'Rare exports, un cuento gamberro de Navidad'. Jalmari Hlander. Crítica









Ficha técnica,  sinopsis, comentario (Pinchad aquí)



El 25 de diciembre de 2011 hicimos una entrada sobre esta 'rara avis', este cuento gamberro de Navidad, que hoy ha decidido incluir en su parrilla CTK. Aprovechando la ampliación de la ficha técnica, recordamos lo que dijimos aquel día, cuando nadie esperaba que la crisis que se proclamó oficialmente en septiembre de 2008, con la caída de Lehman Brothers, iba a durar tanto como lo está haciendo. Recomendamos encarecidamente este film ácrata, cínico, pero respetuosos, en definitiva, con los más puros sentimientos infantiles de los niños finlandeses, que, en la tierra de Santa Claus,  comen si  los venados se aventuran a acercarse a sus casas y  si antes no llegan los especuladores avariciosos, buscadores de tesoros y arruinan a los habitantes de la zona arrebatándole sus medios de subsistencia, ya sea la carne o las pieles con cuya venta se financian unas familias, no dispuestas a aceptar su bancarrota."

"Es un ejercicio productivo aprender a reírnos de nosotros mismos, actitud que no comparten ciertos sectores críticos cuando creen que se ataca su patrimonio cultural, especialmente en un momento en el que el cine nórdico va un paso por delante planteando delirantes alternativas financieras a la galopante crisis económica (Roberto Alcover Oti), pero no de forma tan radical que no se reserven un as en la manga: el respeto a eso que se llama espíritu navideño (Gonzalo de Pedro). El film de Helander tiene vocación de blookbuster, y apuesta por una espectacularidad pos-Amblin, (Jordi Costa, Diario El País), de gran impacto visual, gracias a la hermosa fotografía y al uso del formato panorámico, una oportuna fantasía en clave negra de eso que se ha dado en llamar 'cine infantil para adultos', promovido por Amblin en la década de los 80. 

Frente a esa otra fantasía de un 'Santa' que se olvida de una bicicleta para una niña, (Arthur Christmas. Operación regalo) cuando millones de pequeños no reciben ni un bote de leche, no está nada mal que alguien rescate ese entorno osco, desapacible y sórdido que padecen muchos pequeños, que viven en el seno de una familia moonoparental, (no me gusta aplicar en este caso el término desestructurada por las connotaciones que tiene que no son de aplicación a la historia que cuenta Helander), carente de la figura mediadora de la madre, en el que los niños al buscar en su imaginación una forma amable de habitar en el mundo, se topan con una realidad muy diferente que les arrastra a desmitificar los símbolos tradicionales, entre ellos la Navidad. 

Pietari (Onni Tommila) , educado en un mundo pragmático de hombres, que le ponen una escopeta al hombro a tan tierna edad, tiene una visión de Santa Claus, basada en ciertos dibujos y lecturas, nada amable. La fisura entre los adultos y la ingenuidad infantil no es tan radical en el proceso de pérdida de su inocencia como en otros contextos acomodados de Occidente, aunque goce de cierta calidad de vida si se compara con el llamado tercer mundo. Este discuro lo hace explicito Jalmari Helander con una sola imagen que muestra el cargamento de regalos de la factoría renovada de Santa Claus con destino a Zambia. Se ha hablado mucho de que, a pesar de la radicalidad del film, no deja de ser un producto mainstream que respeta el espíritu navideño. Esto es cierto sólo a medias, pues la cinta carece completamente de este clima, evocando más un producto de ciencia-ficción, una distopía de terror, precisamente en Finlandia de donde parten los imaginados trineos cargados de regalos, aunque es verdad que finalmente conserva la práctica de llevar ilusión a los niños el día 24 de diciembre, democratizando su distribución. 

Este grupo de rednecks finlandeses consideran venal todo lo que se mueve, y el niño busca constantemente la aceptación de su padre, pero juntos protagonizan una arriesgada acción para salvar a los niños de las perversas garras del no tan bonachón anciano. El punto de vista del director finlandés choca frontalmente con el sabor dulzón de las películas navideñas, lo que provoca la reacción de los sectores más conservadores. En Sitges recibió en 2010 el premio al mejor director, la mejor película y la mejor fotografía. No cabe duda de que Helander tiene una visión muy particular de la Navidad y de la Montaña de Korvatunturi, donde reside el emblemático  Papa Noel.

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