El oficial y el espía. Roman Polanski. Ficha técnica



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DESDE EL IN DUBIO PRO REO DE LA REPÚBLICA ROMANA AL LINCHAMIENTO DE LAS MASAS  ACTUAL.


Ficha técnica:


Título original: El oficial y el espía
País: Francia. Co-producción Francia/Italia
Año: 2019
Duración: 126 minutos
Género: Drama histórico

Dirección: Roman Polanski
Guión: Roman Polanski, basado en la novela de Robert Harris
Casting: Michael Laguens
Dirección de Fotografía: Pawel Edelman
Música: Alexandre Desplat
Edición: Hervé de Luze
Dirección artística: Dominique Moisán

Diseño de vestuario: Pascaline Chavanne
Responsable de maquillaje: Vesna Peborde
Estilistas de peluquería: Géraldine Lemaire, Joran Muratori

Productores: Alain Goldman
Productores ejecutivos: Roman Abramovich, Ivano Fachin, Costantino Margiotta, Kasia Nabialczyk, Lukasz Raczinsky, Zbiegniew John Rackzynski
Diseño de producción: Jean Rabasse
Compañías productoras: Gaumont, Légende Films, Canal +, Eliseo Cinema, France2, France3, RAI Cinema


Intérpretes:


Jean Dujardin: Coronal Georges Picquart,
Louis Garrel: Alfred Dreyfus,
Emmanuelle Seigner: Pauline Monnier,
Grégory Gadebois: Henry,
Hervé Pierre: General Gonse,
Wladimir Yordanoff: General Mercier,
Didier Sandre: General Boisdeffre,
Melvil Poupaud: Ministro de Trabajo,
Eric Ruf: Sandherre,
Mathieu Amalric: Bertillon,
...

Sinopsis:



En 1894, el capitán francés Alfred Dreyfus, un joven oficial judío, es acusado de traición por espiar para Alemania y condenado a cadena perpetua en la Isla del Diablo, en la Guayana Francesa. Entre los testigos que hicieron posible esta humillación se encuentra el coronel Georges Picquart, encargado de liderar la unidad de contrainteligencia que descubrió al espía. Pero cuando Picquart se entera de que se siguen pasando secretos militares a los alemanes, se adentrará en un peligroso laberinto de mentiras y corrupción, poniendo en peligro su honor y su vida.



Lo que se dice:



El film ha sido muy bien valorado por la prensa, una realidad que refleja la página española Filmaffinity, que ofrece una nota media de 7, basada en 825 votos; Imdb eleva ligeramente esta nota hasta 7,3, con una escasa participación del público: 2,332 usuarios, un país al que el cineasta no puede entrar por ser considerado un huido de la justicia, por unos hechos que todos conocen, más o menos.

Hace un buen análisis Victor Esquirol cuando afirma que Polanski se muestra solvente en la narración de unos hechos, basada en una narración detallista de los hechos y una búsqueda constante de la verdad, como veremos en nuestro análisis (Filmaffinity); Un relato más racional y propio de otros tiempos que emocional (Carlos Boyero, Diario 'El País'); el más enfermizo monumento al egocentrismo (Luís Martínez, Diario 'El Mundo'); Muy bien filmada, narrada e interpretada (Oti Rodríguez Marchante, Diario 'ABC'); obra rigurosa y severa ; cine de antaño y del bueno (Tommaso Koch, Diario 'El País'); una película falta de energía )Nando Salvá, Diario 'El Periódico'); película insuficiente porque Polanski cree que va sobre él (Owen Gleiberman, Variety); pieza de artesanía sólida y bien tallada (Xan Brooks, The Guardian)...


Crítica:



Hay dos cuestiones previas a cualquier análisis de esta obra concreta: la sombra de los antecedentes del autor en Estados Unidos, un país en el que se le acusa de abusos sexuales  y en el que perdió a su esposa y al hijo que esperaban ambos de la forma más terrorífica, hechos que dan forma al fantasma que ha sobrevolado muchas de las críticas hasta el extremo de pretender enmendarle la plana al creador de este relato cinematográfico y funcionar como su alter ego perverso. Esta es la trampa en la que cae Owen Gleiberman cuando afirma que quizá Polanski cree que trata sobre él . ¿Sabrá un autor de qué habla? Si hay posibilidad de establecer este paralelismo, lo cierto es que la historia que construye es triste, desoladora y privada de toda esperanza,construida con un lenguaje cinematográfico austero, pragmático, orientado a dejar bien claro algo que la historia se ha encargado de embrollar de tal manera que muchos espectadores no sólo ignoran quién fue ese tal Alfred Dreyfus y por qué se jugó su propia libertad por defenderlo el célebre escritor francés Emile Zola, que desde el Diario L'Aurore, hizo un alegato en forma de una carta al Presidente de la República, encabezado por el título 'Yo acuso', y precedido por varios artículos presididos por una frase lapidaria : 'La verdad está en camino y nadie la detendrá'. Estaba equivocado: ni la verdad estaba en marcha, y los tribunales la detuvieron no una sino tres veces. La reacción fue tan virulenta que Zola se tuvo que exiliar a Londres, donde vivió en la clandestinidad; le embargaron sus bienes y fue acosado por la prensa más influyente, cuando regresó a su país en 1899. Finalmente fue asesinado (uno de los abogados del militar judío sufrió también un atentado grave), y no consiguió reivindicar a Dreyfus, que no fue rehabilitado, sino amnistiado,  hasta 1906. Uno y otro padecieron los primeros pogromos (linchamiento multitudinario de masas antisemitas, con rotura de cristales y quema de los artículos de Zola), aunque nadie podía predecir entonces que eran un anticipo de las dos grandes guerras mundiales que asolaron a Europa en la primera mitad del siglo XX; masas inconscientes de que se estaba gestando el huevo de la serpiente, que ellas mismas lo estaban fecundando y ni siquiera sospechaban lo que se les venía encima.

Soy incapaz de dilucidar si Polanski quería establecer un paralelismo entre Zola y Dreyfus y él mismo (afirma que es una conexión aberrante), pero es evidente que, no sólo Venecia ha perdonado los pecados del director, sino que su máxima acusadora, la Presidente del Jurado, Lucrecia Martel, afirmó en su momento que no iba a asistir a la proyección de la gala del señor Polanski, porque ella representa a muchas mujeres argentinas que luchan por cuestiones como ésta, y no estaba dispuesta a levantarse para aplaudirle, pero que le parecía acertado que se viera en el Festival y que haya diálogo sobre estos asuntos. No queda claro a qué asuntos se refiere, si a lo que denuncia en este caso histórico, el cómo se teje una difamación cuando hay un clima apropiado y masas susceptibles de comprar esta mentira, o si se refiere a que el mundo hable del tema concreto que atañe al director, especialmente cundo afirma que no separa al hombre de su obra.¿Qué hace en el film Polanski? Pierde deliberadamente mucho tiempo en insistir sobre la carga de la prueba contra Dreyfys, un documento, uno solo, (hablando de él o mostrándolo en imágenes), que forma el memorandum que justifica que a un hombre se le condene a la soledad más absoluta en el extremo opuesto de su patria, en las costas del Océano Atlántico, a 11 km de la Costa de la Guayana Francesa, en la Isla del Diablo. Una decisión de un tribunal que ha sido denominada "crimen judicial" por historiadores posteriores, que cometieron diferentes tribunales, que nunca reconocieron su error, un caso que reveló la existencia de amplios sectores, apoyados por una prensa influyente, ultranacionalistas y antisemitas, que dividió a la sociedad francesa en dreyfusards y antidreyfusards. Así pues, concluida la primera parte del film, ningún espectador duda de la debilidad de las pruebas, que impiden denominar la actitud de los jueces y jerarquías militares como un error, (incluido el suicidio de un falseador de documentos), así como del expediente secreto en torno al tema, tan ralo e insignificante como el memorandum. Comienza una segunda parte, la búsqueda desesperanzada de la absolución, la catarsis de la víctima y el castigo de los victimarios, ya que de la inocencia del reo y de la verdad que esconde la falsa  acusación de culpabilidad el realizador-guionista, basado en el texto Robert Harris,  narrador, erigido en deux-es-machina de su propia historia, la que nos quiere contar, no duda. Polanski, al que vemos, discretamente mezclado con otros personajes en un plano poco nítido, un casi nonagenario, es perfectamente conocedor de que su destino está decidido, que esté o no esté ligado al de estos personajes históricos, jamás será reivindicado por nadie, a no ser por su propia esposa, Emmanuelle Signé y algunos colaboradores; que el tiempo se le acaba y que jamás, mientras viva, recuperará su buen nombre, como no lo consiguieron ni Dreyfus ni Zola, el primero asesinado, el segundo rehabilitado desde la culpabilidad, perdonado por miembros de unas instancias superiores 'generosas' que nunca reconocieron su 'error', le 'perdonaron la vida' pero le negaron los ascensos de los que hubiera disfrutado si no se hubiera interrumpido prematuramente su carrera; una decisión que insistía en su culpa. Ignoraba que, de haber vivido unos años más, quizá hubiera perdido también la vida junto a millones de judíos en una 'solución final ', llevada a cabo por los mismos que había imaginado un mundo ideal, regido por una raza pura (Polanski habla de esto ya), cuando sabían que iban a perder la guerra.

De nuevo, en este film, su autor, como antes han hecho otros como Verneuil en 'Io come Icaro', se inspira, de forma consciente o inconsciente, en las experiencias de sumisión a la autoridad que se llevaron a cabo en la Universidad de Yale entre 1960 y 1963 por el profesor Stanley Milgram, coincidiendo en el tiempo con el juicio de Adolf Eichmann, y la aparición del libro de Hannah Arendt 'Eichmann en Jerusalén', que formulaba la doctrina de la banalidad del mal; Milgram estudió la capacidad de obediencia del hombre y su sometimiento a la autoridad, mediante un sistema de educación inductiva que usaba el castigo como metodología de enseñanza. El hombre inducido aplica códigos de castigo irritantes, simplemente porque ha recibido la orden, pero sufre un conflicto emocional y sólo rompiendo con el poder puede alcanzar de nuevo el equilibrio; pero, si se acepta el principio de autoridad, el sujeto se desentiende de cualquier responsabilidad. Sólo si hay desacuerdo entre los que ejercen la autoridad, se debilita la obediencia, lo que explica el cierre de filas de todos los implicados en el Affaire Dreyfus, a pesar de ser conscientes de que estaban condenando a un inocente. Cada uno de los participantes no es consciente del acto final: desde los primeros manifestantes ruidosos y exigentes de castigos para el traidor que aparecen en la primera secuencia del film y jalean a los militares mientras degradan a Dreyfus, pasando por los militares que saben que mienten y los jueces que les dan cobertura; todos ellos son incapaces de aceptar que están alimentando el gigantesco huevo de la serpiente de que habla Bergman que se los acabará tragando, con independencia de qué lado estén. Este terrible mensaje,emitido por un hombre que está a punto de cumplir 90 años, llega nítido a los espectadores, del mismo modo que Christopher Nolan mostró como nadie lo que había ocurrido en las playas de Dunkerque, en la que los verdugos habían sido sustituidos por una banda sonora muy inquietante, a cargo de Alexandre Desplat. Morir con esa falta de esperanza es lo peor que nos puede pasar; nunca nadie nos había contado la historia de Dreyfus de esta manera, si bien me siento incapaz de entender las razones del realizador polaco. El caso cambió el poder de manos y el héroe nacional Marie-George Picquart acabó presidiendo un ministerio, pero la injusticia que sufrió Dreyfus jamás fue reconocida por nadie, excepto el propio Picquart  y el asesinado Zol

Carlos Boyero da en el clavo cuando tacha el film de reflexivo y no emocional. Esta es la razón que puede haber inclinado a muchos a pensar que el film es un legado del autor que siente que su tiempo se acaba, un intento de justificarse ante la sociedad, más que el deseo lógico de un creador de su talento de embelesar o divertir a su público. Una película muy triste.

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