1917. Sam Mendes. Crítica





LA TEXTURA DE LA GUERRA. EL HOMBRE EN PROCESO DE CONVERTIRSE EN POLVO E INTEGRARSE EN UNA TIERRA HOLLADA Y VIOLADA POR LAS TRINCHERAS DE LA MUERTE.


Ficha técnica, sinopsis, premios, lo que se dice. (Pinchad aquí)



Crítica:


Sam Mendes ha encontrado el lenguaje adecuado para el tema elegido, basado en la experiencia como mensajero de su abuelo, Alfred Hubert Mendes, un novelista del "Grupo Beacon", en la Primera Guerra Mundial en la que se excavaron trincheras a gran escala, casi en los mismos escenarios en los que César construyó su imperio, la primera Europa-unida-a-la-fuerza, con la azada, -sus famosas fortificaciones-, más que con la espada. Estas trincheras tuvieron como resultado la estabilización de los frentes que derivó en la guerra de posiciones estables que buscaban el desgaste del enemigo. "Los soldados mantenían su posición durante semanas o meses, sin poder avanzar ni huir del campo de batalla" es el título de un artículo que publicó el diario 'La Vanguardia', escrito por Elisabet Claus el 6 de Noviembre de 2018 y publicado en el periódico el  7 de Noviembre de 2019.

Estas líneas que se extienden serpenteantes hacia el horizonte son el escenario de la epopeya de dos soldados shakesperianos, que como Rosencrantz y Guildenstern inician una mortal travesía, no detrás de Hamlet, sino en busca del hermano de uno de ellos, el del Teniente Joseph Blake, interpretado por  Richard Madden, y con el objetivo de  evitar una emboscada que los alemanes preparan contra 1600 hombres  del bando aliado.  Cuando el Cabo Schofield queda solo, su historia enlaza con la que Mendes recibió oralmente de su antepasado. Dos hombres primero, uno solo después recorriendo la fúnebre falla excavada como construida por quienes preparan su propia tumba, abrazados a las fotografías de sus seres queridos, especialmente la madre, la esposa y los hijos, construyen un relato tan filiforme como el teatro de su expedición. Un gran plano secuencia, parafraseando al director, quizá real solo en apariencia, hilvanado con una edición invisible, en el que no hay entradas ni salidas de campo, ni planos-contraplanos, a no ser los impuestos saltos de eje que fragmentan esta linealidad, obliga al espectador a seguir la marcha constante en pro del objetivo de los protagonistas. 

Pero también como espectadores sentimos el aliento de Christopher Nolan en Dunkerque, que sustituye al enemigo y hace presente el riesgo inminente de los héroes por medio de un escore musical convertido en elemento narrativo, si bien aquí algunos soldados alemanes, contemplados como adversarios del que cuenta la historia, jalonan los escasos obstáculos que interrumpen la marcha de los héroes, uno de los cuales cambia una medalla por una botella de vino, una sustancia más necesaria para su vida que la innecesaria condecoración. La producción de Amblin Partners, la  compañía dirigida por Steven Spielberg no pasa desapercibida para el amante del cine.

Pero si algo amilana y acongoja al espectador es el verse obligado a sumergirse en la textura de la guerra, una amalgama de espinos, sangre, fango, cadáveres en descomposición, ratas comiendo lo que resta de los seres humanos que se amontonan en las trincheras, -convertidas en verdaderas trampas de naturaleza explosiva -, o fuera de ellas, en charcos putrefactos en los que conviven todos los fluidos posibles y en los que se infectan las heridas de quienes están obligados a desplazarse arrastrándose como animales anfibios. Esta urdimbre repugnante y no otra cosa es la guerra, en la que el público sólo es un espectador invitado a tan terrible espectáculo, un observador privilegiado sentado a una mesa en la que destacan los testimonios de que allí conviven con la tierra que acabará absorbiéndolos muchos jóvenes que tienen padres, hermanos y algunos de ellos también hijos, fotografías manchadas con sangre de sus mortales heridas.

Un film que bien merece, por el riesgo que asume al mostrar de forma tan cruel el destino final de todos nosotros, - el más universal de los temas -, el galardón de la Academia de Cine de Estados Unidos. Se pasa un mal rato, pero es una buena vacuna.






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