Valentino. Ken Russell. Crítica



RUDOLPH NUREYEV SE INTERPRETA A SÍ MISMO A TRAVÉS DE VALENTINO, UN GRAN MITO EN LA HISTORIA DEL CINE.


Ficha técnica, sinopsis (Pinchad aquí).


El esperpento y el exceso se conjugan para recrear el clima que reinaba en Hollywood cuando el cine daba sus primeros pasos, momento en que las estrellas no necesitaban tener una gran formación  y eran auténticas muñecas en manos de directores, guionistas y productores, como muestra una de las mejores secuencias del film en las que Valentino/Nureyev baila  El Choclo con una gran actriz, a la que maneja a su gusto. Un joven italiano, un buen bailarín,  dotado de un buen físico entendió pronto que el cine abría muchas posibilidades a jóvenes como él, que no tardó en reclutar enormes ejércitos de fans, constituidos por mujeres, hartas de verse reflejadas en la pantalla  como amantes de hombres que podían ser sus abuelos.  Este hecho lo pagó muy caro el  latin lover que tuvo que soportar el desprecio y la maledicencia de los hombres, que le echaban polveras despectivamente, acusándole de amanerado, única forma de 'matar' su imagen de galán.

Russell realiza una película con toques fellinianos, pero le falta el desenfado del italiano, su ironía cargada de sarcasmo y su tono relajado, por lo que el resultado es de una dureza mucho mayor; la secuencia en la que Valentino defiende en el ring su honor frente a las calumnias de sectores de la prensa, es de una dureza tal que te hace sentir repugnancia de formar parte de la misma especie de los  energúmenos que lo insultan, lo menosprecian, se ríen de él, o bailan alegremente, bien vestidos y etiquetados en torno al cuadrilátero en que desean verlo derribado por un campeón; la misma indignación provoca en el espectador la escena de la cárcel y la reacción de los 'machitos'.

A lo largo de los 127 minutos que dura la proyección la cinta tiene altibajos y algunas imágenes grotescas y prescindibles, y molesta el uso de los tópicos que hacía la industria hollywoodiense, responsable de muchos prejuicios, como la asociación del  macho hispánico con los gauchos, los toreros, los tangos, que si bien  promocionaba al actor ante su público femenino, causaba graves problemas al hombre en su vida privada. Valentino define lo que ha sido el cine para él  y  el papel que ha jugado  la publicidad en su vida:  " Es ridículo que haya nacido en una época en la que se ha inventado una máquina que puede convertir a un hombre que sólo quiere ser granjero en una especie de dios;que el público haga colas durante horas para poder sentarse en una sala oscura y verme parpadear, que se enamoran de tí, destruyan tu matrimonio,  te destrocen y aún te preguntan por qué no te mueres de una vez. Miles de personas que no me conocen que no me han oído hablar. Eso es lo ridículo". Es la visión del cine más pesimista y ácida que se ha podido ver en la pantalla. Al año siguiente de su muerte, 1927, se estrenó la primera película de cine sonoro, El cantor de jazz,  dirigida por Alan Crosland. Con Rodolfo Valentino murió una etapa del cine y nació otra que lo revolucionó por completo,llevándose por delante a muchos actores del cine mudo.

El film está estructurado en  flashbacks, empezando con el entierro y terminando con  el actor muerto, desnudo sobre una mesa de la morgue. La secuencia inicial muestra imágenes reales del entierro del actor, filmadas en blanco y negro, tomas  en las que se insertan   fotografías de  los actores actuales y los títulos de crédito  mediante sobreimpresiones. La transición del documental al film  es un magnífico ejemplo de cómo trabaja el cine para resucitar a sus muertos  mediante el procedimiento de Frankenstein  y darles vida,  (Moël Burch): Valentino descansa en su féretro, filmado en esos tonos negros y plateados de que hablaba Gorky, como un fantasma sin vida, hasta que su rostro va iluminándose y llenándose de color, indicándonos que entramos en la ficción . En la siguiente imagen vemos a Nureyev bailando un tango (de tangere, tocar en latín)  con otro hombre, imágenes cargadas de belleza y ambigüedad sexual, que el cine ha reproducido en películas como Frida de Juliet Taymor, en la preciosa  secuencia de este baile macarra  protagonizado  por Frida  (Salma Jatek) y Tina Modotti (Ashley Judd).

Vale la pena poder ver a Rudólf Jamétovich  Nuréyev en plenas facultades, cautivándonos en cada minuto del metraje  que protagoniza. Algo le debemos al cine: ver  danzar  años después de su muerte. al mejor bailarín que jamás haya existido.

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