Azali. Kwabena Gyansha. Crítica



UNA MUJER EN GHANA, VISTA POR UN HOMBRE





Ficha técnica, sinopsis, lo que se dice (Pinchad aquí).



La protagonista de 'Azali' es una adolescente de 14 años del Norte de Ghana, Amina (Asana Alhassan), lo que necesariamente condiciona al espectador y lo sitúa en posición de tener que reflexionar acerca de las condiciones materiales, psicológicas, sociales e incluso ideológicas en que se forma y se desarrolla una mujer tan pronto como sus ascendientes, abuela y madre, toman las riendas de su vida,  que comienza por la ablación de la chica y la decisión de casarla con un hombre mayor, lo que favorece su huida de casa con la ayuda de una madre que empieza a tomar conciencia. Las decisión de Joan (Ama K.Abrebese), que suponen un enfrentamiento a su propia ascendiente, tiene una consecuencia no deseada y ni siquiera conocida, la venta de su hija, la huida a la capital, Acra, y su caída en la prostitución, de consecuencias terribles que se ponen de manifiesto en un giro final que sitúa el relato en el terreno de las tragedias griegas.

Lo que hace el film más interesante es el que la historia está narrada por un ghanés, Kwabena Gyansha, que sin narrarlo con palabras, nos habla de la colonización inglesa, que se hizo en la zona  con la ayuda de los Países Bajos y luchando a codazos con portugueses, españoles, daneses y suecos,, Su forma es brillante y muy clarificadora: Amina, una joven que carece de todo, excepto de telas de diversos colores para cubrir su bello rostro de adolescente, es una joven bilingüe que domina la lengua propia y la del invasor. Cuando llega a la capital, Acra, en compañía de unos jóvenes que huyen del lugar de acogida donde quedan retenidos tras su venta, ignorada por sus progenitores, que creen que los están ayudando, se encuentra con una población cuya lengua dominante es el inglés, una lengua que, junta a la de los aborígenes ha aprendido desde niña. 

Ilustra al espectador occidental la llegada de este grupo de chicos y chicas a la capital, en la que hay fincas altas, -sería exagerado hablar de rascacielos -, muchas de ellas exentas, comercios y calles asfaltadas, que provocan la admiración de quien procede de poblados que parecen propios del neolítico, si no fuera por los utensilios de plástico y algunas superficies de colores muy artificiales, con las que oscurecen las ventanas de su cabañas de barro. A medida que el autobús avanza hacia los suburbios de la ciudad, el paisaje se va tornando más sórdido y distópico,  aumenta el número de calles muy concurridas, con mercados populares, cuyos tenderetes se hacinan en calles flanqueadas por casas misérrimas por las que los más pobres pagan cantidades desmesuradas; mujeres que aparentan tener tanto poder como los hombres, más entretenidos en fumar hierba y jugar al fútbol en las calles, extraen a las más jóvenes el producto de un pesado trabajo de porteadoras, que llevan sobre sus cabezas, en enormes recipientes, la compra de las mujeres más pudientes. Las más necesitadas sólo disponen de un recurso: la prostitución, que les permite comer y vestir mejor.

Kwabena Gyansha aporta una mirada de feminismo de clase, en el que la injusticia se ceba en los más pobres, ya sean chicas, usadas para el placer sexual de los que controlan una mayor cantidad de dinero, ya sean chicos, que pueden morir en la calle cuando los más machos de la ciudad deciden que merece una muerte cruel, primero apalizados y definitivamente quemados, sin que nadie se apiade de ellos. Un ghanés nos cuenta, en definitiva, cómo es la sociedad en la que por suerte le ha tocado nacer y, si no malvivir, -no hay información del cineasta, para el que Azali es su opera prima -, sí ser testigo de qué puede empujar a ciertos africanos a cruzar el mar en una patera. Un film muy interesante, bien ejecutado e interpretado,  que se puede ver en Netflix.





Comentarios

  1. Recién terminé de verla y si... muy buena, una historia muy bien lograda que refleja el diario vivir de millones de personas en el continente africano

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