Infiltrados en KKKlan. Spike Lee. Blu-ray, crítica




INDEPENDENCIA VS. DEPENDENCIA DE LA PUBLICIDAD



¡Benditos los tiempos en los que George Lucas representaba grandes explosiones con una caja de cerillas! Hoy tendría grandes dificultades (más de las que tiene) para competir con aquellos que, financiados por la gran industria, acumulan basura (literal, literaria o subliminal)  emulado a Andrei Tarkovski, ensombrecen los ambientes con escasa luz natural mal entendida o distribuida, reproduciendo la atmósfera de 'American Graffiti', con torpes movimientos de cámara...pero adornan sus productos, a los que llaman 'indie' con unos créditos iniciales y finales con enormes y ostentosas letras bien realizadas que anuncian a las grandes compañías: Universal, Fox, Paramount..., que acogen bajo su égida a otras más pequeñas que se encargan de la elaboración del producto que las poderosas distribuyen, prometiendo suculentos contratos de publicidad para su promoción. Esto parecen haberlo entendido cineastas que hasta el momento iban de radicales activistas y que ahora se unen en películas como 'Infiltrados en el KKKlan', cuyo productor en este proyecto es el valiente Jordan Peele, ('Nosotros') que construyen su discurso mostrando en pantalla a afroamericano (negros, morenos, simios...) con blancos que por su religión, ya sean judíos, musulmanes o budistas, se oponen a los protestantes blancos. En su elenco reúnen a actores como el blanco Adam Driver, del que informadores mal informados afirman que ha pasado de las grandes superproducciones (seamos claros, de Star Wars ¡Vade retro Sataná! ) al cine independiente, cuando las cosas se produjeron al revés: conocimos a este actor por papeles en películas como 'Mientras seamos jóvenes', dirigida por Noah Baumbach, un director con el que ha vuelto a trabajar recientemente, en las que aparecían rodeados de vinilos y máquinas de escribir como la que usa Woody Allen; junto a él John David Washington, caracterizado como un joven policía de la época en la que Ángela Davis luchaba por el poder negro, pero que en realidad es el hijo de Denzel Washington.

Spike Lee y Jordan Peele, dos grandes directores, así como otros, entre ellos el canadiense Denis Arcand, han entendido que subirse al carro del blockbuster no es una traición, sino más bien una cesión de sus principios que les permite llegar más lejos que con películas de serie Z, que huelen a domingueras y caseras, de verdad, con independencia del talento de quien está detrás de la cámara. Todos ellos y otros más, que han descubierto que en la soledad hace frío, presentan un discurso mixto, en el que blancos y negros se unen en función de sus intereses y no del color de su piel, y si es necesario, se suben en una plataforma mecánica con la que avanzan hacia el final de su película, un gesto que muestra su aceptación de recursos de los que el independiente no posee (recordemos a los cineastas de la Nouvelle Vague usando el maletero de su utilitario a modo de travelling; ¡Qué horror, pensarán algunos) .  A nosotros nos gustan ellos y sus protagonistas, en especial Adam Driver, hagan lo que hagan, porque lo hacen bien, con mucho o con poco dinero y sólo nos duele un tanto cuando se aproximan a la frivolidad que caracteriza a las recientemente bautizadas como 'clases medias', que honestamente no sabemos qué son, porque entendemos que el medio se sitúa entre otros dos tramos (¿arriba y abajo?) .

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