Sucios, feos y malos. Ettore Scola. Ficha técnica y crítica





Ficha técnica:


Título original: Brutti, sporchi e Cattivi
País:Italia
Año: 1976
Duración: 115 minutos

Dirección: Ettore Scola
Guión: Ettore Scola, Ruggero Maccari
Dirección de fotografía: Dario Di Palma, a.i.c.
Música: Armando Trovajoli
Puesta en escena: Luciano Ricceri, Franco Velchi
Decorador: Luciano  Tranquini Nello Zetti
Montaje: Raimondo Crociani

Vestuario: Danda Ortona
Maquillaje: Franco Freda
Peluquería: Adalgisa Favella

Productores: Carlo Ponti
Productor asociado: Romano Dandi
Compañías productoras: Compagnia Cinematografica Champion Magic


Intérpretes:


La familia.

Francesco Annibali: Domizio,
Maria Bosco: Gaetana,
Giselda Gastrini: Lisetta
Alfredo d'ippolito: Plinio
Giancarlo Fanelli: Paride,
Marina Fasoli: María Libera,
Ettore Garofolo: Camillo,
Nino Manfredi: Giacinto,
Marco Marsili: Vittoriano,
Linda Moretti: Matilde,
Luciano Pagliuca: Romolo,
Giovanni Rovini: abuela Antonecchia,
Silvana Priori: Esposa Paride,
Adriana Russo: Dora,
Maria Luisa Santella: Iside,
Mario Santella: Adolfo,


Sinopsis: 


El viejo Giacinto vive en los arrabales de una gran ciudad italiana con su esposa, hijos, nueras y nietos. En total casi veinte personas en la misma chabola. Casi todos los miembros de la familia son extremadamente egoístas, y sólo quieren el dinero que guarda afanosamente el padre de familia, un hombre huraño y tan miserable como los demás. Todos tratan de ganarse la vida, aunque algunos necesitan parte del dinero del padre para subsistir.


Crítica:


Hoy, cuando los directores  más brillantes entre los que se encuentran, Yorgos Lanthimos (Canino, Langosta, El sacrificio de un ciervo sagrado), David Robert Mitchell (It Follows, Lo que esconde Silver Lake), Alí Abbasi (Border), Paolo Sorrentino (Il Divo, La gran belleza, La juventud o Silvio), Gianni Zanasi (La gracia de Lucía), y otros muchos, más radicales o que están a punto de estrenar película, como Fatih Akin, -El guante dorado, seleccionada para competir en la Berlinale -, empeñados en presentar el futuro de forma sombría, recreando unos mundo vacíos de vida y muy inquietantes, ven como sus películas apenas se mantienen una semana en la cartelera, constatamos que no siempre el cambio de ciclo supone un avance, al menos de momento. Los mayores de hoy son, al menos en teoría, más tolerantes que sus padres, pero muchos, que fueron a la Universidad cuando eran jóvenes, no quieren calentarse la cabeza, sino sólo que los entretengan; los jóvenes, involucrados en las tendencias indies que propugnan que se lo hagan todo ellos mismos, pero que cada vez muestran unos créditos más abultados, y dejan que los críticos midan su valor por la importancia de las empresas que promocionan y distribuyen sus productos, tampoco quieren amargarse con grandes metáforas y otros usos desplazados de la lengua, que con imágenes repulsivas y masalnas intentan advertirles de que se acerca un tifón. La consecuencia es que cuando vamos al cine a ver uno de estos estrenos, nos encontramos con unas salas vacías, con apenas seis u ocho espectadores. Incluso las que presumen de público intelectual. Por esta razón los títulos duran poco en cartelera y , tras el fin de semana, se pasan a horas intempestivas.

En este contexto es bueno recordar la década de los 60 y 70 del siglo XIX, en la que el cine europeo se enriqueció con la emigración de grandes cineastas estadounidenses, acusados de comulgar con el comunismo por el Comite de Actividades Norteamericanas, impulsado por el Senador McCarthy que dio lugar a una caza de brujas. Esta aportación más las revoluciones que se estaban produciendo en la vieja Europa favorecieron a su vez el nacimiento  de  movimientos artísticos como el Free Cinema, la Nouvelle Vague o el Neorrealismo italiano. En este contexto realizó Ettore Scola 'Feos, sucios y malos', un film que obtuvo el premio al Mejor Director del Festival de Cannes de 1976, una comedia distópica, perversa, amoral y malsana, que apenas se podría tolerar en la actualidad: Giacinto (Nino Manfredi), su madre y su mujer viven en una chabola con sus once hijos, las mujeres, los maridos y la descendencia de estos, en el espacio constituido por una caravana y varios anexos que han ido 'construyendo' para poder albergar a todos en un espacio único, en el que 'conviven'  y duermen en total  promiscuidad, por lo que no es inusual que cualquier mujer que, dormida, deje al descubierto la parte baja de su cuerpo sea violada por el hermano o el padre de su marido. Una familia que no puede permitirse ninguna comodidad, que comen corazón de vaca crudo, y para quienes el honor y el respeto que todo ser humano merece es un lujo inalcanzable. Desde estas chabolas inmundas, rodeadas de restos de todo tipo, se visibiliza la cúpula que Miguel Ángel diseñó para el Vaticano, que para los moradores del estercolero no solo está totalmente desacralizada, sino que no se distingue visualmente de la choza del vecino.

Pero no por ello dejan de ser hombres y mujeres, que, al modo de Chaplin, en 'El niño' siguen los rituales burgueses sin apreciar, a costa de la costumbre, que todo lo que los rodea son andrajos y testigos de la miseria. Cada mañana, una nieta preadolescente de Giacinto recoge a los niños del suburbio chabolero y los encierra en un cercado realizado con las superficies de alambre viejo que sirve de base al colchón de una vieja cama rota. Tras pasar el día jugando en el recinto, teniendo como fondo la citada cúpula de San Pedro, pasa a recogerlos y los devuelve a su casa. La tranquilidad del poblado se rompe y los padres comienzan a alborotar y zarandear a sus hijos. Con esta niña se abre el film y cuando, terminado el relato, reaparece con varias garrafas de plástico para recoger agua presenta una barriga muy abultada que delata un embarazo muy avanzado, algo a lo que no parece dar importancia, ni supone un hecho grave para nadie. Otras jóvenes posan para revistas porno y las madres presumen de la suerte de sus hijas, que vuelven a dormir a la choza; otras trabajan de 'mucamas', como las llaman las señoras; nadie goza de un trabajo digno y bien pagado. Los jóvenes se desplazan en motos, tan robadas como todo lo que llevan a su casa al anochecer.

Se podría hablar de sociedad patriarcal, aunque parecería una broma, ya que, si bien Giacinto es el pater familias, no goza ni de la lealtad de una madre que se pasa el día viendo la televisión y deja que sus nietos se repartan la pensión con tal de no acabar en un hospicio. Cundo el 'patriarca', tras un intento serio de envenenamiento por parte de la familia en bloque, vende la chabola a otra familia de desgraciados, ante la imposibilidad de los recién llegados de desahuciar a nadie, se acomodan como pueden en este espacio, con tal de estar bajo techo, conviviendo las dos familias hacinadas. Hoy, cuando las calles se llenan de gente que carece de este techo, por muy depauperado que esté, debíamos pensar en si es posible la vuelta al mundo de Giacinto y su prole.  Ettore Scola ha optado por la comedia para trasladar unas imágenes tan crudas, que ya no podían endurecerse más; los directores actuales, partidarios de presentar unas imágenes vacías, sin alma, quizá hubieran construido sus relatos de tal forma que no nos hubieran dejado dormir tranquilos en una semana . Un director que merece la pena revisar.

La película completa está en Youtube y en Filmin y, aunque más de uno crea que se ha hecho spoiler y que el autor ya no puede llegar más lejos, se sorprenderá cuando lo vea que la capacidad de Scola de asombrar a su público es infinita. Quien haya visto 'El bravo' dirigida por Johnny Depp entenderá cómo se puede embrutecer el discurso; el italiano quiere, como Jodorowsky, que pasemos un buen rato con su película, -no olvidemos que el film se hizo en 1976, un tiempo en que todos eran más pobres que ahora y estas imágenes no extrañaban tanto-, pero que a la vez sintamos la necesidad de mejorar nuestro mundo.


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