La divorciada. Crítica









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Crítica:


Llega el verano, tenemos más tiempo y podemos compaginar el asistir a algún estreno, la única forma que el espectador tiene de participar en el espectáculo que ofrece el cine y su sala oscura, con el disfrute de películas en casa, tras husmear incluso en comercios que ofrecen productos usados de los que se ha cansado su antiguo propietario o ha vendido por unas pocas monedas. Entre estos filmes del pasado hemos encontrado 'La divorciada', una película dirigida por Robert Z. Leonard en 1930, cuando el cine sonoro apenas llevaba algo más de tres años de andadura, tras el estreno de 'El cantor de jazz' (The Jazz Singer) primer largometraje comercial con sonido sincronizado, incorporando un tema que alcanzaría gran popularidad en 1952 en un film dirigido por Gene Kelly, que también desempeña el papel principal, y Stanley Donen: Singin in the Rain (Cantando bajo la lluvia) de Arthur Freed, que había alcanzado el tercer puesto en el AFI's 100 años, 100 canciones, y que ya había sido incorporado en 'The Hollywood Revue of 1929' (1929)  y 'The Dogway Melody' (1930).

Mas este, siendo notable, no es el mayor atractivo del film, una Screwball anterior a la implantación del Código Hays, que imponía la censura en diferentes temas, y en especial en lo relacionado con el papel de la mujer en la sociedad, generalmente de clase alta, que demuestra, sin palabras, las tesis de Teresa de Lauretis que reniega del concepto mujer globalizador; el papel que desempeñan las mujeres en el cine fue analizado científicamente por Laura Mulvey en 'Placer visual y cine narrativo', que relaciona la imagen de la mujer en Hollywood como objeto sexual con el falocentrismo de la industria del cine. Las mujeres de clase baja no alcanzan el mismo grado de seducción que las de su sexo que forman parte de las élites económicas y sociales, porque ni disponen de los medios para lograr esas imágenes elegantes y atractivas, ni del tiempo necesario, atadas a las obligaciones que les impone su papel de cuidadoras del hogar que, en ocasiones, compatibilizaban con diferentes trabajos fuera de casa, para entregarse a distracciones frívolas que las muestre encantadoras.

De este modo, las protagonistas de estas películas aparecían en pantalla como mujeres para las que no existían límites: eran ligeras, livianas, sin prejuicios; vestían de forma sugerente y se involucraban en todo tipo de relaciones,sin que el estado del hombre importara demasiado, ya fuera soltero o casado con otra, lo que muchos veían como una incitación de todas las mujeres al adulterio, algo que la puritana sociedad norteamericana no podía tolerar, especialmente cuando, como hemos dicho, la gran mayoría de las mujeres estaban sometidas a una censura muy estricta en su casa, su barrio o su lugar de trabajo, vigiladas muy de cerca por otras mujeres peores que los propios censores.

Esta situación llevó a sectores conservadores a crear la MPPDA (Motion Picture Producers and  Distributor of America), cuyo director William Harrison Hays impulsó el mayor proyecto de código censor, escrito por David Lord, sacerdote jesuita, Martin Ouigley, periodista y editor, ferviente católico seglar, y Joseph J.Breen, católico de origen irlandés, que se dividió en doce apartados que contemplaban espacios tan variopintos como el tráfico de drogas, el uso de bebidas alcohólicas, asesinatos, expresiones vulgares, profanas u obscenas, sentimientos nacionales y respeto a las banderas, títulos de películas, reverencia a los ministros de culto...En lo que respecta al matrimonio, tras un prólogo que ensalza la institución, se enumera lo que debe ser tratado o evitado en una película:

  • El adulterio no debe ser tratado explícitamente, ni justificado, ni presentado bajo un ángulo atractivo. 
  • Las escenas de pasión no deben ser introducidas si no son absolutamente esenciales en la intriga. 
  • No se mostrarán besos, abrazos demasiado apasionados, poses o gestos sugestivos. 
  • La seducción, la violación, no deben mostrarse nunca de forma explícita. No son temas a tratar en las comedias. 
  • Las perversiones sexuales, sobreentendidas o no, están prohibidas. 
  • La trata de blancas, no debe ser tratada. 
  • La miscegenación o relaciones sexuales entre individuos de razas diferentes, está prohibida.
  •  Los órganos sexuales de niños no se enseñarán nunca. 
  • Los partos no se mostrarán, ni de hecho ni en silueta. 
  • La higiene sexual y las enfermedades venéreas no son temas de representación cinematográfica.

Pero también se atendía al vestuario:

  • El desnudo integral no se admite en ningún caso. 
  • El desvestimiento/quitarse la ropa, se debe evitar si no es indispensable para la intriga. 
  • Las exhibiciones indecentes y ordinarias están prohibidas, así como enseñar el ombligo. 
  • Los vestidos de baile que permitan exhibiciones indecentes o movimientos inconvenientes están prohibidos. 

Aunque este código quedó rápidamente en papel mojado, como puede observar cualquier cinéfilo atento, de momento supuso cierto freno a las aspiraciones censoras de cada estado, pueblo o ciudad, y permitía que, al menos todos vieran una película parecida, pues los cortes no afectaban únicamente a alguna que otra imagen, sino a los diálogos, escenas o incluso secuencias enteras. En realidad lo que temían es al cine sonoro que no permitía una manipulación tan escandalosa como el silente. Se recomienda el amplio dossier elaborado por Dirigido por...(Diciembre 2012).

El espectador no sólo puede comprobar que las aspiraciones del Código quedaron pronto frustradas, sin embargo no dejaron de tener su efecto en las comedias que se realizaron con anterioridad a la entrada en vigor de este norma, que fueron etiquetadas de pre-code. Cualquiera que vea 'La divorciada' podrá advertir que los puntos que hemos referenciado en torno al papel de la mujer en el mundo parecen pensados precisamente para esta película, que, sin embargo, comparte muchas características con otras que se hicieron en esta época.


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