Los sin nombre. Jaume Balagueró. Ficha técnica y crítica.



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LO MALO DEL MAL INFINITO ES QUE ES TAN MALO QUE PUEDE VOLVERSE CONTRA EL QUE LO PROVOCA.


Ficha técnica:


Título original: Los sin nombre
País: España
Año: 1999
Duración: 102 minutos

Dirección: Jaume Balagueró
Guión: Jaume Balagueró, basado en la novela de Ramsey Campbell
Dirección de Fotografía: Xavi Jiménez
Música: Carles Cases
Edición: Luís de la Madrid
Dirección artística: Matias Tikas

Diseño de Vestuario: Carmen González
Jefe de Departamento de maquillaje: Alma Casal
Estilista de peluquería: Patricia López

Productores asociados: Jaume Balagueró, Carlos Fernández, Julio Fernández
Productor ejecutivo: Joan Ginard
Compañías productoras: Sogedasa, Joan Ginard P.C., Filmax S.A.


Intérpretes:


Emma Vilarasau: Claudia,
Karra Elejalde: Massera,
Tristán Ulloa: Quiroga,
Toni Sevilla: Franco,
Brendan Price: Marc,
Jordi Dauder:Forense,
Nuria Cano: Policía,
Isabel Ampudia: Secretaria,
Carles Punyet: Jefe,
Manel Bronchud: Doctor Bolggen
Jessica del Pozo: Angela,
...


Sinopsis:



Cinco años después del asesinato de una niña, cuando su madre parecía haber empezado a estabilizarse, una llamada telefónica vuelve a sacudir su existencia: "Mamá, soy yo...Ven a buscarme". Ayudada por un periodista experto en temas de ocultismo, la madre busca con terror la oscura verdad que ha permanecido oculta hasta el momento; un grupo de gente que se esconde, que rechaza su propio nombre, que conoce la ciencia empírica del mal, casas abandonadas y aisladas que esconden secretos: una trampa de una maldad abominable.


Lo que se dice:



El film ha sido avalado por la prensa y 11,948 usuarios en la página española Filmaffinity con una nota media de 6,0; Imdb rebaja, en contra de lo que es habitual esta  nota a 5,9, que demuestra, junto a la participación muy escasa, 6,909 usuarios, que el film, del que es responsable uno de los cineastas que abrió camino a nuevas formas de representación del género de terror, Jaume Balagueró. , no solo ha llamado escasamente la atención de la audiencia norteamericana que se refleja en los  índices de aceptación que recoge la página Rotten Tomatoes: un 20% de la prensa, basada en 20 reseñas, y un 41 % de los usuarios, que casi dobla la valoración de los rotativos, basada en la opinión de 2,387 lectores, que resulta absolutamente demoledora.

Los argumentos que dan las escasas reseñas periodísticas, entre ellas la de M.Torreiro (Diario El País) que si bien aporta una mirada inquietante, con talento, es un 'productor'  (término peyorativo, denunciado por Pedro Vallín en 'Me cago en Godard', que se aplica a los géneros, frente al debilitamiento del cine  denominado por la Nouvelle Vague como de autor, frente al crecimiento del prestigio del cine de los márgenes); una historia densa y aterradora, que crea una atmósfera densa, lograda, buen sentido de ritmo  y un manejo de las destrezas y tics del género...aunque su puesta en escena sea algo convencional (Omar Khan, Diario 'El País).


Crítica:


No cabe la menor duda de que Jaume Balagueró domina el género de terror, y  de que en su opera prima están ya algunas de las elecciones estilísticas que protagonizarán más de una de sus películas, entre ellas esas grabaciones que indican que allá donde vaya su personaje principal no está solo. Formalmente el film es clásico e incluso convencional, incluido el detalle de interponer algún actor secundario entre su cámara y lo que ocupa en ese momento el encuadre, que en algunos momentos de la historia del cine se interpretó como el complejo de inferioridad de cineastas de izquierdas que se ponían al frente de proyectos millonarios, como Bertolucci: constantes y discretos saltos de eje, bien sea para ayudar a diseñar su personaje o para contextualizar la acción, utilización de espejos que intentan indagar en el inconsciente de quien se ve reflejado en ellos, revelando, aunque sea en parte lo que esconde en su interior... Nada que, al menos en este título, lo defina como el autor en que acabará convirtiéndose.

Pero si algo resulta poco usual en su película, no es tanto la oscuridad y el mal rollo que despiertan unas cofias de monja y unos hábitos o los secretos e inaccesibles archivos de las Universidades Pontificias que esconden en sus entrañas la existencia de sectas de carácter pararreligioso internacional y esotérico y sus prácticas del horror. Y es, en este aspecto, en el que el relato se torna sinuoso, difícil de seguir y , como consecuencia, pierde efectividad y se desvanece la tensión.

Hay algo interesante, sin embargo, en su planteamiento. En estas organizaciones que buscan el relevo del estatus que pretenden derrocar, la síntesis del mal, la atrocidad final y otras tantas zarandajas de este estilo, lo importante no son quienes organizan el movimiento, sino los 'otros', los que no tienen  nombre y forman parte de masas amorfas capaces de hacer más daño que las mentes perversas que los han manipulado y que al final acaban convertidas en sus víctimas. Balagueró elucubra en torno a la posibilidad de aislar científicamente el mal, despojarlo de todos los prejuicios y hacer desaparecer todo lo que de humano hay en el hombre, preparando a sus huestes para el asalto final, y para ello recurre a una metáfora dura: "la mutilación" y la deformación mediante la tortura con el objetivo de llegar al mal tan absoluto que superare a la propia conciencia de su existencia.

En su contextualización histórica señala una sociedad ocultista, un modelo a seguir, la Sociedad Thule, que en su origen fue un Grupo de Estudio de la Antigüedad Alemana, una organización racista de Munich, creada por Rudolf von Sebottendorf, que patrocinó al Partido Obrero Alemán, al que Hitler, su Medium, transformó en el Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores. Algunos de los líderes de 'los sin nombre' sufrieron en los campos de exterminio nazi a causa de alguna malformación. Entre ellos el Doctor Bolggen, interpretado por Manel Bronchud, una circunstancia que confunde al espectador, cuya desorientación llega a su apogeo en la secuencia final.

Pero hay algo que sorprende bastante. El film que se puede ver en Netflix utiliza el término hembras para referirse a las recién nacidas en un periodo de tiempo  que debe ser analizado. Esta forma de designar a las mujeres (para referirse a los hombres no se habla de machos, sino de varones, si bien curiosamente no existe en español un vocablo equivalente e igual de respetuoso para nombrar a las mujeres), propia de los tiempos de la dictadura, que figuraba en los documentos de identidad, está desterrado en la actualidad. Es curioso que todavía exista quién (hombre o mujer, no lo sabemos) designe de este modo a las féminas.

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