Madame Bovary. Claude Chabrol. Crítica







MADAME BOVARY
CLAUDE CHABROL

CINE DE AUTOR




En la adaptación cinematográfica de "Madame Bovary" de Gustave Flaubert, realizada por Claude Chabrola diferencia de otras versiones, como la de Vicenten Minnelli, en las que se la describe casi como una heroína, la protagonista es una mujer corriente, insatisfecha, con tendencia a la depresión y muy caprichosa; antepone el hecho de ser mujer al de ser madre. Su actitud existencial conducirá irremediablemente a un final trágico para ella y para su marido.
Su actriz fetiche Isabelle Huppert representa muy bien el tipo de mujer que Chabrol quiere recrear, con apariencia debil y antipática, muy diferente a Jennyfer Jones en la versión de Minnelli, fuerte, decidida y vigorosa, e incluso los ambientes son vulgares y en cierto modo depresivos, como si se contagiaran del drama que en ellos se vive; se recrea en el error médico del Doctor Bovary y en la trágica muerte por suicidio de Emma, mostrando todo el proceso de un óbito por envenenamiento con arsénico, desde el paledicimiento progresivo hasta el tintado en negro de la boca y la lengua y el vómito final. La propia hija, Berta, siente miedo cuando se acerca a su lecho mortuorio. Una voz en off narra el destino de la niña, desamparada, tras la pronta desaparición de su padre y abuela.

Todo el film adopta la apariencia de una venganza contra esta mujer insignificante y egoísta, que se siente atraida por los ambientes sociales más elevados que el suyo, que vive por encima de sus posibilidades y que acaba machacada psicológicamente por sus amantes, las deudas, los embargos y físicamente por sus propios excesos, y especialmente por el último. Ella cree que la muerte será rápida y placentera, -se acuesta en la cama, cierra los ojos y piensa que ya no despertará-, pero, por el contrario es larga y altamente destructiva; en sus últimos momentos pide un espejo para contemplar cómo es esa destrucción.
En la escena del baile en casa del Marqués de Andurvilliers Chabrol dirige su cámara a los pies de los danzantes; según Vargas Llosa, en "La orgía perpetua",Flaubert tenía una especie de sentimiento fetichista hacia esta parte del cuerpo femenino.

Esta versión se ceba especialmente con la mujer que ha sido infiel a su marido y ha ar

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