Sombra. Zhang Yimou. Crítica




LA SUPERACIÓN DE LAS DUALIDADES TAOISTAS Y LA DIALÉCTICA OCCIDENTAL, PENETRANDO DE LLENO EN EL PENSAMIENTO POSMODERNO TRANVERSAL


Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí)



Zhang Yimou, un cineasta denostado en China por su pensamiento occidentalizado, realiza una de las películas más importantes de los últimos tiempos, en la que evidencia que en una sociedad global en la que hombres y mujeres se mueven por el globo terrestre, ya sea por placer o por necesidad, no pueden mantenerse islas de pureza idiosincrática, y, apostando de lleno por un relato de corte claramente shakesperiano, en el que los personajes, haciendo gala de la contención y serenidad oriental, están dominados por las mismas pasiones, corrompidos por el deseo de poder sin importarles las consecuencias de sus luchas, como los personajes del gran dramaturgo inglés. Con una estructura quasi teatral, pero con una ruptura de la cuarta pared sin matices, realiza un ejercicio similar, aunque opuesto al de Akira Kurosawa cuando adaptó Machbeth a la civilización japonesa, tomando como referente la iconografía de occidente, asimilando al mismo tiempo a los héroes mitológicos desde la antigüedad grecolatina hasta la irrupción en el cine de George Lucas acompañado de los héroes de la era contemporánea; sorprenden las similitudes entre 'Sombra' y Anakin Skywalker, que, procediendo de los estratos más bajos de la sociedad, de una esclavitud más o menos encubierta, ascienden a los puestos más elevados del establishment, hasta que, en medio de su lucha, descubren el asesinato de su pobre madre y llenos de rencor, con heridas en el cuerpo y en el alma, van evolucionando hacia el lado oscuro físico y espiritual, buscando vengar a su progenitora. La mujer enamorada sufrirá una gran decepción emocional, acompañada de terror, interponiendo entre ella y el amado la gran puerta de madera que protege el palacio del reyezuelo feudal.

El director chino, nacido en Xi'an, de la provincia de Xaanxi, hace explicito su afán por superar la dualidad entre los dos elementos, el yin y el yang, dos fuerzas fundamentales  opuestas y complementarias que se encuentran en todas las cosas, mediante un procedimiento dialéctico, razonado, que supere las contradicciones entre lo femenino y lo masculino, lo oriental y lo occidental, la ambición de poder y el deseo de paz, las tradiciones milenarias y la modernidad que se extiende por todos los pueblos. La mujer, que ocupa un lugar relevante en toda la filmografía de Yimou, no queda reducida al ámbito de la intimidad del hogar, sino que desarrolla destrezas relacionadas con la música y las artes marciales, que en este caso quedan reducidas a momentos puntuales. En uno y otro caso impone su especificidad femenina, grácil, flexible, más eficiente que la masculina basada en la fuerza bruta y el golpe seco; de la combinación de ambas cualidades surgirá un táctica guerrera más eficiente y sorpresiva que, al igual que ocurría con el taimado Odiseo logrará desarmar al enemigo, una gran prueba de las posibilidades de la superación de los contrarios que, una vez consolidada, dará lugar a nuevas dualidades, ya que la evolución del ser humano es constante y Zhang Yimou ha sabido interpretar de una manera inteligente y elegante el pensamiento transversal que tiene dificultades para asentarse. La representación de esta dualidad del yin y el yang y su superación mediante su fusión con el objetivo de hacer avanzar las formas de lucha tiene reflejo en una fotografía de color tan pálido que se aproxima a los colores neutros, el blanco y el negro, dejando claro algo de lo que ya hemos hablado: el hombre vive en permanente contradicción consigo mismo y superada una dualidad, surge inmediatamente otra, sin que podamos avanzar a un mundo inundado del color que caracteriza la obra del autor, en la que el héroe, al modo de la morfología del cuento de Vladimir Propp, el héroe es capaz de restablecer el equilibro; una filosofía que puede explicar, en este caso, la estructura circular del film. que se cierra sobre sí mismo iluminando el dolor de la mujer y la amante del comandante y su sombra.

Como el gran intérprete de la condición humana, William Shakespeare, Zhang Yimou, sin perder de vista el aserto del guerrero del Japón feudal, Shinmen Mushasi, autor del conocido tratado sobre artes marciales, 'El libro de los cinco anillos', que advertía que son pocos los que aprecian el arte de la guerra, que se basa en que el buen combatiente no se define por la bondad de la causa que defiende, sino por el sentido que da a su lucha, aborda el planteamiento de la guerra y la paz, verbalizado por sus protagonistas, que choca a un occidental, pero también a una princesa moderna de un reino feudal, Quing Pin , interpretada por Xiaotong Guan, que pertenece al mismo estatus que el rey, aunque permanece semioculta tras una mampara transparente. Esta mujer que no comparte el criterio guerrero de la 'Sombra', protagoniza una bella secuencia, un emblema de lo que pudo haber sido y no fue, que evoca el  destino de Romeo y Julieta, cuyas circunstancias hacen imposible un enamoramiento factible en cualquier otro tiempo y lugar en el que reinara la paz. Cuando parece que todo acaba vuelve a comenzar...

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