones y desconoce el cine de realizador británico queda tremendamente sorprendido, especialmente la mayor parte del público que acude al cine entre-semana, excluidos los días festivos y semi-festivos, jubilados y personas de la tercera edad, en gran parte poco avisadas de lo que van a ver, y  que no saben que el objetivo del director británico  es "despertar conciencias en las butacas", un "cineasta que dispara con bala";  Javier Ocaña afirma que " la figura de Gralton, líder del partido comunista irlandés, le sirve a Loach una vez más para mostrar su maestría en las escenas de grupo, de discusión o de fiesta, donde la naturalidad con la que se mueve la cámara supone el mejor exponente de una bonita película de denuncia que, por una vez, tiende más hacia el aspecto cultural (la música) que hacia el político.' ( El cine se vuelve vertical. Javier Ocaña. Diario 'El País', 23 de mayo de 2014). Disiento profundamente de este aserto: Gralton trae un gramófono y discos de vinilo de Estados Unidos, que en el centro que crean entre todos los habitantes de la pequeña comunidad convivirá con las danzas populares irlandesas, pero el conflicto político, en este caso la lucha de clases entre los propios irlandeses, con el IRA manteniéndose imparcial para no perder el apoyo de la Iglesia católica, consume la mayor parte del metraje.


Ken Loach,  líder de un grupo activista que se presenta a elecciones con diferentes siglas, al ser preguntado sobre si cree que su cine está cambiando las cosas, responde abiertamente que no, que es la gente que se moviliza para que no cierren un hospital. reabran una biblioteca o impidan un desalojo, de su piso en la ciudad o de las casas ubicadas en las tierras de pequeños arrendatarios depauperados, aunque el cine puede servir para apoyar o difundir historias como las de Jimmy. "Para contarla bien Loach y Laverty se desplazaron hasta el pueblo irlandés donde vivió Gralton. Allí, hasta consiguieron encontrar a un tipo que había estado en el club de Jimmy. Pero Loach cuenta que a la sazón el hombre tenía 13 años y ahora demasiados más como para acordarse de los detalles. O de lo fundamental: “Nos reunimos en su cocina, de esas muy simples, con suelo de piedra. Le preguntamos si recordaba haber entrado en el club. ‘No’. ¿Y de bailar? ‘No”. Pero el hombre sí guardaba en la memoria dos detalles. Primero: que al club estaba prohibido entrar. Y, segundo, la noche en la que las llamas lo devoraron. Regalos ambos de la Iglesia católica. No todos aman la disidencia como Loach." (Javier Ocaña. Ken Loach: "Desafiar la ortodoxia es cada vez más difícil". Diario 'El País', 21 de Noviembre de 2014).


La mirada de Loach es la mirada honesta de un activista que no busca el poder, un buen cineasta que siempre ha puesto su bien hacer al servicio de lo que él ha considerado justo,  un director de televisión y de cine del Reino Unido, conocido por su estilo de realismo social y temática socialista ligados a su militancia trotskista (Wikipedia), un hombre que capta como pocos los valles en que nació y que siempre añoró John Ford ("Qué verde era mi valle" (1941), 'El hombre tranquilo (1952...), la figura crucial de la madre, la que sufre constantemente  por la suerte de su hijo, pero a la que no se puede arrancar de su tierra, una mujer humilde pero culta, que tiene un gran protagonismo en las creaciones fordianas ('Las uvas de la ira', 1940), y que en el relato en torno a Jimmy fue la que le enseñó a pensar y a hacerse preguntas. El joven vuelve, tras años de exilio en Norteamérica,  para acompañarla en su vejez, pero la 'Santísima Trinidad', como él llama a la tríada formada por la Iglesia Católica, el ejército y la policía y los caciques', harán todo lo posible para que los sueños sencillos de un hombre honesto de acompañar  a su anciana madre,  de enseñar a los suyos a leer, escribir, hacer música y bailar se conviertan en una quimera inalcanzable. La madre leerá un alegato en el que se pregunta quién puede querer separar a una madre de su hijo; la respuesta en este caso está clara: quien es capaz de dar una tremenda paliza a su propia hija por acudir al centro donde se reúnen Jimmy, sus amigos y los jóvenes del valle y no obedecer sus órdenes.


Sorprende un discurso tan directo, sin ambages, en la que, aunque presentando ya síntomas de agotamiento, algunos mantienen la esperanza en un mundo mejor, en un momento de cinismo y nihilismo generalizado.

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