Las invasiones bárbaras. Denys Arcand. Crítica





QUEBEC Y LOS QUEBECENSES


Ficha técnica, sinopsis, premios, lo que se dice (Pinchad aquí).


Denis Arcand, tras abandonar su país a causa de la decepción que le causó como individuo y ciudadano la pérdida del referendum de independencia de Quebec del Estado de Canadá, auto-exiliado en Estados Unidos, proyecta una trilogía que comenzó en 1986 con 'El declive del imperio americano', un film al que siguió 'Las invasiones bárbaras' y que culmina con 'La caída del imperio americano', realizada en 2018 y recientemente estrenada, tres películas en las que no prescinde de su actor fetiche, Remy Girard, en el papel del protagonista, Remy, un enfermo terminal de cáncer. Sin renunciar a su política de autor y a su vocación documentalista, enriquece su discurso con una ficción que dota de poesía y cierto sentido del humor la representación de la tragedia que vive su tierra natal. 

En esta ocasión pone su foco en el nivel de degradación en el que han caído los servicios públicos de su país, de los que se convierte en paradigma el hospital de Montreal en el que el padre de un joven broker instalado en Baltimore, que intenta llevar a Remy, a Estados Unidos, un hombre condenado a muerte, un profesor de Universidad, un luchador izquierdista, que ha militado en todos los istmos, junto con su grupo de amigos, amantes, colegas y familiares, y que hace perfectamente compatible su ideología con el amor a su tierra y la defensa de unas instituciones que él luchó por levantar; en las peores circunstancias se niega a salir de la ciudad en la que nació, vivió y luchó. El abandono de Québec, una de las trece entidades federales, cuya lengua oficial es el francés, por la administración central de Canadá ha permitido que todas las instituciones se degraden y corrompan, incluidos los sindicatos, cuyos miembros, venales, roban incluso las pertenencias de los enfermos. Su hijo, Sébastien, aunque en principio estaba molesto con un padre que había tenido numerosas amantes y había abandonado a su madre, que seguía formando parte de su círculo de amigos, se entrega por completo al cuidado del padre para que los últimos días de vida de su progenitor sean lo más parecidos posible al resto de su vida, y que concluyan con una buena muerte, para lo que contará con unas complicidades que no podía prever.

El ojo crítico de su cámara, atenta para no pasar por alto los datos que le proporciona la realidad y detenerse, sin palabras, en los aspectos materiales del abandono que sienten los quebequenses, y la miseria que padecen las oleadas de invasiones bárbaras, que acaban durmiendo en las calles, una constante de su cine, mira con cariño a sus conciudadanos, cuya cultura y formación, al que añaden cierto grado de camaradería 'desvergonzada' y política incorrecta, pero humanamente muy sana por el desenfado que preside la relación entre el grupo de amigos, dispuesto a ayudarse hasta el final, coexiste con el orgullo que Arcand siente por la cultura de la gente de su edad, que pertenece a la era pretecnológica, leía a Levy Strauss, Marx, Solzhenistyn, y otros muchos, bebían buen vino, se reunían constantemente para cenar, y tenían las paredes de su casa tapizadas de libros. No elude los aspectos amargos de la vida, suavizados por la camaradería del grupo. Una visión idealista y naïf, una utopía por la que todos los hombres luchan. Muy recomendable, a la par que terapéutica, en los tiempos de crisis y cinismo que estamos atravesando.

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