Tres caras. Jafar Panahi. Ficha técnica y crítica.




ME LLAMO MARZIYEH REZAEI, DEL PUEBLO DE SARAN, CERCA DE MIANEH...NO SÉ CÓMO DECIR ESTO, AMO EL CINE DESDE QUE ERA PEQUEÑA, SIEMPRE HA SOÑADO CON SER ACTRIZ, HE LUCHADO PARA CONSEGUIRLO...PERO MI SUEÑO SE HA ROTO...


Ficha técnica:


Título original: 3 Faces
País: Irán
Año: 2018
Duración: 97 minutos aprox.

Dirección: Jafar Panahi
Guión: Jafar Panahi
Dirección de Fotografía: Amin Jaferi
Edición: Mastaneh Mohajer;; asistente: Panah Panahi

Diseño de vestuario y maquillaje: Leila Naghdi

Productor: Jafar Panahi
Compañías productoras: Cameo, Celluloid Dreams The Directors Label


Intérpretes:


Jafar Panahi: Él mismo,
Behnaz Jaffari: Ella misma,
Maedeh Erteghaei: Maedeh,
Narges Delaram: Madre
Marziyen Rezael: Ella misma,
Fatemeh Ismaeilnejaad: hombre viejo,
Yadollah Dadashnejad: Yadollah,
Ahmed Naderi Mehr: Karbalei,
Hassan Mihammadi: Hombre viejo en la carretera,
Mehdi Panahi: Hermano de Marziyeh,
Asghar Aslani: El dueño de la vaca.


Premios:


  • Cannes, 2018: Mejor guión ex aequo


Sinopsis:


La actriz Behnaz Jafari no puede resistir a la llamada de auxilio  de una chica de provincias cuya familia quiere impedir que siga estudiando en el Conservatorio de Teherán. Behnaz decide abandonar  un rodaje y recurre al cineasta Jafar Panahi para resolver el misterio que esconde el problema de la chica. Se desplazan en coche hacia el noroeste rural del país, donde conocen a los amables habitantes del pueblo montañoso de la joven actriz en ciernes. Pero los visitantes no tardan en descubrir que la tradición es tan poderosa como la hospitalidad.


Crítica:


Nos preguntamos qué quiere decir Javier Ocaña, crítico del diario 'El País', cuando, al referirse a la película de Jafar Panahi, habla de una película física que incluso se atreve con el metalenguaje o que supone una reflexión  sobre la hipocresía de las masas. Luego hablaremos de ésto, pero, para entender mejor el contexto en el que se inscribe el trabajo del cineasta persa, es bueno saber que colaboró como ayudante de dirección con Abbas Kiarostami, ( El sabor de las cerezas, 1997; Copia certificada, 2010), un cineasta occidentalizado que gozó no solo del aplauso, sino de la financiación de los poderes financieros occidentales y la prensa especializada, que tienen medios para divulgar lo que les conviene y condenar a la penumbra lo que no interesa.

Jafar Panahi, siendo niño ya sintió la llamada del arte, escribiendo y filmando historias ficticias y documentales (imágenes de la Guerra Irán-Iraq, mientras realizaba el servicio militar). Formado en la Facultad de Cine y Televisión de Teherán, a la que quiere acceder la joven protagonista de 'Tres caras', concretamente al conservatorio, donde, al parecer se forman las actrices, y por medio de su colaboración con Kiarostami, consiguió galardones muy prestigiosos en los festivales de cine occidentales, hasta que su compromiso con la liberación de las mujeres de su país lo llevó a las cárceles iraníes, concretamente por la asistencia al entierro de Neda Agha Soltan, una joven asesinada por la milicia Basij, durante las protestas electorales en Irán en 2009. El cineasta fue liberado, aunque se le prohibió salir del país, si bien no tardó en ser arrestado y solo disfrutó de nuevo de libertad cuando reconocidos cineastas y productores occidentales de gran peso exigieron su libertad, pero no pudieron conseguir su objetivo, ya que Panahi fue condenado a seis años de prisión y 20 de inhabilitación, viajar al extranjero o conceder entrevistas.

Conocidas estas circunstancias, no resulta extraño certificar lo pedestre de sus recursos, tomas obtenidas con un móvil de baja definición, tomas realizadas desde el todoterreno en el que viajan el actor-cineasta, que hace de sí mismo y que abandona el rodaje de su película para acompañar a su partner, la actriz Behnaz Pahani, que ha recibido un truculento mensaje de una adolescente, o quizá pre-adolescentes, -no se establece esta diferencia - en su aparato telefónico que la atormenta. Todo es modesto, muy modesto, en el cine de un realizador al que se ha privado de todo y al que lo único que avala es la fama a la  que desgraciadamente contribuyó  el gobierno iraní, y al también modesto altavoz de un pequeño blog.

Por eso parece una broma hablar de metalenguaje, cuando en realidad no se hace referencia al film que dirige un cineasta convertido en actor de un pequeño spin off, en el que su actriz-protagonista se pone nerviosa por el mensaje recibido en su teléfono y saca al realizador de su trabajo para construir una pequeña pieza, un humilde y sobrio proyecto que adopta la forma muy en boga de la autoficción (¿le ha ocurrido esto en realidad a Fajari o Panahi?) se sirve de nuevos soportes que incorporan las nuevas tecnologías, cuyas antenas llegan allí donde no acceden los médicos, una situación que lamentan los más viejos del lugar, que reclaman la vuelta al campo, que no es la primera vez que se produce en la historia, (un fenómeno que en nuestro país ha sido bautizado como 'la España vaciada'), pero que recluyen a sus mujeres en el ámbito privado y asfixiante del hogar.

Llama la atención que Panahi pueda saltarse la prohibición de hacer cine en su país, pero no pueda salir del mismo, y que, en Occidente, muy proclive a crear mártires, se le conceda la gloria, pero no se le preste un lugar para desarrollar su valía con dignidad. Barreras invisibles que levantan quienes se sienten, desde medios públicos y privados, funcionarios del sistema que alaban a los que hacen exhibición de talento, pero lo sitúan en los márgenes; es posible que pocos o muy pocos quieran hacer este tipo de cine, carente de los recursos más elementales, del que se ocupan los medios más importantes de todas las ideologías. No sólo las grandes compañías tienen intereses; mientras Panahi hace lo que puede con su coche, su cámara, y sus actores: él mismo y su actriz fetiche.


Consultadas las páginas Imdb, Filmaffinity y la 'maldita' Wikipedia, que todos consultan clandestinamente. No hay otra para conocer la realidad más inmediata.

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