IT: Capítulo 2 Andy Muschietti. Crítica de Juanma Pastor




    Crítica:

Es difícil llevar las historias de Stephen King a la gran pantalla sin que referentes clásicos del cine de terror como Carrie (De Palma), Cuenta conmigo (Reiner) o El resplandor (Kubrick) no marquen una estética de la que partir para plasmar el universo de este popular escritor americano. Estas películas, basadas en la imaginación de Stephen King supusieron hitos del cine de terror de finales de los 70 y de toda la década de los 80; ese periodo se caracterizó por ser la época dorada del cine fantástico y de terror, y por tanto, la imaginería de este prolífico escritor sería muy influyente en aquel momento.

IT ya tuvo una adaptación televisiva a cargo del director Tommy Lee Wallace en 1987 que, a pesar de la limitación artística de la producción, contaba con dos atractivos; el carismático Tim Curry de Rocky Horror Picture Show era el terrorífico payaso Pennywise y también, el telefilm era cutre pero poseía cierta autoconsciencia del tipo de producto que era y eso lo hizo disfrutable y efectivo. Hace un par de años, en 2017, el director argentino Andrés Muschietti dirigía la primera entrega de una nueva versión de IT en la que se contaba solo la parte de la infancia los personajes. El principal problema del film era que en una época plagada de revivals de los 80 como Strangers Things, la película carecía de la frescura que pudiera hacerla sobresalir con originalidad.

Sin embargo, este último par de años, el género de terror parece haberse decantado por su vertiente más snob con películas como Hereditary o Midsomer que parecen haber convencido más a la crítica, ávida de referentes cinematográficos de pedigree, que al público. La originalidad y el aspecto más travieso del cine de terror parecen haber sido desplazados por un nuevo imaginario pretendidamente crudo y descarnado. En este entorno, Andrés Muschietti dirige la segunda entrega de IT de manera muy diferente, y se decanta por un terror más gamberro e imaginativo que por momentos recuerda al Sam Raimi de Posesión infernal, con monstruos que chupan la cara de los protagonistas o secuencias en las que el humor macabro resta afectación al melodrama.

Eso provoca que el film, a diferencia de su predecesor, tenga cierta frescura genuina, y que “lo fantástico” adquiera el estatus visual y simbólico que merece esta historia heredera de Lovecraft; El payaso acaba siendo un alienígena milenario, los protagonistas llevan a cabo un ritual indígena ancestral para enfrentarse a él, y en el estilo de Stephen King, como si de un Poe pasado de rosca se tratase, las pesadillas y la psique de los protagonistas se convierte en monstruos reales, tumbas de arena que los asfixia y piscinas de sangre que los ahoga. En definitiva, es una película muy divertida y plasma la historia de King con originalidad visual.

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