El escándalo. Jay Roach. Crítica.






EL DERECHO DE PERNADA, UNA NUEVA CLÁUSULA DEL PACTO DE LEALTAD





Ficha técnica, sinopsis, premios, lo que se dice (Pinchad aquí)


Comenzábamos nuestra evocación del post que escribimos en 2015 sobre otro film de Jay Roach, Austin Powers: Misterioso agente internacional, un film que inauguraba una saga cuya función era cuestionar, parodiando, el fetiche masculinista de los agentes especiales, en particular los que estaban al servicio de Su Majestad Británica, por un rey de la comedia norteamericana, que empezó a ponerse muy serio en 2015 con Trumbo, el guionista de 'Vacaciones en Roma', película dirigida por William Wyler, oculto bajo la firma de Ian McLellan Hunter, puesto que había sido acusado de comunista y era perseguido por el Comité de Actividades Norteamericanas,  diciendo que se está convirtiendo en tradición el que grandes directores de este género, que se asocia con el entretenimiento por su propia naturaleza, realicen importantes dramas, sean nominados por la Academia de Cine Norteamericana y además consigan un Oscar; una cuestión que como mínimo nos debía hacer reflexionar. Este es el caso de Peter Farrelly con Green Book, de Todd Phillips con Joker, o del mismo Jay Roach con 'El escándalo'. Mientras, cineastas muy valorados en el pasado, y que han dejado obras importantes, evolucionaban hacia un cine pre-científico, en pos de un diálogo con un dios que los defraudaba, en cuya búsqueda optaban por un lirismo metafísico y un existencialismo religioso, como ha ocurrido con Terrence Malick que ha decidido rezar un rosario, parando en cada una de sus estaciones, en su último film de casi tres horas de duración, 'Vida  oculta', del que hablaremos en otro post, con un background,  un subtexto que atraviesa el film de principio al final de su película y la de Roach y denuncia la decadencia del sistema que surgió de la Revolución Francesa: ni el nazismo y su búsqueda de la eugenesis, ni la vuelta a la Edad Media  y el derecho de pernada hubieran sido posibles si una parte importante de la población, que gana elecciones, no se hubiera mostrado a favor del nacionalismo más excluyente, del derecho de la población a portar armas largas (la periodista  Gretchen Carlson, interpretada por Nicole Kidman defiende la legalidad de las armas cortas como mal menor), la confusión del abuso con la lealtad, o la defensa de tuits publicados por candidatos a conquistar la más alta candidatura de un país que ofenden gravemente a quienes contradicen sus opiniones, a sus adversarios, apoyados en el dinero y el poder que los convierte en invulnerables. Esta parte importante de la población, apenas consciente de su responsabilidad que aun en el peor de los casos, como fueron los Juicios de Nüremberg, en los que se procesó a 24 dirigentes supervivientes, llega a ser consciente de los crímenes que se cometen con su colaboración, una realidad que llevó a Hannah Arendt a hablar de la banalidad del mal, lo que la enfrentó con su propio pueblo judío, al plantearla como atenuante.

El escándalo que narra Jay Roach hizo caer en 2016 a parte de la cúpula de Fox News, canal de noticias estadounidense por suscripción, que pertenece al Grupo Murdoch, que comprende medios como The Sun y News of the World en Reino Unido e Irlanda  y el británico Times, y cuyo principal accionista es Rupert Murdoch. El lenguaje utilizado, la edición y su forma de cohesionar el texto audiovisual y darle coherencia tiene mucho que ver con la televisión, su inmediatez, la exigencia de las masas de ver en la pequeña pantalla mujeres jóvenes, guapas y atractivas (no hace falta irse a Estados Unidos, en España hay alguna cadena que une en el mismo programa a matrimonios, en los cuales ellas aparecen esclavizadas, subidas en zapatos de tacón que parecen zancos, ajustadas, maquilladas, atractivas, contrastando con ellos que parecen seguir el viejo eslogan de que 'el hombre y el oso cuanto más feo más hermoso'. Constatamos este hecho, sin entrar a valorar otros programas que cosifican de forma exagerada a las mujeres y, últimamente, también a los hombres, que convierten su cuerpo en maniquíes de body-art y llevan ropas tan ajustadas como ellas, mostrando un cultivo exagerado del cuerpo. Los telespectadores que exigen, -mediante el uso de su mando a distancia -,  esta cosificación no se hacen responsables de sus consecuencias, lo que hace preguntarse a las mujeres que deciden, derrotadas en sus lógicas aspiraciones de progresar en la profesión que han elegido e incluso en sus ideales políticos, en este caso republicanos, que han recibido como herencia familiar, qué han dicho, cómo se han comportado, que han podido hacer para contribuir a esta confusión, pasando por alto otras concesiones a los jef@s como justificarse por comer sushis japoneses o kebabs turcos, un gesto que traiciona al o la comunista que llevan en su interior. Lo que está podrido, tanto o más que Ailes, es el sistema, dice Javier Ocaña, lo que confirma nuestra percepción. El amparado por el miedo, la desigualdad y el dinero y el terror a no prosperar, perder lo que ha alcanzado con cesiones ominosas o quedar marcada para siempre, la llamada por el crítico 'letra escarlata del siglo XXI', son obstáculos que impiden que muchos de estos casos en grandes empresas de todo tipo salgan a la luz. El último tramo del film en el que la única periodista lesbiana en un medio republicano vuelve a exhibir la fotografía en la que posa con una novia y rápidamente la mete de nuevo en el cajón, tan pronto como Rupert Murdoch, que sustituye a Roger Ailes, manifiesta su naturaleza represora, acaba con todas las esperanzas de aquellos trabajadores y trabajadoras que habían puesto en la destitución de los viejos delincuentes.

Un film en que las dos más mayores, Charlize Theron y Nicole Kidman, que rozan la cincuentena, por lo que deben soportar que sus detractores en twitter, en este caso republicanos, dirigentes, votantes y simpatizantes, hablen más de su regla que de sus ideales, están caracterizadas como las réplicas de las protagonistas reales ¿virtualmente o con maquillaje especial?, como puede observarse en la fotografía que algunos medios incluyen del día del estreno, que podéis ver en Telva, con el objetivo de aproximar su rostro al de las mujeres que emulan. Margot Robbie , que tiene todavía 29 años, no es objeto de esos retoques  que evoquen a la joven Kayla Pospisil. La sublevación de estas mujeres, que yo no llamaría feminista, sino una reacción propia de las  víctimas que se rebelan frente a un abuso constante, (algunos hombres también los han sufrido, y hay casos abiertos importantes) se hace ante las cámaras, y los hombres envejecidos (Roger Ailes se queja abiertamente de que él no fue siempre viejo, y en otros tiempos no necesitó chantajear a las mujeres), que valoran más su prestigio que el dinero, que poseen en abundancia, llegan una situación en la que la historia que intentan representar ya no vende; la que compran los usuarios es la de las mujeres, cuyo show había acabado desplazando al slogan machista de Fox News: "Piensa en algo que de miedo a tus abuelas y cabree a tus abuelos". Quien había propuesto debates abierto ante las cámaras, había resultado víctima de una propuesta que creía ventajosa para sus intereses y los de sus allegados. Es dudoso hasta qué punto beneficia este escándalo a todas las mujeres, porque las que no tienen ni atractivo ni posibilidades por carecer además de formación, se quedan al margen de estas guerras, y es más que dudoso que el escándalo protagonizado por 24, 25 o 26 mujeres haya animado a todas las que han ascendido de esta manera a plantear denuncias e iniciar procedimientos que pueden perder ('La historia se da primero como drama y luego como farsa, decía Marx) ; Kayla Pospisil  juega a seducir al jefe (se pone un traje provocativo el día que decide abordar a su secretaria y entrar en su despacho), pero ignora el duro recorrido que hay entre cautivar y fascinar al lascivo empresario y someterse a sus caprichos sexuales. Cuando tenga que sufrir esta tragedia cargará la responsabilidad sobre las que la precedieron y callaron, aunque finalmente adopte la postura más coherente y digna.

Un film que hay que ver y que muestra el largo camino que la mujer ha recorrido desde Mary Wollstonecraft, la sufragista inglesa Emmelyne Pankhurst, Simone de Beuvoir, las académicas norteamericanas (Gayla Rubin, Laura Mulvey, Teresa de Lauretis...), y tantas mujeres anónimas de las diferentes olas feministas que han protagonizado la única revolución triunfante de la humanidad, aunque la película nos muestra que quedan zonas sórdidas en las que es muy difícil penetrar, en las que laten trepas machistas de traje y corbata, depredadores sexuales, esposas sumisas y mujeres ambiciosas. Un nido de la serpiente que es  difícil detectar y mucho más desarticular, y que convirtió a estas mujeres que contempla Jay Roach en su película en unas heroínas que pusieron en riesgo su bienestar y el de sus familias. Frente a ellas hay otras luchadoras como Norma Rae, (Martin Ritt, 1979), cuyo hundimiento físico, laboral y vital era tal que no tenían nada que perder y mucho que ganar, al menos en su formación como seres humanos libres e independientes. Una historia que podía haber firmado Ken Loach. Mujeres así abundan por doquier, pero no han levantado ni de lejos la polvareda que han protagonizado Megyn Kely, Gretchen Carlson o Kayla Pospisil, cuya rebelión, por la popularidad que les ha dado la televisión, es probable que tenga repercusiones de mucha mayor repercusión social, y Jay Roach hace un gran favor a la humanidad al contarle una historia desdibujada que ahora entra en el imaginario colectivo. La vida es así de injusta.

Charlize Theron es la nominada para recibir el Oscar de la Academia a la mejor actriz, aunque el papel que desempeñan Nicole Kidman y Margot Robbie no les va a la zaga. Esta noche se podrá comprobar la reacción de la Academia muy positiva con estos directores de comedia transformados en grandes gestores de dramas sociales de la actualidad.

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