El hombre lobo. George Waggner





Ficha técnica:


Título original:  The Wolf Man
País: Estados Unidos
Año: 1941
Duración: 67 minuto:

Dirección: George Waggner
Guión: Curt Siodmak
Dirección de Fotografía: Joseph Valentine, ASC
Musica: Director: Charles Previn
Editor: Ted Kent
Dirección artística: Jack Otterson
Decoración del set: R.A. Gausman
Sonido: Bernard B.Brawn

Maquillaje: Jack P. Pierce
Vestuario: Vera West

Productor:  George Waggner
Compañías productoras: Universal Pictures


Intérpretes:


Lon Chaney, Jr. : Larry Talbot/Hombre-Lobo
Claude Rains: Sir John Ralbot
Warren William: Doctor Lloyd,
Ralph Bellamy: Coronel Montford,
Patric Knowles: Frank Andrews,
Bela Lugosi: Bela,
Maria Ouspenkaya: Maleva,
Evelyn Ankers: Gwen Conliffe


Sinopsis: 



Estrenada en 1941, "El hombre lobo' presentó al mundo a un nuevo monstruo de la Universal y redifinió la mitología del hombre lobo para siempre. Con una desgarradora interpretación de Lon Chaney Jr. y un revolucionario maquillaje de Jack Pierce. 'El hombre lobo narra la historia de Larry Talbot portador de una maldición que lo transforma en hombre-lobo cada vez que hay luna llena. La combinación de un ambiente onírico, complejos decorados y una estremecedora banda sonora, convierten el film en una auténtica obra maestra del género.


Crítica:



Debemos partir de la base de que en sus orígenes el cine que se hacía era en blanco y negro, no por una decisión estilística o de capricho, sino por necesidad, porque no se había encontrado la fórmula científica para dotarlo de voz o de color. No olvidemos el lamento de Maximo Gorki tras asistir por primera vez a una sesión de cine, que recoge Noël Burch en su inestimable libro 'El tragaluz del infinito: "La noche pasada estuve en el Reino de las Sombras. Si supiesen lo extraño que es sentirse en él. Un mundo sin sonido, sin color. Todas las cosas - la tierra, los árboles, la gente, el agua, el aire - están imbuidas allí de un gris monótono. Rayos grises del sol que atraviesan un cielo gris, grises ojos en medio de rostros grises y, en los árboles, hojas de un gris ceniza. No es la vida, sino su sombra, no es el movimiento sino su espectro silencioso (...) Y en medio de todo, un silencio extraño, sin que se escuche el rumor de las ruedas, el sonido de los pasos o de las voces. Nada. Ni una sola nota de esa confusa sinfonía que acompaña siempre los movimientos de las personas" Para él no era la vida, sino la muerte. Es un texto precioso, seleccionado por el teórico y crítico de cine estadounidense establecido en Francia, que expresa con claridad las exigencias de la ideología naturalista de la representación, compartidas por casi todos los europeos. Los Lumière no eran artistas, ni sentían el lirismo de la representación analógica, eran técnicos e industriales, pero tenían razón.

Poco a poco el nuevo modo de representación ha ido construyendo su propia diégesis y precisamente porque el blanco y negro reproduce una realidad ficcionada (la naturaleza está dotada de color), su simplicidad cromática reduce las formas a su expresión más esquemática, convirtiéndolas en iconos de la realidad. Con el cine en color acabaron los mitos, dicen algunos, olvidando las posibilidades que éste tiene como elemento narrativo, de introducir matices, e incluso significar un film entero, según el tono elegido en los filtros, cuyo efecto es la aproximación de la película a la mayor parte del público. Pero esto no es malo; de hecho el hombre, como afirma Noël Burch, compite con la naturaleza en la creación de una realidad nueva y sigue con ahínco alcanzar  lo que él llama 'el mito de Frankenstein', consiguiendo en los últimos tiempos, dar vida a actores que ya está muertos,como ocurrió con Philip Seymour Hoffman, fallecido mientras se acababa de rodar 'Los juegos del hambre' y parece que se va a producir de nuevo con la recreación de Carrie Fisher en la futura entrega de la saga de Star Wars.

George Waggner construye unos decorados impresionantes en función de los estratos sociales que contempla. Impresiona especialmente la  altura de los techos, la solidez de unas paredes recubiertas de maderas nobles, las grandes cristaleras, y los objetos de lujo que visten la mansión del cacique, Sir John Ralbot, interpretado por Claude Rains, para el que trabaja gran parte de la pequeña población, y cuya familia está afectada por una extraña maldición, la esquizofrenia a la que los libros de ciencia de la época llaman licantropía, un mal que les permite mostrarse durante el día como hombres respetables, que se transforman al anochecer en peligrosos depredadores, a los que sólo se puede liquidar disparándoles balas de plata o matándoles con un bastón cuyo mango está constituido por la cabeza de un lobo y el pentáculo , una estrella de cinco puntas encerrada en un círculo que funciona como un talismán de protección. Dos hijos de este pequeño noble habían padecido esta extraña afección de connotaciones oscuras pero no indescifrables. La mordedura venenosa del hombre-lobo convierte en un nuevo ser de esta especie a su víctima, aunque en el film esta circunstancia se restringe al protagonista, ya que las dos personas afectadas con anterioridad por  estas lesiones, una amiga de Gwen Conliffe (Evelyn Ankers) representante de la clase media, un enterrador, y el zíngaro que ataca en primer lugar a Lon Chaney, mueren en los diferentes ataques de que son objeto y acaban su itinerario en este mundo.

George Waggner muestra el universo de los zíngaros más como gente bohemia que no se ajusta a las normas, que como migrantes peligrosos que deben ser abatidos. Cuando aparecen en sus pueblos con sus carromatos, las gentes del lugar acuden en masa a disfrutar de su música, en la que triunfan los violines, sus danzarinas, sus espectáculos de feria, y la visita a mujeres que poseen artes adivinatorias, y saben ver con anticipación su futuro; pero las magas ven en la mano izquierda de aguno de sus clientes el pentáculo que anuncia quien va ser mordido por un licántropo, ya que llevan en su comitiva a uno de ellos, Bela, interpretado por Bela Lugosi, en un papel muy secundario, a quien acompaña su madre  Maleva (Maria Ouspenkaya) que ayudará a los lugareños a desafiar la maldición, aunque el precio a pagar por Sir John Ralbot  y por ella misma sea demasiado alto. Este hombre ha perdido a sus dos hijos en plena juventud, aunque según los usos y costumbres de la época, (forma de vestir, peinarse, descuido del propio cuerpo), con tan solo 36 años, Lon Chaney, Jr. aparenta una edad demasiado cercana a la de  Claude Renis. tan solo 16 años mayor que él.

Se ha dicho que George Waggner redefinió definitivamente al hombre-lobo. Lo cierto es que realizó un película de 67 minutos de una gran belleza, en el que contrasta la luminosidad de la casa de los ricos hacendados con la negrura que reina en el exterior, las brumas que envuelven la ignorancia y la superstición y que profundizan la ausencia de color, de la que acaban siendo víctimas quienes potencian el miedo y la escasez de recursos de todos los que dependen de ellos. En casa de Sir John Ralbot se reúnen las fuerzas vivas del lugar, un hecho que ha perdurado hasta épocas bien recientes (el cura, el médico y el jefe de policía). Llama la atención el hecho de que a principio del siglo XX, un tiempo en el que ya habían avanzado los métodos de investigación criminal, se entregue al padre el bastón con el que su hijo había asesinado al zíngaro Bela, cuya empuñadura lo convierte en un arma eficaz contra los hombres, ya fueran lobos o no, permitiendo que haga desaparecer cualquier indicio que lo señale como arma homicida, y que no se interrogue al sospechoso hasta que se recupere tranquilamente en su propia y lujosa cama, denunciando un claro trato de favor que se consideraba normal. Un film del que han bebido guionistas y realizadores posteriores, dejando su impronta en directores como Mel Brooks en 'El jovencito Frankenstein' que busca el gag cómico dando la vuelta a ciertas situaciones.

Un film que vale la pena tener en la videoteca, y que ha reaparecido remasterizado y en formato blue-ray.


Podéis ver imágenes en Google y el trailer en Youtube

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