Da 5 Bloods: Hermanos de armas. Spike Lee. Ficha técnica y crítica.



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TENEMOS UN VÍNCULO SOMOS HERMANOS...LUCHAMOS POR DERECHOS QUE NOSOTROS NO TENEMOS


Ficha técnica:


Título original: Da 5 bloods
País: Estados Unidos
Año: 2020
Duración: 154 minutos

Dirección: Spike Lee
Guión: Spike Lee, Kevin Willmott, basado en una historia de Danny Bilson, Paul de Meo
Casting: Kim Coleman CSA
Dirección de Fotografía: Newton Thomas Sigel, ASC
Música: Terence Blanchard; canciones de Marvin Gaye
Edición: Adam Gough

Diseño de Vestuario: Dona Berwick

Productores: Lloyd Levin, p.g.a., Beatriz Levin
Productores ejecutivos:Jonathan Filley, Barry Levine, Mike Bunlie
Diseño de producción: Wynn Thomas
Compañías productoras: 40 Acres and a Mule, Filmworks Productions, Rahway Road Productions


Intérpretes: 



Delroy Lindo: Paul,
Jonathan Majors: David, 
Clarke Peters: Otis,
Norm Lewis: Eddie,
Isiah Whitlock Jr.: Melvin,
Mélanie Thierry: Hedy,
Oaul Walter Hauser: Simon,
Jasper Pääkönnen: Seppo,
Johnny Tri Nguyen: Vinh
Lê yLan: Tiên,
Nguyen Engoc Lam: Quan,
Sandy Huong ham: Michon,
Jean Reno: Desroche,
Chadwick Woseman:Stormin'  Norman,
Van Veronica Ngo: Hanoi Hannah

Sinopsis:


Cuatro excombatientes afroamericanos —Paul (Delroy Lindo), Otis (Clarke Peters), Eddie (Norm Lewis) y Melvin (Isiah Whitlock, Jr.)— regresan a Vietnam en busca de los restos del jefe de su escuadrón, caído en combate (Chadwick Boseman), y la promesa del oro que encontraron para pagar a los enemigos del vietcong y  escondido en un lugar que todos conocían, y que, finalmente, tendrá el destino que Lee sueña para sus hermanos. Junto al hijo de Paul (Jonathan Majors), se enfrentarán a obstáculos naturales y humanos, y constatarán los estragos causados por la inmoralidad de la guerra de Vietnam.


Crítica:


Da la impresión de que algunos críticos quieren enmendar la plana a un  negro, un activista negro, un cineasta que desde sus comienzos no engañó a nadie y dejó muy claras sus intenciones en películas como 'Do the Right Thing' (Haz lo que debas, 1989), Mo' Better Blues' (Cuanto más, mejor, 1990)  o 'Jungle Fever' (Fiebre salvaje, 1991), del mismo modo que muchos gramáticos latinos quisieron corregir el análisis gramatical de clásicos como Quintiliano. El realizador nacido en Atlanta, se crió y educó. en la calle y en casa, en el barrio de Brooklyn, hoy gentrificado, una acción de urbanismo político con el objetivo de desplazar a los negros de un distrito al que separa (o une, según se mire) de Manhattan  el famoso puente sobre el río East, que lleva el nombre de la comunidad; una serpiente de cemento y acero que conecta el mundo de los negocios con el mundo del trabajo, que ha servido de contexto en las luchas obreras, incluso en sagas como la del Planeta de los Simios. De hecho, creó una productora, que está detrás de Da 5 Bloods, 40 Acres & A Mule, cuyo nombre es bastante significativo en relación con lo que estamos hablando. En 1865, terminada la Guerra de Secesión Americana, de carácter abolicionista, en los primeros años de una etapa que se llamó la 'Reconstrucción', el General Sherman emitió el Special Field Order 15, una ley que donaba 40 acres y una mula, de las que sobraron a los militares, a algunas familias negras liberadas en Georgia; tras el asesinato de Abraham Lincoln, que dio buena cuenta del cisma que existió y sigue existiendo en Estados Unidos entre yankis y confederados, Andrew Johnson, el decimoséptimo presidente de Estados Unidos, revocó esta orden y les quitó las tierras a los esclavos liberados y se las devolvió a sus antiguos propietarios.*

Así pues, nadie se puede llamar a engaño sobre Spike Lee, que, del mismo modo que Amenábar en su última película, 'Mientras dure la guerra', tiene claro que quien ha sufrido una contienda sabe que nunca se termina, sino que sólo varía de intensidad'. Si fuéramos conscientes de ello, sabríamos interpretar mejor nuestro presente y contestar a una pregunta ¿Ha terminado la guerra en Estados Unidos? Lee contrapone al lema de Trump (que figura en una gorra que ha hecho célebre su curioso presidente y lleva el personaje más significativo de la película), 'Haz Estados Unidos grande otra vez' al grito que recorre estos días Norteamérica: Black Live Matter, traducido como 'La vida de los negros importa', que introduce Lee como elemento narrativo en su relato, en el que incorpora un homenaje subliminal al único presidente-hermano de esta, al menos hasta ahora, gran nación: Barak Obama. Establecido el marco en el que vuelve su mirada al papel que jugó su pueblo, en la Guerra de Vietnam (cameo de Apocalypse Now de Stanley Kubrick), que, a pesar de que representa tan solo un 11 % de la población de Estados Unidos, llevado a la fuerza por comerciantes negreros desde América del Sur, tras ser secuestrados, siendo muy jóvenes, en las costas africanas (ver 'Cobra verde' de Werner Herzog), para sentar las bases económica del nacimiento de una nación, doblando sus lomos en los conocidos 'belts', fueron movilizados en una proporción desproporcionada (redundancia elegida) : un 30%, lo que les lleva a lamentarse de que luchan contra una realidad inmoral por unos derechos de los que carecen como colectivo. Spike Lee no cuenta un cuento moral, ni pretende que sus personajes sean un modelo de comportamiento ético acorde con los modelos construidos por el hombre blanco. No existe lo que la conductora de un programa de la SER, Angels Barceló llama, con satisfacción, 'normalidad atípica' ¿en qué modelo se inspira? ¿En el de las castas indias, un país en el que en los intocables duermen al raso? ¿en la vida de los habitantes de las 'Cañadas reales de Madrid? ¿En la de las urbanizaciones de lujo? La antigua normalidad tiene muy pocos nexos en común entre todas las culturas y el más importante es ese del que se priva a los parias indios,  la necesidad de los hombres de acercarse unos a otros, de tocarse, con independencia de su sexo, raza o condición, tanto para amarse como para matarse, y eso, de momento, parece difícil de recuperar, ya que los hombres se temen unos a otros.

Los personajes del director-activista son  individuos tan diversos como los de Coppola, si bien en la Norteamérica de Trump se les llama mata-bebés y corren riesgo incluso cuando acuden a las escuelas a cumplir con su función de enseñar; ahora,  en este momento, los negros añoran los tiempos de Martin Luther King, Malcolm X, Angela Davis, Marvin Gaye y tantos otros hombres notables, cuando había un black power que luchaba contra  el sistema que los esclavizaba primero y los segregaba después. Sus personajes son tan diversos como los formatos que estrechan, alargan o elevan las pantallas, ajustando los encuadres a la evolución de la tecnología (incluso hay alusiones a la actividad twitera  del Presidente y su afición a las fake News, que incluso están difundiendo la idea entre los abundantes terraplanistas sureños de que el asesinato de Floyd es un montaje cinematográfico), desde el inicio de la intervención de los americanos en la lucha contra el vietcong hasta el momento más actual, en el que los financieros, que funcionan como cuervos y colaboran en la creación de paraísos fiscales, actúan de testaferros en todos los frentes. Pero, como no podía ser de otra manera, un activista no es neutral, ni exige a su pueblo que sea absolutamente angelical y bondadosos; presenta hombres tan reales como los personajes que han creado los grandes cineastas de su país, especialmente en el cine negro tan admirado en Occidente. Muestra sus debilidades, sus traumas, y su sometimiento, como ocurre con cualquiera de nosotros, a una cosa tan impredecible como el destino, que decide hasta el fin de nuestras vidas. ¿Quién podía predecir un nuevo mundo como el que ha impuesto el covid-19? Paul, interpretado por Delroy Lindo, protagoniza una secuencia regida por esta idea.

Spike Lee conecta en esta película, como en ninguna otra con 'Hazlo que debas', cuando sus hermanos eran dueños de Brooklyn y 'Radio  Raheem' pateaba sus calles con su enorme transistor, escuchando a Public Enemy, mientras Love Daddy, Dj del barrio, interpretado por Samuel L.Jackson animaba a los vecinos en los días de canícula, cuando los niños se refrescaban con el agua abundante que salía de las bocas de riego, y los jóvenes acudían a la pizzeria de Sal (Danny Aiello), para quien trabajaba Mookie, interpretado por el propio Lee,  decorada con sus ídolos musicales blancos... El cine actual nos muestra el desempoderamiento y el despojo de sus derechos que ha sufrido la población negra del lugar. Quien decida ver este film en Netflix, una obra imprescindible, debe saber que, para disfrutar de la poesía de Spike Lee debe cambiar su propio chip, en la medida de sus posibilidades. El film termina con una advertencia de Martin Luther King: "Salvar el alma de Estados Unidos. Estábamos convencidos de que no podíamos limitarnos a ciertos derechos para los negros. En cambio, nos aseveramos en la convicción de que Estados Unidos nunca será libre, ni se salvará de sí mismo hasta quitar a los descendientes de sus esclavos los grilletes que aún llevan... El poeta negro de Harlem dijo:" Sí, lo digo sin ambages, para mí América nunca ha sido América, y, aún así, juro que América será ". 


La gran ventaja de Spike Lee es que ha preferido ser el rapsoda, el cantor de su pueblo y dejar la dirección de la política a quien corresponda. Y eso nadie se lo puede negar.









*Calvo J.M. "Cuarenta acre y una mula", diario 'El País', 4 de octubre de 2016.

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