Creative Control.Benjamín Dickinson Crítica





HIPSTERS DE ALTO STANDIG, POSICIÓN QUE NO TODOS PUEDEN ALCANZAR.



Ficha técnica, sinopsis (Pinchad aquí)



CRÍTICA:


Benjamín Dickinson nos arrastra al mundo distópico de los desarrolladores de proyectos, en el caso que nos ocupa el de un diseñado de gafas de realidad aumentada, algo que no es nuevo, - Steven Spielberg llevó esta ficción al cine en Minority Report en 2002, con otro soporte; recientemente Denis Villeneuve planteó otra simulación semejante en Blade Runner 2049, 2017 -, un creativo de Brooklyn que  ingenia algo que no supera el reto de sus predecesores, cuyo objetivo era conseguir la representación visual artificial de una mujer de bulto redondo; todo lo más que se ha conseguido es representar  imágenes en las que la perfección de la recreación es casi total vista de frente, pero en el momento que este ser, producto de investigaciones tecnológicas penetra en la construcción de una diégesis casi perfecta, se aproxima al 'mito de Frankenstein' de que habla Noël Burch en 'El tragaluz del infinito',y adopta una posición de perfil, el espectador ve los rayos que emanan del proyector de la imagen, que limita la capacidad de movimiento de la mujer (en los tres casos son féminas creadas por hombres, para satisfacción propia o de otros hombres).

Dickinson sitúa a sus protagonistas en un contexto ideal, en el que cualquiera abandona su trabajo por una leve fricción con el jefe, sin mayores problemas, porque tiene, al parecer, garantizadas no sólo sus necesidades vitales, sino su estatus social y económico. Ellos y ellas, auténticos hipsters, se convierten en verdaderos prototipos de un modo de vida  elegante, distinguido, pero de apariencia progresista que, al igual que ocurre con los automóviles que precisan de carburantes para funcionar, no pueden soportar el nivel de auto-exigencia sin sus dosis diarias de cocaína. Son la imagen del triunfador con su pequeña porción de poder, convertidos en 'villanos en su rincón', una situación a la que muchos aspiran, pero no pueden alcanzar, con independencia de sus capacidades.

El director del film,a la vez guionista y protagonista principal, nos sitúa en un contexto no exento de contradicciones, entre ellas algunas emociones que el hombre no ha logrado explicar de forma convincente, especialmente el amor y el desamor, en las que influye poderosamente el grupo social al que pertenece el individuo o sus posibilidades económicas para ofrecer resistencia a los obstáculos profesionales y de cualquier otro tipo que se vayan interfiriendo en su carrera y, como consecuencia, sus relaciones de pareja. Cuando la decepción se cruza en su camino de estas familias, la mayoría sin hijos, y están dispuestos a abandonarlo todo y retirarse al campo con su compañera, inmersa en experiencias místicas en el film y de cultivo del cuerpo,  en busca de una convivencia bucólica con la naturaleza, la superación de las dificultades que les hicieron anhelar esta opción se desvanecen y vuelven a la senda del éxito. Así pues, el film acierta en la forma que mejor se adecua al fondo y en la explicitación del qué y del cómo, dejando que sea la cámara la que actúe como narrador objetivo, no exento de su calidad de sospechoso (nada ni nadie se escapa a la mas absoluta subjetividad que domina al individuo); un film muy actual, que se circunscribe a una élite muy restringida, puesta al servicio de ese 1% de la población mundial que controla el 99% de la riqueza, que recompensa económicamente los esfuerzos de sus esbirros, al tiempo que se cobra un alto precio en la calidad humana del 'triunfador', a costa de su servidumbre.

Los críticos no son hombres y mujeres neutros. Tienen una formación concreta (unos son filósofos, otros escritores, algunos historiadores, y muy pocos, especialmente los de edad más avanzada, han realizado en España estudios de cine, ya que el conocimiento de las materias conducentes al conocimiento específico del lenguaje de las imágenes es de finales del siglo XX), y militan en una determinada ideología, aspectos que inciden en sus juicios, tanto como el gusto que no es un criterio objetivo, sino demasiado subjetivo y personal. Respecto a 'Creative Control' , las valoraciones de los profesionales de la opinión han sido todas favorables; en España se han manifestado dos críticos y, mientras uno, Jordi Costa, denostaba el trabajo de Benjamin Dickinson, otro, Rubén Romero lo respaldaba. Para el primero Dickinson representa al alumno de escuela tan aventajado como repelente. No le falta razón, pero ahí reside la magnífica oportunidad que da a los espectadores de observar a esta tribu urbana que 'acumula todos los tics de una modulación hipster del cine de género donde simplicidad de concepto  y afectación de escritura intentan crear un simulacro de identidad.' Una buena descripción del hipster de alto standing que agradecemos, porque nos ayuda a comprender a este grupo que se impone, junto a los marginados que se dirigen a amplias capas sociales de gente maltratada por todos los planes económicos, ocupando, unos y otros altas cuotas en todas las pantallas, un trato de favor de quienes acumulan todo el poder.

Rubén Romero (Cinemanía), tras advertir a sus lectores de que 'Creative Control' es la típica película South by Southwest (evento que reúne diferentes actuaciones y conferencias sobre películas, medios interactivos y música), 'conseguirá que te crezca la barba y te surjan gafas de pasta durante la proyección, una película que a costa de mofarse de sus personajes y sus vicios acaba siendo ella misma tan hisptérica como sus protagonistas, a los que pretende cuestionar. Su carácter académico, muy pretencioso, y canónico de manual, se pone de manifiesto en una emulación escolar de Stanley Kubrick, utilizando muchos de sus recursos, especialmente en '2001, una odisea del espacio': música clásica, ralentización de las imágenes mediante el uso de cámaras lentas, semantización-más-que- vulgar de la alternancia del blanco y negro y el color..., intentando mostrar el cinismo neoliberal que se asienta en una 'buena educación' en centros de élite, al tiempo que intenta canalizar su criticismo hacia el lado oscuro de la tecnología. De carácter escolar, aunque nos sirve.

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