Alicia en Wonderland. El regreso. Chema Cardeña. Sala Russafa, Valencia





ALICIA EN WONDERLAN. EL REGRESO.

CHEMA CARDEÑA


CIA. ARDEN PRODUCCIONES
SALA RUSSAFA. VALENCIA



Han pasado cinco años (Fin de una etapa y comienzo de otra nueva) desde que Chema Cardeña decidiera aproximarse, que no adaptar,a la obra cumbre de Lewis Carroll, muy manoseada con posterioridad, y carente por completo de inocencia, sólo apta para los niños que señalaba James Joyce en Ulises que no eran inocentes porque parecían haber nacido sabiéndolo todo. En 2014,aunque la crisis que provocó la caída de Lehman Brothers, ya había mostrado su verdadero rostro, no éramos demasiado conscientes de que la revolución de los medios de producción que anunciaba una nueva era, la tecnológica, amenazaba con llevarse por delante toda una sociedad, su organización, su cultura, su pensamiento, y que eso iba a tener tremendas repercusiones en todos los ámbitos de la vida. Esta es la razón por la que, en nuestro comentario de esta excepcional adaptación, nos centrábamos en la puesta en escena, el trabajo de los actores, y un background que ya señalaba la forma en que se empezaban a cercenar las esperanzas de los más jóvenes, que hoy han cogido las banderas de diferentes reivindicaciones, de todo aquello que introduce negros nubarrones en sus posibilidades de subsistencia.

Recientemente Benito Zambrano, un cineasta dotado de un gran talento adornado con grandes dosis de humildad, acudió a una sesión en el cine-club que se celebra cada lunes en los Cines Lys de Valencia, y dijo algo importante:" En cada cita con mi público voy incorporando sus reflexiones que me ayudan a conocerme un poco más a mí mismo". Animada por este pensamiento del cineasta andaluz, me voy a atrever a dar una interpretación que, en mi caso, me ayuda a construir la diégesis del discurso de Chema. La primera imagen que el autor nos proporciona es la de una joven y desorientada Alicia ante un velo que simula un espejo, acompañada a izquierda y derecha, por Tweedledum y Tweedledee, nombres endiablados, tomados de un poema de John Byrom, flanqueados por dos letras mayúsculas, I y D, de fácil interpretación; la chica no quiere atravesar el espejo para conocerse a sí misma, ni le vale la invitación que Lewis Carroll hizo a la niña Alice Raikes, tras darle una naranja y situarla ante el espejo, para que reflexionara en torno a qué mano la portaba. Aquí se van a contraponer dos mundos: el de verdad, el real, y aquel con el que sueña la protagonista, desde una posición utópica, ayer una creencia firme, defendida por muchos, de que 'un mundo mejor es posible'.

De este modo, a un lado y otro del espejo que finge Chema, ya no está nuestro alter ego, ni el inquietante doppelgänger  maligno que nos acompaña y ha protagonizado tantas historias, sino la preocupante imagen que crea Jordan Peele en Us (Nosotros), la de los 'ligados', nuestros dobles colectivos, que todavía no han creado las condiciones para romper sus ligaduras. La imagen que vemos en el espejo ya no es la nuestra invertida, sino aquella vuelta de espaldas que observa angustiado un espectador que mira asustado tras el personaje situado ante el espejo. No es extraña, pues, la perplejidad que muestra Alicia cuando los dirigentes del 'País de las Maravillas' reconocen que esta isla de bienestar es sólo una quimera, pero que el mundo del que procede la joven es gemelo del que cuestiona. De este modo la obra se convierte en una crónica, un testigo de la sociedad líquida, la del Do it Yourself (Hazlo tú mismo), el catecismo indie, tan de moda y que tanto gusta a las élites,  abrumada por fuertes corrientes transversales que acaban en el Árbol de las Lamentaciones o en el Lago de la Complacencia. Dos actitudes claramente inútiles.

A la luz de los últimos acontecimientos, que se suceden con enorme rapidez y que no permiten ni siquiera disimular la ruina del mundo que hemos conocido, mientras caminamos hacia una transición incierta,  observamos con más claridad que nunca la ambivalencia de los personajes que ha creado el autor, cada uno de los cuales reúne diferentes perfiles, como verdaderos recipientes de nuestras cambiantes inquietudes, ya se trate de la Reina- que- una-vez-fue-roja, el Señor Azul, hoy Ministro de Arte y Espirtualidad, que fuma con descaro cualquier sustancia, con independencia de las connotaciones de su nombre, o la Condesa que viene del nuevo mundo, lleva sombrero naranja y una jaula en la que transporta a un 'Jordi', a la vez que se expresa en dialecto argentino, reuniendo en su personaje características que remiten a más de un representante de la vapuleada política. Lo mismo ocurre con el Sombrerero Loco, arte y parte del embrollo, para el que las reivindicaciones de las 'feminazis' carecen de fundamento, mientras manosea a la joven atada e indefensa, el gato de Chelsea, un ministro del interior que no habla, solo maúlla y amenaza, el pusilánime Blanco Conejo o el polivalente Señor Liebre. Y en el fondo, subidos en un podium, los músicos, que no sólo crean una atmósfera festiva, que compite con un universo multicolor creado por los responsables de la puesta en escena, sino que en un momento determinado son señalados como artífices de este desaguisado.

Una adaptación inteligente de una historia muy difícil de contar a una sociedad que anda desorientada y a la que apenas le quedan fuerzas para defender, con energía, principios que hace una década parecían indestructibles. Hoy todos andan preocupados por el desapego de los jóvenes de unos medios que han desistido de defender sus propios principios, los que sean, y confrontarlos con los de los demás. Como señala en un momento determinado Chema, el teatro sigue vivo, no es una foto fija, y puede ir adaptando sus propuestas a sus propias reflexiones. Yo acabo de aventurar la mía, lo que esta obra me ha transmitido en este momento crucial, ya fueran sensaciones muy agradables que se traducen en momentos muy divertidos, ya se trate de  preocupaciones menos gratas, un ejercicio que Cardeña, como buen comediante, sabe hacer. De nuevo damos la enhorabuena a toda la compañía que nos ha regalado un poquito de felicidad para terminar el año, pero también nos ha invitado a reflexionar sobre lo que nos preocupa.


El guión y la dirección de este 'cuento para adultos' corren a cargo de Chema Cardeña, que cuenta, como es habitual en este espectáculo que cierra el año, con actores de la talla de Iria Márquez, una joven dramaturga que no debemos perder de vista, en el papel de Alicia,  José Doménech, interpretando al 'Sombrerero Loco', Rosa López, como la Dama Roja, Miguel Machado, el Gato de Chelsea, Dario Torrent, como el Señor Liebre, Raquel Ortells, Condesa argentina,  y Jaime Vicedo,  en el papel de Blanco Conejo. Compartiendo escenario, los músicos David Campillos (bajo), Johnny B.Zero (guitarra y voz) y José Montoro (batería), que interpretan clásicos del rock, como Lucy in the Sky  Diamonds (The Beatles), Billie Jean (Michael Jackson), o Black is Black (Los Bravos), entre otras, creando la atmósfera que anima una puesta en escena caracterizada por el color  y el buen gusto.

Comentarios