Columbus. Kogonada. Crítica







CUANDO LA SENSIBILIDAD SE DESPLAZA ALLÁ DONDE LOS OCCIDENTALES CREÍAN QUE SÓLO SE PODÍAN PRODUCIR OBJETOS BARATOS.

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CRÍTICA:



Se puede evolucionar culturalmente quemando etapas, más fácil en tiempos pretéritos, mas quien no ha tenido la oportunidad de  disfrutar de la pintura y de la literatura, haciéndolas compatibles en sus esfuerzos para adaptarse al desarrollo de la revolución tecnológica, que había introducido la posibilidad de captar la imagen y el movimiento, mediante la fotografía fija y el cine,  debe compartir entre ambos tipos de lectura, la primera, que exige la mayor información en el encuadre, y la segunda que da al montaje la cualidad de sujeto de la enunciación y le otorga el privilegio de dar significación al discurso. Esta nueva realidad que surge del industrialismo, que ahora se confunde por muchos, críticos y espectadores, que se empeñan en llamar productos y producciones a lo que emana de compañías surgidas al calor de la ciencia cuyo avance es imparable, y se mantienen atascados en la alabanza del 'encuadre-fijo', materializado en planos muy largos 'ideológicos', que caracterizan el cine europeo, supone el nacimiento de una idiosincrasia que supone un freno a la revolución de nuevas formas de representación. Hoy ya nadie puede terminar los libros...dice el protagonista del film. Especialmente si se debe compartir el tiempo, que es limitado, con la formación, mediante la lectura de ensayos que profundizan en el conocimiento de las nuevas formas de representación, la fotografía y el cine, y su disfrute mediante el visionado de algunas películas, en los que se impone el bla-bla-bla o cotorreo y parloteo continuo, inspirado por Woody Alen y Richard Linklater, para precisar el significado de un significante que avanza sin parar: una imagen que pocos saben interpretar. 

En las ciudades más importantes suelen perdurar cines que se convierten en el paradigma de la intelligentsia anquilosada, que proyectan sus películas en salas que no reunen las mínimas condiciones (los asientos diseñados en tiempos en los que el público no era exigente, y que, excepto los que ocupan la primera fila, incorporan a la imagen la de la cabeza del usuario sentado delante de él)  y en las que no se puede experimentar el nuevo cine en 35 mm/70 mm,  que hubiera hecho las delicias de los Hermanos Lumière (estos sí, industriales) o Méliès, junto a otros que nos dan la oportunidad de experimentar los últimos avances que benefician al medio, y que sólo ofrece en el país la Sala Phenomena Experience de Barcelona, en cuyo hall, ocupado en estos cines a los que acude la auto-proclamada élite  están repletos de gente esperando para entrar en su sala, como en la cola de la Seguridad Social, para ver cine clásico (al menos se podían limitar a ofrecer al cine realizado antes de la aparición de la llamada 'Generación de los Barbudos', en la que militaron Spielberg y Lucas, que conmovió y alteró el status quo, -hoy ya clásico -,  o el Cine de los Margenes, según terminología de Pares, más acorde con sus condiciones), se exhibe, protegido, un fragmento de la alfombra que cubría el tétrico pasillo que  recorría el niño Danny Torrance en 'El resplandor' de Kubrick, un emocionante homenaje al cine de género (otro sacrilegio). Ocurre lo mismo en los cines del centro de estas ciudades, a los que acude una burguesía acomodada, que, si bien disfruta de mejores medios y concepción de las salas, tampoco están abiertas al futuro, y les rechinan los dientes con las bandas sonoras aberrantes, y las libertades que se toman los 'autores' que rompen con la imagen conónica y convencional, y renuncian a la feel good movie y su tema predominante basado en el amor y el lujo, que se busca en estos ámbitos distinguidos de otra manera. Ahora el avance de la ciencia y la tecnología nos ofrecen nuevos formatos, pantallas cada vez más grandes y proyectores de más alta fidelidad, que incorporan el 4K, y permiten al espectador ver cómodamente en su casa copias de cine clásico (el verdadero entretenimiento de los podres, parafraseando a Noël Burch en 'El tragaluz del infinito'), con 'pelos', 'marcas de cigarro' y otras heridas en el celuloide, pero también las realizaciones que se sitúan en la vanguardia del modo más joven de representación.

Para Jordi Costa, Kogonada propone un nuevo modelo de cine filosófico en el que el fondo es la forma: quizá olvida que en cualquier actividad humana la forma es el fondo, ya se trate de una actividad política, una forma de arte, o de cualquier otra manifestación humana, en la que  los gestos, las actitudes, los  comportamientos o las palabras, son la materia o la sustancia sustancia que preside la expresión del artista. La confusión viene de la mano del llamado arte conceptual, que cree que en cualquier expresión la conceptualización es más importante que el objeto representado y tangible. El hecho de que Kogonada convierta la arquitectura en un elemento fundamental que dialoga con sus personajes, ni es nuevo ni es muy significativo a priori. Antes de que Antonioni realizara su trilogía de la Incomunicación, en la que la arquitectura moderna contribuía a la alienación del hombre, Lorca había escrito aquel terrible poema de 'Poeta en New York', con el que, en parte,sentenció su propia muerte y dejó un testimonio de esta incomunicación en aquellos versos en los que se lamentaba de que "Atrapado por el cielo/entre las formas que buscan la sierpe/ y las formas que buscan el cristal/ dejaré crecer mis cabellos..., un último y oscuro verso en que desliza la principal causa de su marginación.

Se ha querido asociar a Lulu Wang con el cine que hace Kogonada, el cineasta estadounidense nacido en Corea, un país que conviene no perder de vista, pues ha dado directores como Bong Joon-ho, y a donde se desplaza la protagonista de Bigalondo en Colossal, para realizar su catarsis. Una aproximación que se intenta después del fiasco de buscar referentes en Ozu o Kurosawa. El director de Columbus, aunque mantiene una estética indie, intenta una aproximación más profunda al contexto en el que se inscribe una historia sencilla, la de un hijo obligado a acudir una ciudad pequeña, la comunidad caracterizada por la abundancia de los museos y la relevancia de su arquitectura, y queda atrapado en el lugar junto a un padre moribundo, un intelectual con el que no tiene feeling, por razones en las que no se profundiza. La presencia ineludible del legado de arquitectos como,  Eliel Saarinen (Hijo de Eeron Saarinen); Richard Mier e I.M.Pei, Deborah Berker, invita al espectador a establecer conexiones entre la arquitectura y el individuo mediante una serie de creaciones asimétricas que mantienen el equilibrio. Espacios minimalistas y asépticos que se abren a jardines de diseño y que evocan el clima creado por Hopper, que conviven con mansiones de corte clásico, en una de las cuales vive el joven Jin temporalmente, rodeada de espacios verdes de estilo versallesco, jalonados de fuentes clásicas, que muestran la perfecta armonía en que conviven lo viejo y lo nuevo, oriente y occidente, lo que nace y lo que muere, en resumen el yin y el yang que preside 'Sombra' de Zhang Yimou, un drama intenso de corte shakesperiano.

Si la Bauhaus buscaba la integración de la arquitectura en el espacio, los arquitectos que dieron forma a Columbus  buscan la identificación de los edificios con el individuo, un propósito, una intención que toma fuerza en el Hospital Mental  realizado por James Polshek, que concibió su contribución a la creación de la Meca Modernista del Medio Oeste como un arte curativo mental que atiende a varios personajes de este relato, muchos de ellos adictos a las drogas; una iniciativa apoyada por el patrocinio corporativo de Cummis Inc, fabricante de una gama de motores encabezados por el ejecutivo Joseph Iewin Miller, que ha convertido una pequeña ciudad de 44-000 habitantes en una anomalía singular. Alguien ha dicho que si Antonioni se sirvió de la arquitectura moderna para dar su particular versión de la incomunicación entre los hombres, Kogonada  impone alma a los edificios en los que que dejaron su impronta más de 40 arquitectos sobresalientes de la historia moderna y contemporánea, estableciendo una conexión indisoluble con los seres humanos que conviven con ellos, y que no es posible imaginar fuera de este contexto. Un testimonio de que más allá de la cutrez que impone la avaricia, existen algunos lugares privilegiados que permiten que algunos hombres sigan creando y concibiendo un mundo mejor, lo que no nos parece un planteamiento baladí, sino que es capaz de mirar más allá de su propio ombligo. Indie pero interesante.


Podéis ver el film en Filmin.

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