El recuerdo de Marnie. Hiromasa Yonebayashi. Crítica.



MARNIE ¿UNA FANTASMA?




Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice (pinchad aquí)


Nada es imperecedero como lo demuestra la decadencia de los Estudios Ghibli tras la muerte de Isao Takahata en abril de 2018, y la 'jubilación' (los grandes maestros del cine no se jubilan nunca del todo) de Hayao Miyazaki. Antiguos colaboradores que han trabajado en animación con estos grandes maestros en películas como 'La princesa Mononoke', 'Mis vecinos los Yamada', 'El viaje de Chihiro' , 'Mi vecino Totoro' y otros títulos, encabezados por Hiromasa Yonebayashi, un joven de 46 años, que dirigió en los viejos estudios en los que se formó como animador 'Arrietty y el mundo de los diminutos' (2010), su opera prima como realizador, abandonaron la prestigiosa compañía y crearon uno propio, 'Studio Ponoc', en el que Yonebayashi realizó su primera película independiente: 'Mary y la flor de la bruja' (Mary to Majo no Hana, 2017). Quien ya mostró una gran sensibilidad por los escritores ingleses y adaptó sus cuentos a una imagen genuinamente nipona, hija de Hayao Miyazaki, realizó el primer ejercicio de simbiosis de la idiosincrasia oriental y occidental  en 'Arrietty y el mundo de los diminutos', un relato que tomaba como referencia la  novela de Mary Norton, The Borrowers, (1952); después sería Joan G.Robinson el que inspiraría su segunda película 'El recuerdo de Marnie', que ahora comentamos.

'El recuerdo de Marnie' es un film oscuro, en el que se ha querido ver la influencia de Alfred Hitchcock y películas tan retorcidas como Vértigo. Anna, la protagonista, es una chica con limitaciones psiquico-físicas: sufre de asma, depresión y desorientación identitaria; es una adolescente andrógina, que viste siempre como un chico y peina sus cortos cabellos morenos de forma masculina; sueña con una niña que habita, en su imaginación, en una enorme mansión, separada, en determinados momentos, de la población por la marea que sube cada atardecer, elementos que maneja George Romero en sus filmes de terror,amortiguados por la delicadeza miyazakiana con la que sus delicados pies de la adolescente huellan y se introducen en el agua, ansiosos por alcanzar el objetivo de abrazar a su amada, a la que en principio ha observado embelesada a través de una ventana, situada a los pies del muro en el que abre el vano, mientras una sirvienta peina sus rubios cabellos, sin mostrar en principio su rostro en el que brillan unos enormes ojos azules. Imágenes confusas que se resuelven de una forma sorprendente , prematura, según algún crítico, que conducirán al espectador por caminos bien diferentes a los sugeridos hasta el momento, hacia el encuentro con un pasado que la atormenta. Hiromasa Yonebayashi muestra una gran sensibilidad por los niños que sufren el abandono de sus padres, ya sea a causa de un divorcio, una separación o cualquier otra causa, y que pasan a depender de tíos, padres adoptivos que cobran de los servicios sociales, o sirvientes desaprensivos, a los que ahora decide compensar con un final con happy end.



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