The Host. Bong Hoon-Jo.Crítica






Destaca en las carteleras un nuevo film de Bong Joon-Ho, el director de The Host (2006), (Gisaengchung). El 21 de abril escribimos este post sobre Gwoemul (The Host), una película que nos impactó profundamente, y que ahora reproducimos:

Crítica:

Si hay algo que `pone en evidencia Bong Joo-Ho es que occidente ya no puede seguir viviendo de viejos laureles y contándose la mentira de que en los países asíáticos todo el mundo vive mal. La película es moderna en el fondo y en la forma. En el fondo porque muestra la preocupación de los coreanos por la destrucción medioambiental, los vertidos criminales y las soluciones drásticas, más criminales todavía, con unas consecuencias que se desconocen. Los medios de comunicación de las nuevas tecnologías, modernos teléfonos móviles y el apoyo de la red para obtener información básica son decisivos en la resolución del conflicto. En la forma han aprendido bien el oficio cinematográfico, adoptando lo mejor y más actual del cine norteamericano ( diseño por ordenador, animatronix...), conservando la filosofía oriental y la penetración humana en los personajes.

Unos científicos vierten un centenar de botellas de fomaldehido en el río Han de Seul y producen una mutación que genera un monstruo que aterroriza a los visitantes de sus riberas donde la familia Park posee un quiosco de refrescos, comida rápida y chucherías. La familia está constituida por el abuelo Choy Tac, sus hijos Gang-Du, Nam-il y Nam-Joo y la hija de Gang-Du, Hyun-Seo. Esta familia muestra la evolución del pueblo coreano, que en la actualidad está dando los mejores resultados académicos de sus estudiantes, según rankings internacionales .Gang-Du, el mayor, nació en momentos de gran precariedad de su pueblo, sin madre y con un padre que no podía dedicarle la atención adecuada. Mal alimentado y apaleado constantemente por la sociedad, se convirtió en un seo-ri, que realizaba pequeños hurtos entendidos como el derecho de los hambrientos. Con el tiempo se hizo un ser apático, irresponsable y con tendencia al sueño y la inactividad. Su padre se convirtió en su cicerone, haciéndose cargo ya muy mayor del pequeño negocio familiar. Los hermanos menores disfrutaron de una sociedad mejor, que les dio acceso a estudios universitarios y deportes de élite. Nam-il, ingeniero en paro, cayó en el alcoholismo.

Hyun-seo iba a un colegio uniformada, como en los países comunistas del este, con significado muy distinto a los de occidente. Toda la familia se convierte en un sólo miembro para salvar a la chica, atrapada por el monstruo, que vive en las alcantarillas (buena metáfora, muy extendida en el cine americano actual) y se alimenta de los hombres que le han dado vida. Este desastre sirve al director para mostrarnos las antiguas costumbres de su pueblo y las morgues que se organizan en los desastres, llenas de flores blancas y fotos de los desaparecidos; desde la puesta en escena del 'mutante' la fotografía se vuelve gris, de tonos sólidos y lluvia abundante, creando un clima de tristeza, suspense y terror. Entre los coreanos un sólo blanco, representante del hombre de acción americano, sacrifica su vida en pos de la colectividad. Los gobiernos mundiales incrementan la alarma, extienden el miedo entre la población para seguir con sus experimentos y nuevas agresiones, como en otros casos conocidos ( guerra fría, antrax, gripe A...), afirmando que el monstruo transmite un virus mortal y realizando una lobotamía al rebelde Gan-Du, que se convierte en líder de los ecologistas, que piden su libertad en las pancartas.

Como ha pasado recientemente con las armas de destrucción masiva, los análisis demostraban reiteradamente que tal virus no existía. No falta la niña que acusa a Gan-du de haberla maltratado, como la hija del embajador kuwaití que afirmó haber visto como los iraquíes arrojaban al suelo a los niños de las incubadoras. Tras denunciar la incapacidad del gobierno coreano para encontrar a la familia 'infectada', los diarios de noticias anuncian que EE.UU. y la OMS van a practicar una política de intervención directa: el uso sin precedentes del 'agente amarillo', que aniquila los agentes biológicos en miles de kilómetros ( imágenes de guerra, y recuerdo del mortifero uso por EE.UU. del gas naranja en Vietnam), peligrosos para los humanos; esta noticia, emitida en grandes pantallas en la vía pública da motivo para la única escena cómica en la que un hombre escupe en un charco en el suelo, rodeado de ciudadanos aprensivos y a continuación pasa un coche que los riega a todos. Efectivamente el gas amarillo atonta a la criatura pero mata a la niña, ante una multitudinaria manifestación contra su uso. Serán Nam-il y Nam-joo quienes matarán al monstruo con procedimientos de la guerrilla, usando cócteles molotov y una flecha incendiaria, al estilo de los antiguos ejércitos romanos; Gan-du lo rematará.

Son impresionantes las imágenes de padre e hija en medio del gas de color naranja y los manifestantes sangrando por oidos y nariz, mientras por el suelo aparecen esparcidas, como después de una batalla, pancartas y avisos oficiales de la peligrosidad del gas, que desprecian los personajes para salvar a los 'suyos', que tienen escasa importancia en las estadísticas. La criatura fue diseñada por Chin-Wei-Chen con muy buena fortuna; su boca que se abre en forma de flor recuerda al monstrruo de La cosa de Carpenter; la música de Byeong Woo Lee, cálida y humana, se situa entre Nino Rota y Ennio Morricone; en momentos de gran tensión el silencio crea una mayor expectatativa y tensión. Los personajes son entrañables y carismáticos y Gand-du inicia un viaje en pro de la salvación de su hija que le conducirá a la regeneración y la responsabilidad, desaparecida su familia víctima del mutante primero y del gas naranja amarillo después. En la entrada kafkiana en el laberinto de las alcantarillas, donde su imagen se ve empequeñecida frente a las enormes y rectas columnas que se yerguen ante él se ve reflejada su impotencia y pequeñez, pero el amor de su hija lo convierte en un auténtico héroe, que adopta al seo-ri superviviente; en su pequeño quiosco ambulante, ante las fotografías de sus familiares muertos, cenando sólo en compañía del niño, decide apagar el televisor, fuente de manipulación y saborear los placeres que le da la vida en su exilio interior, solos en una playa desierta.


Un film imprescindible, realizado a principios del siglo XXI, una evidencia de que no podemos seguir ensimismados.

Comentarios